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Baricco, “rock star pequeño” y ufano "best seller"

El autor de Seda reivindica la imagen de la mujer como divinidad, visión que comparten italianos y latinoamericanos, y destapa a Annie Ernaux como su candidata al Nobel 2016.

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Alessandro Baricco (Turín, 1958) es un caso raro entre los escritores de grandes ligas, que suelen abjurar y desconfiar de los autores best seller. Él ve esa etiqueta como una suerte, la agradece y va más allá: se asume como un rock star, “pequeño”, sí, no como Balzac y Dumas, “que eran ricos, absolutos, con las mejores mujeres”, pero sí un pequeño rock star del siglo XXI.

De visita en Monterrey para participar tres días en la Cátedra Alfonso Reyes, Baricco habla con MILENIO sobre las escuelas de literatura, sus autores preferidos en español, la muerte de Umberto Eco y da su pronóstico para el Premio Nobel 2016. También expresa su deseo para México y para el mundo de que Donald Trump no sea presidente de Estados Unidos y evalúa el momento agitado que vive el mundo actual.

En jeans, tenis y una sudadera, cabello y barba entrecanos, acude puntual a la cita y prefiere que la charla sea en italiano con su intérprete al español, Vittoria Martinetto, y no en inglés, que lo habla a la perfección, pero solo usa fuera de cámaras y grabadoras. En la mesa hay cinco títulos de su autoría, todos publicados por Anagrama, con los que juega ante la lente de Leonel Rocha, y expresa: “¡cuánto he escrito!”

Usted no tiene problemas con estas etiquetas de best seller” o comercial, ¿cierto? He leído que para usted no hay libros comerciales y literatura, sino literatura buena y literatura mala.

Yo no tengo ningún problema con la etiqueta de best seller, pienso más bien que es una suerte tener un público tan amplio que me lee y entonces agradezco que sea así.

Usted dice haber descubierto su intención de ser escritor a los 12 años y, ya convertido en uno, decide fundar la escuela Holden. ¿De verdad se puede estudiar para ser escritor? ¿Hay ya algunos egresados, digamos, de su escuela que figuren en el circuito cultural, con obra publicada?

Sí, yo pienso que las escuelas son útiles, hay mucha gente que escribe en el mundo, pero una cosa es escribir y otra es aprenderlo como oficio. Entonces es útil, no es necesario, pero sí útil. La escuela existe desde hace 23 años, tenemos como 70 u 80 jóvenes que estudian en ella, tres o cuatro, entre ellos, han publicado, y tres o cuatro se volvieron realmente famosos, por ejemplo Paolo Giordano, figura ya en todo el mundo.

Hablando de edades, Alessandro, ¿cree usted que hay libros para ciertas edades, más allá de la literatura infantil y juvenil? Por ejemplo, yo creo que si un joven universitario lee “La dama y el perrito”, de Antón Chéjov, se aburrirá y le resultará inverosímil, pero un cuarentón hallará una mina de emociones y experiencias, de memorias y conexiones. ¿Habrá títulos que son para ciertas edades?

Pienso que está muy bien que un chico lea literatura infantil, pongamos Harry Potter, por su cuenta, pero también está muy bien que lea otra clase de literatura si está acompañado por un adulto, ya sea el papá, la mamá, una tía, quien sea, y el adulto le acompañe en leer también Chéjov, ¿por qué no? Grandes obras universales, pero acompañándolo en esa lectura.

Ha hecho un examen de la globalización en su libro “Next”, ha desmontado verdades de unos y otros, promotores y detractores, y hasta Ryszard Kapuscinski sale raspado en la parte final del texto. Catorce años después, ¿ya encontró la definición de globalización? ¿Ya la encontró el mundo?

En ese libro había una intuición de lo que hubiese acontecido después, de hecho tuvo una continuación en una reflexión que hice en otro texto que se titula Los bárbaros, son títulos interconectados y pienso que en Los bárbaros desarrollo más lo que son esas nuevas actitudes de los jóvenes, y no solo los jóvenes, en este mundo nuevo en que estamos viviendo.

