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Asfixia por simbolismo

Intersticios

Nunca se podrá repetir lo suficiente el dato de que los 8 hombres más ricos del mundo poseen la misma riqueza que la mitad del planeta, 3 mil millones de personas.
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Existe en la actualidad una relación inversa entre la realidad y el orden simbólico que la regula, principalmente a nivel político. Mientras que para la mayoría de la población la vida se ha vuelto mucho más complicada (trabajos sin derechos laborales básicos, educación costosa que no garantiza un futuro mejor, violencia ubicua), las narrativas políticas apelan crecientemente al poder de lo simbólico. Bien para azuzar odios y buscar demonizar a un otro radical a quien se culpa de los males de la sociedad (los migrantes, por ejemplo), o para estructurar un discurso redentor que a menudo apela a los valores nacionales perdidos para proponer una recuperación de la patria expoliada por intereses malévolos.

En lugar de que el fracaso de la narrativa de la democracia de libre mercado (la que postula que si los ciudadanos observan las reglas y se esfuerzan, casi por extensión lógica tendrían una vida mejor, y viviríamos en sociedades armónicas) produjera un torrente de propuestas estructurales para replantear lo que salvo para la minúscula élite opulenta claramente no funciona, lo político se refugia en lo simbólico hasta grados un tanto esperpénticos, que no guardan ningún tipo de relación con la realidad cotidiana.

De manera consiguiente, la sociedad se divide entre quienes parecerían hipnotizados por el vínculo emocional que ofrecen las fantasías de ese orden simbólico (como Orwell advirtió, el odio y el amor son muy poderosos elementos de adhesión política) y quienes lo repudian en distintos espacios virtuales, convencidos de no formar parte de la maquinaria infernal que va sembrando destrucción del tejido social a su paso.

Entretanto, la realidad permanece inmodificada en sus rasgos más cruentos, sin importar los mensajes de odio o redención que recibe por diversos flancos. A nivel político, quizá necesitemos menos Game Of Thrones y más propuestas serias de cómo revertir la concentración de la riqueza y la precarización, antes de que ya ni lo simbólico-folclórico funcione para contener las tensiones generadas por la gran desigualdad que vivimos.

Y ADEMÁS

DESIGUALDAD
Nunca se podrá repetir lo suficiente el dato de que los 8 hombres más ricos del mundo poseen la misma riqueza que la mitad del planeta, 3 mil millones de personas. Cualquier fenómeno social espeluznante se vincula directamente con ello.

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