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Martes , 23.10.2018 / 00:51 Hoy

Ascenso del populismo, un problema mundial: Tirole

El investigador francés conversa acerca de su libro ‘La economía del bien común’ en una entrevista exclusiva para MILENIO.

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La cultura es fundamental para acercar al gran público los grandes problemas que los economistas detectan en el mundo financiero y que afectan a las sociedades. Como sostiene Jean Tirole, premio Nobel de Economía 2014, “la cultura proporciona las narrativas para explicar los efectos que tiene la economía en la gente y en lo que hace”.

Tirole dice lo anterior a MILENIO, a propósito del lanzamiento en español de su libro La economía del bien común (Taurus), en el cual reflexiona sobre la necesidad de equilibrar los intereses privados con los sociales, en lo que denomina precisamente “el bien común”, idea que responde al tipo de sociedad en el que quisiéramos vivir.

Tirole (Francia, 1953) explica que el bien común debe pensarse a partir de un planteamiento en el que nos alejemos de nuestras situaciones particulares que nos hacen distintos como individuos, para acercarnos a una situación previa incluso a nuestro nacimiento. “Imaginemos”, dice, “que nos colocamos detrás del velo de la ignorancia y nos planteamos en qué clase de sociedad nos gustaría nacer. Con seguridad todos querríamos hacerlo en una sociedad en la que no haya desigualdades sociales, donde, entre otras cosas, la educación y la sanidad serían accesibles a todos. Pues allí estaría el bien común, en esa zona donde se alinean los intereses privados y lo social, donde, por un lado, está el mercado y por el otro el Estado, que tienden a verse enfrentados y que en realidad deben retroalimentarse para realizar ajustes cuando es necesario para el mercado, y actuaciones determinantes del Estado cuando flaquea ante intereses privados”.

Para el nobel es muy útil en estos momentos tener acceso al conocimiento general de las cuestiones económicas, ya que vivimos un momento social muy delicado: “En este momento el principal problema es el ascenso del populismo en el mundo, una forma de actuar de ciertos políticos que está creando miedo al cambio tecnológico, que inyecta miedo por la crisis del empleo y el incremento de la deuda pública, lo cual genera odio racial y reservas para el libre comercio, lo que de forma directa amenaza el bien común”.

ESTADO Y MERCADO

Por otro lado, observa, “la educación en economía es muy necesaria, pues de otra forma tendemos a echar la culpa a los demás de los problemas económicos que sufrimos, en especial a los políticos que, como todos debemos saber, responden a sus propios intereses, ante lo cual es imprescindible estar bien informados y darnos cuenta de que cuestiones como el cambio climático o el desempleo no se solucionarán por sí solos y que hace falta identificar factores decisivos que afectan a nuestra vida social”.

Tirole es consciente de que la economía goza en estos momentos de una mala reputación, pero apunta que “muchos de los factores de la gran crisis del 2008 fueron expuestos por algunos economistas. El problema fue que el Estado no vigiló debidamente la actuación de los bancos, y creo que los políticos que tomaron decisiones equivocadas debieron haber escuchado a aquellos con más atención.

“Por otro lado, los economistas no son infalibles y la economía no es una ciencia exacta, y en esa crisis había una serie de acuerdos tomados por los políticos que los economistas desconocían. Pero insisto: fueron los Estados quienes no supieron regular el mercado y han sido los verdaderos responsables de la crisis, ya que permitieron que muchos personajes de perfil más bien sombrío actuaran y se beneficiaran de esa falta de vigilancia, y no se impusieron”.

Tirole argumenta que “es necesario un Estado suficientemente versátil para ser a la vez fuerte y débil en asuntos determinados: fuerte, por ejemplo, para regular y vigilar el mercado, para frenar los monopolios, para tener instituciones independientes como los bancos centrales y las oficinas de la competencia, y débil para aceptar la regulación del empleo y la contratación laboral, para no producir tantos bienes y servicios. Hay que tener claro que el Estado y el mercado son herramientas para conseguir algo, el bien común, y no fines en sí mismos. En la crisis de 2008 el Estado falló precisamente porque estuvo ausente. Por tanto, creo que el debate Estado-mercado ya es obsoleto. Ahora hay que hablar del papel del Estado en los temas más acuciantes, con una intervención más fuerte en algunos casos y menos en otros. Servicio público y competencia son perfectamente compatibles, y hay mucho trabajo por hacer y mucho que aprender en ese sentido. Todo es, como expongo en mi libro, en favor del bien común”.

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