Regios disfrutan ampliación de callejón cultural

El paseo dominical en la calle Abasolo del Barrio Antiguo ahora brinda un mayor espacio para la instalación de oferentes de actividades didácticas y recreativas.

Monterrey

Al menos tres escenarios con diferentes sonidos se perciben a lo largo de la calle Abasolo.

Al inicio, en su cruce con Doctor Coss, un grupo de rock toma covers de canciones de la década de los ochenta. Todos sus integrantes son muy jóvenes, algunos seguramente no habrían nacido aún cuando estas canciones ya estaban en las listas de las más escuchadas en las estaciones de radio.

A las cuatro de la tarde parece una buena hora para pasear y toparse con un grupo de mimos, un montaje didáctico de la Secretaría de Vialidad y Tránsito de Monterrey que enseña a los más pequeños a respetar las reglas del manual que la mayoría de los adultos ya olvidaron o nunca aprendieron.

Mimos y músicos solitarios caminan por el empedrado buscando una sonrisa y una moneda.

Las calles del Barrio Antiguo los domingos son destino de paseantes, aquellos que se acercan al Corredor de Arte y a los cafés y restaurantes que desde hace un año ya surgen nuevamente en algunas de aquellas casonas.

Ahora el público es más diverso, tanto como los nuevos oferentes invitados por el Instituto Municipal de la Juventud de Monterrey, quienes llevan productos naturales, accesorios, bisutería e incluso alimento naturales.

Los negocios de la zona se ven beneficiados por el nuevo flujo de paseantes; hay fila para entrar al 13 lunas, restaurante conocido por su particular decorado y su concepto de “slow food”, también el vegano ‘Hare Krishna’ muestra sus mesas llenas y de la Casa del Títere aprovechan para hacer promoción entre los niños.

Un puesto llama la atención por su colorido; decenas de figuras de acción y muñecos de comics, caricaturas y grandes series están perfectamente distribuidas a lo largo de dos mesas.

Los niños se acercan, pero no reconocen a los personajes: “¿Éste quién es, papá?”, preguntan ante un muñeco de tela de Charlie Brown o una Rainbow Brite, pero no esperan la respuesta, cuando se dan cuenta de que los juguetes “no hacen nada”, prefieren seguir su camino.

Pasando Diego de Montemayor se encuentra del segundo escenario, bajo una carpa, cerca de donde un joven vende accesorios medievales: armas, vestimenta y algunas otras curiosidades.

Al micrófono dos chicos improvisan rimas que hablan sobre ser joven, en una ciudad violenta que no les brinda oportunidades. La gente les escucha y asiente.

Llegado el punto en que este nuevo espacio de exposición y venta se une con el Corredor del Arte, sobre la calle Naranjo, un grupo de ballet folclórico baila al ritmo de una redova, lo cual resulta contrastante con el vehículo plateado descapotable a unos metros.

“Es como el del santo, 50 pesos la foto y se pueden subir cinco personas”, dice un hombre maduro, de cola de caballo.

Al final, las “food trucks” cada vez más comunes en este tipo de eventos: La Cucaracha ofrece hamburguesas y Philly Cheestake; Kings of the Street tiene un menú similar, aunque también tiene opciones para los vegetarianos.

Chuy Rodríguez es uno de los dueños de Nómada “Cocina en Movimiento”, cuya intención es llegar a la mayor cantidad de comensales con sus platillos fusión inspirados principalmente en la comida mexicana.

Explica que su principal concepto es no contar con un menú definido, sino que lo varían cada semana, al lado de su socio Farid Foroughbakhch, tiene un año y medio rodando por las calles del área metropolitana, principalmente en eventos de esta naturaleza.

Sin embargo, señala que a petición de sus comensales regulares han decidido establecerse en un punto sobre la avenida Gonzalitos.