"Los bastardos de la uva", una apuesta por la literatura telúrica

En la revista “tratamos de alejarnos de los tópicos convencionales y azucarados”, explica su director, Ricardo Lugo Viñas.
Agradece el apoyo del Fonca para la continuidad del proyecto.
Agradece el apoyo del Fonca para la continuidad del proyecto. (Raúl Campos)

México

La bastardía, el trago, la calle y la irreverencia son el eje central de Los bastardos de la uva, revista literaria trimestral nacida a inicios de 2010 durante la hora feliz en lo más recóndito  de una infame cantina del centro capitalino. Allí, una caterva de borrachos, liderada por el escritor y editor Ricardo Lugo Viñas, decidieron apostar por la literatura honesta y conmovedora rechazada por el mainstream.

Tras sobrevivir, pese a ser una publicación poco comercial y a enfrentar la censura estatal, problemas económicos y la falta de una adecuada distribución, Los bastardos de la uva —nombrada así en honor al escritor John Fante y su novela La hermandad de la uva— celebra su quinto aniversario con la salida de su veinteava edición, así como su bienaventurada incursión en el ámbito del libro con Un hombre no patea perros heridos, de Susana Iglesias.

En entrevista con MILENIO, su director, Ricardo Lugo Viñas, afirma que, de no haber recibido la beca del Fonca Edmundo Valadés para las publicaciones independientes, no estarían donde ahora: “Hemos tenido la fortuna de que se nos diera en 2011, 2012 y 2014, pues es un gran apoyo que te permite centrarte meramente en la cuestión creativa. Estar becados nos permite publicar a placer, no temer si a la gente le va a gustar y que no se vaya a vender”.

“Al principio no teníamos idea de cómo hacerla, pero teníamos un chorro de gente que nos ayudaba. La idea siempre fue, y hasta ahora, publicar textos de autores con mucha trayectoria, así como brindar espacio para jóvenes que apenas comienzan. Ahora decidimos incursionar en el ámbito editorial porque la revista no nos basta para publicar a la gran cantidad de escritores que tenemos en la lista de espera”.

Define a los textos bastardos como escritos sinceros capaces de conmover al lector, hilarantes, irreverentes, que rompen con las estructuras preestablecidas, “que no quieran apantallar ni sorprender a nadie y, acaso, que hablen de alcohol, la calle o de los perros, aunque no es necesario. Tratamos de alejarnos de tópicos convencionales y azucarados, y simplemente publicamos las cosas telúricas, conmovedoras que, pensamos, levantarán a un lector de su asiento”.

Las cantinas, explica, son una institución cuya exploración vital permite a las personas ver una veta para las manifestaciones artísticas: “Allí se juntaron los grandes literatos y vieron que era un escenario propicio para el placer, la juerga y la sinceridad. Las cantinas de buena cepa son un gusto para nosotros, y la revista surgió en una de ellas. Creemos que son una institución importantísima que va a la debacle por nuestros gobiernos izquierdosos moralistas que se la pasan clausurándolas”.

“Con el número 20 cerramos cinco años de publicar la revista ininterrumpidamente. Vamos a hacer presentaciones, como en la Feria Internacional del Palacio de Minería el 24 de febrero. Esta publicación surgió como un ejercicio celebratorio, gozoso y amistoso, por lo que hay que vindicar eso, además de hacer lo necesario para que siga existiendo esta revista a la que nadie le interesa pero que se ha distinguido por publicar textos rechazados, esa peccata minuta que a nadie le importa”, concluye Lugo Viñas.