En ese libro, por cierto, usted anticipa, incluso antes que el sudafricano John Maxwell Coetzee en su libro “Diario de un mal año”, cómo el final de las guerras tradicionales, sin cabida en la globalización, es también el inicio de una nueva guerra, interna, crónica, inevitable: la guerra contra el terrorismo. ¿Qué opina de la reacción de Occidente a la ofensiva del Estado Islámico?

Occidente ha reaccionado, hasta ahora por lo menos, con calma y con mucho control. Creo que ahí hay muchos intereses cruzados. Si Occidente quisiera realmente poner fin a esta guerra podría hacerlo en una semana, pero no lo hace porque hay intereses económicos, políticos, geopolíticos, muy complejos, y por suerte todavía no ha caído en la trampa de tensarlo como una guerra de religión entre Occidente, Islam, etcétera, por lo menos ahora eso no ha pasado.

Ha muerto Umberto Eco y acaso esa tragedia haga sentir huérfana a una parte de Italia y a una buena parte del mundo de la literatura. Decía Günter Grass que cuando murió Heinrich Böll, a él le encomendaron la tarea de ser la conciencia nacional alemana, aunque no lo quisiera. ¿Será su caso, Alessandro? ¿O el caso de Claudio Magris, ahora que Eco ha muerto?

Eco no fue solo un hombre italiano, es un hombre de Occidente y ahora todos somos huérfanos, todos los occidentales somos huérfanos de él y muchos de nosotros somos también herederos de sus investigaciones y seguimos avanzando en esa dirección, entendiendo cosas gracias a sus intuiciones. Él es un patrimonio, conciencia de todo Occidente, no solo de los italianos.

En un artículo publicado en “La Repubblica”, reproducido en MILENIO, usted comienza hablando de Eco como si se tratara de una superfigura del futbol o del baloncesto, acaso como Messi o Kobe Bryant. Es decir, volviendo al libro “Next”, ¿estamos hablando de la marca Umberto Eco?

Creo que Eco fue una star y entonces se puede hablar de estilo Eco, escribir inspirándose en Eco, y recordándolo es claro que te sale natural llamarlo un número uno. Él no era solo un buen escritor y estudioso, buenos podemos ser muchos, pero él era diferente, entonces sí, uno puede compararlo con figuras del futbol como Messi o del baloncesto como Kobe Bryant. Era diferente.

Cuando un lector se deleita con “Seda”, resulta casi imposible no recordar a Yasunari Kawabata y su libro “La casa de las bellas durmientes”. En mi caso, además, no leía una historia tan emotiva desde “El desprecio”, de Alberto Moravia, y “La dama de las camelias”, de Alexandre Dumas. ¿Le incomodan las comparaciones, que muchas veces son más bien evocaciones de otras voces?

No, por el contrario, es un placer inmenso, es un privilegio y sobre todo la comparación con Dumas me agrada muchísimo, gracias.

***

Su reescritura de la Ilíada, de Homero, surgió con la idea de que sería hermoso leer en público, durante horas, toda la obra. Cuando Baricco halló a quienes estaban dispuestos a emprender dicha empresa, se dio cuenta de que, tal como es, el texto resultaría ilegible: se requerían unas 40 horas y un auditorio muy paciente.

Así que pensó en intervenir el texto y cortar todas las apariciones de los dioses, ya que consideraba que son tal vez las partes más ajenas a la sensibilidad moderna y a menudo rompen la narración.

En “Homero”, “Ilíada”, usted hizo un ejercicio de escritura a partir de eliminar a los dioses y dejar que los hombres actuaran solos. ¿Está preparada la humanidad para un momento así, actuar sin base en una guía divina, metafísica?

Creo que siempre habrá necesidad de tener unos guías metafísicos o unos dioses. No toda la humanidad, hay una parte laica que puede vivir muy bien sin ellos, pero creo que la mayoría de la gente necesita tener unos dioses o una referencia trascendental, entonces yo puedo muy bien sacar los dioses de la Ilíada, pero la gente seguirá necesitándolos.

De hecho, los personajes de otras de sus obras son hombres y mujeres que quizá sueñen mucho, pero son demasiado humanos. Y tiene siempre un toque especial para ellas. Helena de Troya en la “Ilíada”, Jun Rail en “Tierras de cristal”, la blanca japonesa enmudecida de Seda, la imaginaria lectora de las cartas de Bartleboom en “Océano mar”...

