El artista, catalizador de emociones públicas: Alÿs

En una charla con MILENIO, asegura: “A veces la gente espera respuestas que nosotros no necesariamente estamos capacitados para dar”.
“Trabajo diez proyectos paralelamente y los dejo desarrollarse por su propia inercia”.
“Trabajo diez proyectos paralelamente y los dejo desarrollarse por su propia inercia”. (Octavio Hoyos)

México

Reconocido como uno de los artistas más importantes de la escena actual por su propuesta política, Francis Alÿs ha dedicado los últimos años de su vida a crear obras que reflejen la realidad nacional.

Nacionalizado mexicano pero de origen belga, Alÿs llegó al país por primera vez en 1977. Entró por Ciudad Juárez y quedó fascinado por la vida nocturna que existía en aquella época en la frontera. En 1986 decidió venir a radicar definitivamente y trabajar como arquitecto e ingeniero.

Sus obras se pueden apreciar lo mismo en Afganistán y Europa que en Tijuana y Culiacán. Realiza videos, instalaciones y pintura. Se define como un artista que no ofrece respuestas, pero que gusta de presentar propuestas distintas.

No es un hombre que conceda muchas entrevistas. Sin embargo, acepta hablar con MILENIO tras la inauguración simultánea de sus más recientes proyectos: Hotel Juárez, en la Sala de Arte Público Siqueiros, y Relato de una negociación, en el Museo Rufino Tamayo de Arte Contemporáneo.

¿Hacia dónde se dirige el arte contemporáneo en México?

A principios de los años noventa cambiaron la escena y el mercado. Eso significó ganancias y pérdidas. La complicidad que existía en el imaginario artístico a principios de esa década se transformó por la ausencia del mercado y de competición. El hecho de que en esa época vivíamos en una etapa más inocente respecto a otros países y un poco aislados nos permitió que se abrieran nuevos espacios para el arte contemporáneo. La escena artística ha crecido y sigue haciéndolo. Los métodos que se han desarrollado son muy diversos. Lo que me ha mantenido interesado en la producción mexicana es que permanentemente se realimenta, no se estanca: cada tres, cuatro o cinco años se regeneran la dialéc-tica, la actitud y el discurso. Eso ha sido un fenómeno constante desde principios de los noventa, cuando empecé a trabajar como artista, y ha logrado mantenerme expectante.

¿A qué se debe esa regeneración?

A los cambios radicales en el país. Por ejemplo, cuando empecé a hacer mi obra Tornado, en 2000, las condiciones de México no tenían nada que ver con las de 2010, y mucho menos con las actuales. La energía artística se desarrolla paralela a los cambios y a las fracturas de la historia local. Entiendo la profesión de artista como la de testigo y catalizador de las emociones públicas.

¿Encuentra algún tipo de corriente que defina el arte contemporáneo en el país?

No lo sé. Las afinidades son más políticas: sí hay cierta complicidad en cuanto a posicionarse sobre lo que pasa en México. Pero la obra de cada artista, por lo menos de los que conozco, es absolutamente diversa. Puede ser que el público encuentre algunas obsesiones o manías similares, pero la mía es una mirada de un artista sobre el trabajo de sus compañeros.

¿A todo lo que se presenta en un museo se le puede catalogar como arte?

La magia de de la operación artística consiste en que cuando presentas un objeto en un contexto determinado se puede volver arte. No digo que no haya algo de fraude pues, al crecer, la mercadotecnia ha creado propuestas artificiales.

¿Cree que hoy existe una crisis de credibilidad en el arte contemporáneo?

No creo. La credibilidad del artista está sobrevalorada. A veces la gente espera una respuesta que nosotros no necesariamente estamos capacitados para dar. También cometemos errores, y nuestros juicios son subjetivos. En una charla que di en Uruguay sentí que el público estaba esperando respuestas mías ante la falta de credibilidad de la clase política y los medios de comunicación. Los artistas creamos invenciones, propuestas subjetivas y a veces oportunas.

¿El artista debe tener un compromiso político?

Dependiendo donde vivas. Si radicas en Zúrich, te puedes abstraer del contexto, pero si vives aquí es imposible hacerlo. En ciertos momentos no te puedes aislar de los contextos religiosos, políticos y económicos. El ingrediente político es uno entre muchos factores. Si te interesa la política mejor sé militante o político. El arte debe jugar con todos los elementos para hacer una obra relevante e interesante que perdure en el tiempo. Pero si solamente hablas de política, harás que tu obra caduque. Es importante que mantengas un diálogo con los valores inmediatos, pero también que produzcas algo de calidad.

¿Cómo define su trabajo?

Mi caso es muy raro: trabajo diez proyectos paralelamente y los dejo desarrollarse por su propia inercia. A partir de una idea que trato de compartir desarrollo mis propuestas. No puedes forzar la operación artística, es algo que debe encontrar su propio camino y eso involucra a un colectivo de personas, lo que te permite estar cerca de tu narrativa. Soy mucho más capaz de definir cuando me estoy saliendo de mi narrativa, que determinar cuando estoy en ella.