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Miércoles , 26.09.2018 / 04:37 Hoy

Bernardo Domínguez, las dudas de una fortuna

El activo promotor editorial y de la construcción ha intervenido en proyectos que no han tenido un desarrollo claro, por lo que incluso ha sido investigado.

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Del empresario chihuahuense Bernardo Domínguez Cereceres comenzó a ocuparse la prensa y los corrillos de la industria editorial en 1999, cuando fue encarcelado por defraudación fiscal e investigado por la Procuraduría General de la República por los delitos de fraude procesal y abuso de confianza, litigio que salvó tras pagar una fianza por tratarse de un “delito menor”.

Un par de años después, el Patronato de la Biblioteca de México José Vasconcelos lo nombró su presidente; duró en el cargo unos cuantos meses, precisamente cuando se dio a conocer que había sido encarcelado y enfrentaba acusaciones de fraude.

Ha participado en publicaciones periódicas, a las que ha llegado para impulsarlas, pero las experiencias no han sido muy exitosas.

En 2001 Domínguez Cereceres fue accionista de la revista Paréntesis. Los socios de ésta, Luigi Amara y Aurelio Asiain, relataron a Reforma que el empresario se les acercó con la promesa de apoyar la publicación, lo que sucedió durante los primeros dos años. Pero cuando se convirtió en presidente del consejo de administración de la publicación hubo cambios radicales, al grado de llevarla a la quiebra.

Entonces Amara comentó: “Me queda la sensación de que le servimos de plataforma para relacionarse con intelectuales. Compró Editorial Jus gracias a que pudo conocer a gente que nosotros le presentamos”.

Editorial Jus tuvo un renacimiento cuando la adquirió Domínguez en 2004. Sin muchas novedades, difundía el catálogo histórico del sello fundado en los años 40 del siglo pasado.

Domínguez dotó a Jus de más personal, de una librería en Donceles 66 y una revista, Conspiratio, bajo la dirección de Javier Sicilia.

Pese al esfuerzo, Jus no parecía estar entre los sellos con más ventas, a pesar de las actividades que se realizaban en su librería.

Domínguez suele llenarse de proyectos editoriales, justificar gastos por todos lados y abandonarlos; incluso se afirma que si alguno de sus colaboradores decide exigir pagos pendientes, llega a acusarlos de abuso de confianza para no cumplir, a sabiendas de que se trata de una demanda muy compleja.

Desde 2013 se empezó a hablar de una pequeña editorial, Malpaso, cuyo lanzamiento en México se dio en Donceles 66, poco más de ocho meses después de que nació en España.

Para comenzar esta aventura, Domínguez se hizo acompañar de dos personajes de la edición: Julián Viñuales y Malcolm Otero Barral. Pronto su “fisonomía editorial” fue integrada por muchos autores importantes: baste señalar que cuenta con los derechos en español de Bob Dylan.

De acuerdo con datos recopilados por El País, “Domínguez posee 100 por ciento de las acciones de la empresa, que cuenta con 3.6 millones de capital social y en 2015 declaró ventas por 659 mil euros, según el registro mercantil. Las mismas fuentes señalan que, este año, la editorial prevé vender entre 200 mil y 250 mil libros con unos ingresos de unos 5 millones, una cifras muy optimistas para el estado actual del sector en España”.

Además, el empresario ya compró otros sellos, como Los Libros del Lince, Dibbuks y Biblioteca Nueva de Clásicos, según reportó el medio español.

Constructor de relaciones

En 1983, Domínguez Cereceres creó su primera empresa, Consultores Financieros. En 1985, tras el sismo, fue el encargado de reconstruir la Casa Blanca, en Tepito. Creó el Grupo Empresarial DSC Servicios Constructivos cuatro años después, y tuvo un papel clave en la privatización de la infraestructura ferrocarrilera mexicana en 1995. En 1992 hizo se asoció con la empresa CubanaCan para la compra del hotel Tuxpan, de Varadero, para la cual destinó 15 millones de dólares.

En 2016, DSC se declaraba como un conglomerado de 87 empresas que ganaba aproximadamente 200 millones de dólares anuales en Latinoamérica y EU.

La prensa le sigue la pista a Domínguez Cereceres a partir del apoyo de 2.3 millones de euros que su padre, Bernardo Domínguez Moreno (fallecido en 2011), dio al también enjuiciado empresario catalán Jordi Pujol para construir en 2005 el hotel de lujo El Encanto, en Acapulco.

Tras dos años de financiar el hotel, Domínguez Moreno le prestó otros 4.1 millones de euros para entrar al negocio de los casinos, a cambio de recibir 20 por ciento de los beneficios. Ninguno de los proyectos fue exitoso, pero Pujol saldó su deuda con unos departamentos de diseño en Puebla.

Al empresario chihuahuense se le ha asociado con patrocinios de poder y fraudes. Como muestra, en 1990, Fonatur le facilitó créditos por 6 millones 650 mil dólares a la empresa Tropical Club de Ixtapa (perteneciente al chihuahuense) para adquirir el Hotel Qualton; sin embargo, por morosidad la institución inició en julio de 1993 un juicio ejecutivo mercantil.

El 9 de mayo de 2003, un juez autorizó al Fonatur para intervenir la caja de Tropical Club de Ixtapa, donde fueron descubiertos documentos que señalaban que, a pesar de estar embargado, Domínguez Cereceres trasladó de manera ilegal su administración a las empresas Hotelera Qualton y Tescor, ambas de su propiedad.

La deuda con Fonatur se estimaba en 14 millones de dólares por la suma de intereses y recargos en los años que han pasado.

Según nota de Network Information Center México, en mayo de 2004 fue creada la página www.panchobarrio.com.mx, en la que Domínguez quedó registrado como contacto administrativo, técnico y de pago. El sitio promovía a Francisco Barrio como aspirante a la candidatura del PAN a la Presidencia de la República.

Fue presidente del Patronato de la Biblioteca José Vasconcelos, el proyecto cultural más importante del sexenio de Vicente Fox, a quien, durante su campaña como candidato presidencial en 2000, le prestó su avión personal. El empresario se encargaba de reunir fondos para que el megaproyecto.

En 1994 Bernardo Domínguez Cereceres declaró a The New York Times: “Nuestra filosofía es comprar pequeñas empresas y hacerlas crecer”.

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