Las mujeres tienen mucha importancia en mis libros porque la tienen en mi vida, quizá sea esto algo que nos une a los italianos y a los latinoamericanos, de ver en la mujer una figura con algo de divinidad.

¿Quiénes son sus escritores favoritos en español?

Son muchísimos. Vargas Llosa, Cortázar, Borges, García Márquez que es mi favorito, Mutis, Onetti, Arlt, Walsh, hay muchos, muchos que me encantan y es un gran placer leerlos y descubrirlos.

Con premios tan importantes en su trayectoria (Selezione Campiello, Prix Médicis Étranger, Viareggio, FriulAdria, Boccaccio), ¿ha pensado en el Nobel de Literatura? ¿Quién es su candidato este año?

Puede ser la francesa Annie Ernaux, pero yo no he pensado sobre eso en mi caso.

Usted dice que el novelista ya no es tan importante como en el siglo XIX, pero hay que recordar que muchos de ellos fueron valorados hasta después de su muerte, a diferencia de esta época, en la que de hecho algunos son “rock stars”. ¿No se siente uno de ellos?

En el siglo XIX había autores que fueron rock stars, el mundo era más pequeño, pero gente como Balzac o Dumas eran unos rock stars absolutos, eran ricos, tenían las mejores mujeres. ¿Si yo me siento un rock star? Bueno, sí, un pequeño rock star.

En América Latina las izquierdas se debilitan y en países como Estados Unidos y Francia gana adeptos el racismo con personajes como Trump y Le Pen. Un mundo convulso y a toda velocidad, señor Baricco. ¿No cree?

Es muy difícil saber lo que va acontecer dentro de 10 años, porque este es un momento decisivo de la historia política, todo se ha puesto en movimiento. Durante muchos años hubo una inmovilidad, había contraste entre comunistas y católicos, pero ahora es como si hubiese agua hirviendo para que suba un vapor de ella y todavía no sabemos lo que va a acontecer.

¿Qué opina sobre Donald Trump, el precandidato republicano presidencial de Estados Unidos, que quiere levantar un muro en la frontera con México?

Pienso que él dice esta cosa, pero si es presidente no lo hará. Naturalmente, me permito desearme y desearle a ustedes que Trump no sea presidente de Estados Unidos.

¿Qué encontró en México en estos tres días de visita a un nicho académico tan importante, como es el Tecnológico de Monterrey? ¿Con qué se va de esta experiencia en la Cátedra Alfonso Reyes?

Lo primero que me llevo, como siempre, es la cara de mis lectores. Este ha sido un viaje muy rápido, pero conocí una ciudad, Monterrey; vi un cañón impresionante con montañas con formas impresionantes. Seguramente lo que sí más pesa son las caras, las historias de las personas que encontré, que son mis lectores, los más importantes. Y además no olvidemos la montaña con la forma mas extraña que nunca vi, que es el Cerro de la Silla. Me gustaría mucho subirla, me pregunto si es difícil, pero ya veremos en la próxima visita.

Reflexiones sobre el orden y la literatura

Alessandro Baricco ocupó la Cátedra Alfonso Reyes, del Tecnológico de Monterrey, los días 21 y 22 de abril, cuando dictó una conferencia magistral y después conversó con los estudiantes sobre su obra. En la primera, a la que tituló Literatura y filosofía, el escritor italiano expresó:

“En nuestras vidas a veces nosotros renunciamos a la verdad y pensamos en una síntesis de esa verdad; el orden nos ayuda mucho en nuestra realidad, y en nuestras vidas hacemos el movimiento —de lo sin orden a lo que tiene orden— muy seguido”.

Hizo referencia a un soneto de Dante: “Todo el tiempo hacemos este movimiento (de lo complejo a lo simple) en nuestro cerebro. El soneto al final se ve sencillo pero requiere de un gran trabajo, que es lo que se hace para llevar al mundo en un orden y al final también se obtiene algo de belleza”.

“Naturalmente mucha literatura fracasa y muchos libros son mediocres (…) Es dudoso que en la vida cotidiana podamos tener la misma relación con las cosas que con las personas, pero lo podemos hacer con los libros, y este es el privilegio del oficio que yo tengo la suerte de hacer”.

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