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Atrapado por la violencia

Cuando un individuo comete un delito no se trata de castigarlo sino de recuperarlo como ser social, de liberarlo de la violencia.

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La primera secuencia es un caudal de violencia: se desarrolla en un juzgado para menores donde se presenta a una madre de clase media baja cargando a un niño; se nota que está a la defensiva ante la retahíla de amonestaciones que le enumera la jueza mientras Malony, su hijo mayor, un niño hiperactivo de seis años, le revienta los nervios poniéndola histérica al momento en que el menor empieza a llorar desaforadamente. La madre vomita majaderías y abandona a Malony dejándoselo a la jueza, quien decide meterlo en un albergue.

El trabajo estructural de la elipsis está bien concebido, pues creemos que Malony no volverá a ver a su madre; cuando el niño ya es un joven de 15 años, lo vemos otra vez en el juzgado para menores interactuando con su madre de la misma manera: sin amor, con irresponsabilidad y en caos mental que solo engendra violencia.

La jueza y Yann, un asistente social, hacen lo posible por ayudarlo, y vemos y sentimos su compromiso en las acciones. La autora plantea desde temprano una búsqueda que solucione el conflicto del joven para evitar que vaya a la cárcel, pero Malony está atrapado en la violencia y
logra sacar de quicio a Yann, quien termina golpeándolo —lo que indica que también fue un joven problemático—, pero ahora sabe que para lograr la rehabilitación no se puede retroceder, porque la única manera de ayudar a los desadaptados se reduce al fortalecimiento de sus relaciones interpersonales.

Con la frente en alto es un drama que plantea la necesidad de instituciones útiles que sean capaces de ayudar a los jóvenes a salir de la espiral de la violencia con el fin de evitar la delincuencia; para ello debe recurrirse a instrumentos básicos: el amor, la autoestima y aprender a creer en los demás. Cuando la jueza pide a Malony que le dé la mano, percibimos el interés de la funcionaria por ayudar a un joven sumido en la incomprensión y en su necesidad de escuchar sin perder los estribos.

La autora decide el realismo para atraernos, aunque llaman la atención las escenas de golpes, pues nunca vemos que los personajes se peguen sino solo que se abrazan y caen al suelo. Me gusta la idea: la violencia está tan a flor de piel que es mejor no hacerlo con obviedad.

La película se aferra a una problemática que aborda de manera seria; no es exclusiva de la sociedad francesa, pero muestra que hay un sistema de procuración de justicia válido, pues cuando un individuo comete un delito no se trata de castigarlo sino de recuperarlo como ser social, de liberarlo de la violencia.

Con la frente en alto” (Francia, 2015), dirigida por Emmanuelle Bercot, con Catherine Deneuve y Rod Paradot.

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