• Regístrate
Estás leyendo: Ayotzinapa: Lo que no hemos discutido
Comparte esta noticia
Jueves , 21.06.2018 / 09:30 Hoy

Ayotzinapa: Lo que no hemos discutido

En la lucha por la verdad del 26, por saber con exactitud qué ocurrió, se ha dejado de pensar en algo fundamental: las causas por las cuales ocurrió la gran tragedia de Iguala.

Publicidad
Publicidad

Esteban Illades

Alguien me decía el otro día que Ayotzinapa será el Tlatelolco de nuestra generación. El Estado, así, con mayúsculas, atentó contra su población, contra sus ciudadanos, contra las personas que debe representar. La presidencia municipal, el gobierno de Guerrero, las policías de todos los niveles, los militares, incluso elementos de protección civil. Algunos participaron de forma directa, otros de manera pasiva. Pero hace un año todos se coludieron para que seis personas murieran y otras 43 desaparecieran.

Este caso, como ningún otro en tiempos recientes, ha sido politizado a más no poder. Hasta la ciencia, el último reducto de lo comprobable, ha sido puesta en tela de juicio. Por todos. Bandos hay, y más de uno, cada quien con ideas, hipótesis, consignas y sus propias verdades; no interpretaciones, verdades. Muchos afirman ya saber qué sucedió, otros tantos que nada es comprobable. Algunos dudan hasta de lo más básico. Nadie está de acuerdo. Ni estará. Aunque lo declaren cerrado, el caso permanecerá abierto, como tantos otros de los grandes crímenes nacionales.

Pero algo muy importante queda en el olvido. En la lucha por la verdad del 26, por saber con exactitud qué ocurrió, se ha dejado de pensar en algo fundamental: las causas por las cuales ocurrió la gran tragedia de Iguala, causas que se mantienen al día de hoy y que hacen posible que lo horrible vuelva a suceder. Concentrémonos en dos, que guardan entre sí una relación estrecha: pobreza y narcotráfico.


Pobreza

Es cierto que, según los datos más recientes del Coneval, Guerrero es el estado que en mayor porcentaje ha reducido su pobreza extrema —que ocurre cuando el ingreso de un hogar es menor a los 868 pesos mensuales y ese hogar presenta al menos tres carencias sociales como rezago educativo, falta de acceso a servicios de salud y seguridad social, por ejemplo—, pero aun así cerca del 25% de la población vive en esta categoría. Junto con Chiapas y Oaxaca, es de los tres estados más pobres del país.

Las estadísticas son escalofriantes: 40% de los guerrerenses ha tenido por lo menos un día en el que se ha ido a dormir sin haber comido, 25% no tiene acceso a servicios médicos de ningún tipo, solo un tercio ha concluido la primaria.

Esta situación ha hecho que muchos jóvenes opten por uno de tres caminos: emigrar a Estados Unidos, ingresar a la Escuela Normal Rural Raúl Isidro Burgos, en Ayotzinapa, o unirse a las filas del narcotráfico, la elección más lucrativa de todas.


Narcotráfico

Los datos sobre el cultivo de amapola varían. Pero, como mínimo, Guerrero produce cerca de 45% de la amapola del país. Después de ser procesada, puede convertirse en opiáceos legales (morfina) o ilegales (heroína). Según las cifras más recientes, el consumo de ambas ha aumentado de forma significativa en Estados Unidos, lo que se traduce en un aumento de ganancias para todas las personas involucradas en un negocio que factura miles de millones de dólares al año. Iguala es la puerta de entrada a la zona de cultivos, y uno de los primeros centros de distribución de los narcóticos provenientes de la amapola. El viaje, de miles de kilómetros, desemboca en calles de ciudades como Chicago, donde existe una población importante de migrantes guerrerenses.

De hecho, si uno ve los reportes de homicidios en semanas anteriores a la noche del 26 de septiembre en las zonas cercanas a Iguala, se dará cuenta de que la pelea por el control de la producción y la distribución había aumentado. Los cárteles se peleaban por la principal fuente de ingreso en el estado. Algo estaba por suceder, pero nadie lo vio.

Estos dos problemas, narcotráfico y pobreza, parecen irresolubles, al menos en el corto plazo. La pobreza no disminuye lo suficiente, la educación no mejora. Y el consumo de drogas en Estados Unidos, en particular las producidas por Guerrero, sigue aumentando.

Lo que nos queda, entonces, es discutir, discutir, discutir el asunto. Hablar de por qué Guerrero sigue siendo un estado tan pobre a pesar del dinero que gobiernos estatales y federales le han inyectado a programas para disminuir la pobreza año con año. Ver a dónde va ese gasto y por qué no sirve. Investigar la corrupción de por medio. Y repensar la estrategia con la que se combate el problema. La falta de educación de calidad y la pobreza extrema hacen que jóvenes de 16, 17, 18 años, como algunos de los miembros del cártel Guerreros Unidos, acusados de desaparecer a los 43, se unan al narcotráfico.

Pero también hay que alzar la voz sobre esto último, sobre la guerra contra el narcotráfico y sus resultados. Queda claro que, a casi una década de haber iniciado, los resultados han dejado mucho que desear. Muchos capos han muerto, varios cárteles han sido desmantelados, pero el tráfico de drogas y los males relacionados —secuestro, extorsión— siguen ahí. Los grupos están fragmentados, sí, pero en Guerrero la violencia no solo no cesa, sino crece. El problema no se resolverá mientras el consumo de drogas en Estados Unidos se mantenga o aumente. Es casi una verdad de Perogrullo, pero si sube el consumo, sube la producción. Si sube la producción, suben las ganancias. Y si suben las ganancias, el gobierno, por más armas que utilice, no tendrá éxito alguno al enfrentar el problema.

Así seguiremos teniendo municipios como Iguala, en el que un centenar de estudiantes, sumidos en la pobreza, se vieron cara a cara con la maquinaria del narcotráfico: 43 de ellos desaparecieron. Me temo que, si fueran a Iguala el día de hoy, exactamente un año después, no sería difícil pensar que se encontrarán con lo mismo: un Estado podrido, capaz de desaparecer a sus propios ciudadanos.

Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.