Banquete oriental

Función Dominical
Warcraft
Warcraft

Los tiempos están cambiando. ¿Quién hubiese pensado hace unos años que la taquilla nacional dejaría de ser tan importante para Hollywood? Por primera vez una película que fracasó en el mercado interno de Estados Unidos se salva gracias a la taquilla china. Warcraft se hundió en su país a pesar de la publicidad y la popularidad del videojuego en que está basada, pero Duncan Jones puede respirar tranquilo porque los chinos sacaron a flote la inversión. En otros tiempos, no volvería a filmar. Hollywood no perdona el fracaso comercial. Pero, ¿qué han visto los orientales en Warcraft que los occidentales no?

La película es una suerte de prólogo al juego de video: la explicación de la guerra entre orcos y humanos en un universo paralelo salido de la fantasía ochentera de los cómics de Heavy Metal. Como en algunas de las mejores historietas de esta revista, Warcraft está poblado de mujeres exóticas y despampanantes. Hay, además, soldados de tipo medieval que cabalgan lobos, águilas, leones o una mezcla de todos ellos. Una segunda influencia es Juego de tronos aunque sin el elemento sexual que caracterizan tanto a la novela como a la teleserie. La tercera influencia de Warcraft es, por supuesto fílmica. Hay escenas calcadas de Excalibur de 1981, de Conan el bárbaro de 1982 y Krull de 1983. El director no puede negar dos cosas: que es hijo de los setenta y que es hijo de David Bowie, estrella de Laberinto, otra película que influyó a Warcraft. Esta película de Duncan es lo que hubiese querido ver un “puberto” en los ochenta. La diferencia es lo dicho: los tiempos han cambiado, y si uno compara las películas de marras con Juego de tronos, encontrará que Warcraft resulta inocente y hasta virginal. Pero no puede ser la falta de contenido sexual lo que ha impedido que los adolescentes de Estados Unidos disfruten Warcraft, porque no hace mucho Avatar tuvo un gran éxito. Por más que Duncan ha conseguido trasladar al cine la emoción del videojuego, hay algo que distingue radicalmente la narrativa occidental de la narrativa oriental: el orden y la estructura de la aventura.

Pongamos como ejemplo un banquete. En la mentalidad oriental, en un buen banquete hay toda clase de platos al centro de la mesa y uno va escogiendo lo que le viene en gana. La mentalidad occidental exige que haya entrada, primeros platos y un etcétera que puede alargarse tanto como uno quiera. A causa de su origen en el videojuego, Warcraft es como un buffet chino, algo que el público occidental encuentra chocante porque está acostumbrado a que le cuenten las películas en tres actos, con un planteamiento, un desarrollo, su clímax y desenlace. Tal cual lo exigen los manuales de guión. Creo que esta es la razón por la que una película que ha aburrido tanto a los estadunidenses ha gustado tanto en China. Aun así, si uno ha disfrutado de El señor de los anillos, Warcraft es una película que, chino o americano, hay que ver en esta función dominical.


Warcraft: El primer encuentro de dos mundos. (Warcraft: The Beginning). Dirección: Duncan Jones. Guión: Charles Leavitt y D. Jones basados en el videojuego de Chris Metzen. Fotografía: Simon Duggan. Con: Travis Fimmel, Robert Kazinsky, Ben Foster, Toby Kebbell. Estados Unidos, 2016.

@fernandovzamora