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Domingo , 24.06.2018 / 06:22 Hoy

Baryshnikov, bailarín perfecto cumple 70 años

La leyenda de la danza clásica se resiste a dejar los escenarios y tiene más proyectos.

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Hilda Ruiz Cervantes

Riga, en Lituania, un lugar del que un joven hidalgo un día quiso alejarse, figura en la historia de la danza como un sitio importante: ahí nació hace siete décadas el bailarín perfecto, Mijaíl Baryshnikov.

La referencia a la obra de Miguel de Cervantes surge porque es uno de los ballets que Misha, como es conocido, ejecutó tan magistralmente que se volvió un ejemplo para generaciones posteriores.

También porque dirigió en Don Quijote al mexicano Isaac Hernández, quien está nominado a los premios Benois de la Danse, los Oscar de la danza.

Sin embargo, el comienzo de esta leyenda fue difícil en la extinta URSS: Baryshnikov, nacido un 27 de enero, hijo de un militar ruso y de una costurera, comenzó a bailar a los nueve años; tras el suicidio de su madre, emigró a Leningrado en 1966; ahí entrenó con Alexander Pushkin, en el Instituto Coreográfico de Vaganova.

Sus aptitudes lo llevaron a debutar un año después con el Kirov, compañía de más prestigio de la Unión Soviética, donde según consta en biografías, se saltó la etapa de entrenamiento.

A los 18 años, era un bailarín destacado y en 1969 figuraba ya como “premier danseur noble” de la compañía. Con su carisma y asombrosos saltos, Misha acaparó los reflectores del mundo.

En 1974, desertó de la URSS durante una gira por Toronto. Sobre esto, declaró a la revista New Statesman: “Yo soy individualista y no es un crimen”.

Luego, se integró al American Ballet Theatre (ABT), en Estados Unidos. “El público acudía en masa a ver su impecable técnica y precisión”, reportó en esos años el Newsweek. Incluso, Clive Barnes, el todopoderoso crítico de arte del New York Times, le dio al ruso el calificativo del “bailarín más perfecto que había visto”.

Baryshnikov dejó en 1978 la ABT para integrarse al Ballet de la Ciudad de Nueva York. En esa época, obtuvo dos premios Emmy. Su trabajo con la NYCB fue breve, pues retornó a la ABT como director artístico en 1980.

La fama lo llevó al séptimo arte, donde fue nominado al Oscar como mejor actor secundario por su actuación en The turning point (1977). Otra de las cintas en las que actuó fue White nights (1985), en la que hizo gala de sus habilidades, al dar 11 piruetas seguidas.

En 1990, Baryshnikov salió de la ABT para crear White Oaks Dance Project con Mark Morris, lo que significó girar hacia la danza moderna. Para 2002, terminó con el White Oaks para dar luz a su siguiente proyecto; por medio de su fundación abrió el Baryshnikov Arts Center de Nueva York, en 2004.

Debido a problemas con su rodilla y al paso del tiempo, se ha alejado de la actividad dancística como tal, pero sigue en proyectos teatrales y televisivos.

El hidalgo que dejó su tierra hace más de 50 años, también se ha dado tiempo para la reconciliación. El año pasado el gobierno le otorgó la ciudadanía por divulgar la cultura letona:

“Cuando recibí la invitación, mi corazón se estremeció”, dijo a los medios Baryshnikov durante la ceremonia en el Parlamento.

En 2017 hizo una gira por Europa, Estados Unidos y Sudamérica con el espectáculo Letter to a man, basado en el diario de Vaslav Nijinsky.

Fue entonces que la leyenda rusa declaró a medios españoles que tiene más proyectos relacionados con las zapatillas y tutús, pues como dijo alguna vez: “Un bailarín lo es hasta que se muere”.

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