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Lunes , 18.06.2018 / 00:26 Hoy

Atizar el fuego

'Evangelia' es un evangelio y, en consecuencia, debe contar la vida del primogénito de María y José, pero resolver los conflictos propios de la trama. Porque la ocurrencia original despliega otros cambios mayores. 

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Jorge Alberto Gudiño Hernández

Refigurar una obra literaria no es un simple proceso de reescritura. Requiere sumar el proceso de adaptación, por ejemplo, dar un nuevo sentido a los personajes, dejar que se nutran desde su génesis y hacerlos llegar a un nuevo estadio en que su presencia signifique una cosa diferente. Implica, también, respetar los valores del relato originario de forma tal que la refiguración no pretenda ser un texto nuevo, separado del primero. Justo ahí es donde estriba su riesgo: en la inmediata comparación. Es como si se le quisiera rendir homenaje al tiempo en que se ofrece una nueva versión, enriquecida por el tiempo, el lenguaje y una alta dosis de atrevimiento.

Cada tanto aparece un nuevo evangelio. Apócrifo y literario, por supuesto. Fuera de todo canon y de toda posibilidad de serlo. A muchos escritores les ha impulsado la pluma un cuestionamiento en torno al mito fundacional de buena parte de las religiones occidentales. Tal vez la tentación sea tanta que, a la larga, no les quede otro remedio que escribir una novela. Pero pensar en ella implica tomar riesgos. No solo por las comparaciones; a fin de cuentas, éstas llegarán incluso si se pretende contar la vida de Cristo desde la ortodoxia religiosa. Éstos se suman cuando la intención es ir más allá, sumar posibilidades y versiones, cuestionamientos y giros.

Con El Evangelio según Jesucristo, Saramago decidió hacerse de un recurso poderoso. Su narrador era capaz de cuestionar los hechos, incluso el mandato divino. De esta forma, algo que podía parecer tan natural tras siglos de abrevar en la misma historia, de pronto se convertía en algo oscuro o carente de sentido. Saramago no fue más lejos y no necesitó hacerlo. Su novela quedó redonda.

David Toscana se ha atrevido a más. Se le ocurrió cambiar un pequeño detalle. Sabedor de las leyes de la probabilidad, planteó algo lógico: ¿y si el primer hijo de María y José hubiera sido mujer? La pregunta hasta parece ingenua. La genialidad no radica en ella. A todos se les pueden ocurrir preguntas extremas. No cualquiera es capaz de resolverlas.

Así que fue mujer y la nombraron Emanuel. Eso, claro está, no puede gustarle a Dios. El machismo ha estado presente desde entonces. Una mujer de hace dos mil años no tiene las mismas oportunidades que un hombre. Si competir para ganarse el sustento es difícil, mucho más lo será para hacerse un lugar en la divinidad. Melchor, Gaspar y Baltazar, cansados de una larga caminata, no quisieron dejarle los regalos que llevaban con ellos. Dios fue, entonces, implacable: Gabriel, su arcángel, corregiría el daño. No era sencillo. Piénsese en un ángel intentando encontrar a otra mujer virgen para embarazar sin intervención de varón para luego convencer al esposo de que ella está esperando al hijo de Dios. Piénsese, también, en la posible respuesta de un grupo de hombres a quienes sus mujeres les han hablado de la aparición de este ángel. No, a Gabriel no podía irle bien.

El planteamiento de Toscana es tan extremo que, de pronto, todo se desvía. Pero el cambio no puede ser excesivo. Evangelia (Alfaguara, México, 2016) es un evangelio y, en consecuencia, debe contar la vida del primogénito de María y José. Solo que ahora no basta con discutir los argumentos, con cuestionar la voluntad divina o con confrontar al mundo celestial. También se deben resolver los conflictos propios de la trama. Porque la ocurrencia original despliega, por fuerza, otros cambios mayores. Por triste que parezca, no es lo mismo si el hijo de Dios es hija.

David Toscana es, sin duda, uno de los más grandes novelistas de nuestro país. Si en sus primeras novelas había hilado en torno a sus obsesiones, si en las subsecuentes depuró su prosa casi hasta el límite, si en todo momento se ha ocupado de construir personajes tan complejos como entrañables, Evangelia es el resultado de un autor que ha alcanzado su mejor momento.

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