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Miércoles , 20.06.2018 / 12:51 Hoy

Artesanas esperan nuevo Centro que abrirá el IAJ

Desde 1986, cerca de 30 mujeres crean y comercializan sus productos únicos elaborados manualmente con hoja de maíz y piezas confeccionadas en palma.

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Arllete Solano

El Instituto de la Artesanía Jalisciense prepara la inauguración de un Centro Artesanal de producción, diseño y comercialización en San Cristóbal Zapotitlán, en Jocotepec que pretende beneficiar a 750 artesanos. De todos ellos destaca el trabajo del grupo de Mujeres Emprendedoras de San Cristóbal Zapotitlán, que desde 1986 han trabajado de manera conjunta con la Asociación femenina ProMéxico fundada hace 40 años.

Corrían los años 80 y afuera del curato, un inmueble adjunto a la iglesia, las artesanas ofrecían sus canastos tejidos con palma y figurillas confeccionadas con hojas de maíz. Genoveva Villaseñor, Regina Arregui y Carmen García de la Asociación Femenina ProMéxico comenzaron a ayudarles a comercializar sus productos.

Con el tiempo les brindaron las condiciones para atraer capacitación en diversos rubros hasta el punto de que son 28 mujeres, de entre las 975 que habitan la pequeña comunidad, quienes venden sus productos al turismo y los exportan a la Ciudad de México y Monterrey.

María Eugenia Solano realiza nacimientos miniatura desde hace 20 años siguiendo el ejemplo de su hermana. Le dedica alrededor de cinco horas diarias, al igual que Carmelita y Chayo que consideran esta labor como un pasatiempo que les proporciona un ingreso extra para apoyar el sustento familiar. Arman canastos de todos tamaños, de los que pueden encontrarse en boutiques finas, además de muñecas, bailarinas, vírgenes, flores, payasitos, nacimientos y casi cualquier forma producto de su imaginación.

Las artesanas coinciden en que por las tardes, cuando acabaron sus labores del hogar, se reúnen a conversar o frente al televisor donde se ponen a tejer. Estela Serrano, de 65 años, aún recuerda cuando Villaseñor y sus colegas le encargaron un servilletero. “Eso fue lo primero que hice y después aprendí a tejer botes y canastas. Lo que no estaba bien hecho nos lo regresaban, ellas querían calidad”, dice la mujer que ha ido abandonando el oficio porque ya se cansa, dice, y demora hasta un mes tejiendo un cesto por el que le pagan poco más de cien pesos.

Carmelita cuenta que su pequeña hija se interesa cuando la ve tejiendo, pero de Estela ninguna de sus hijas ni nietas sigue su tradición. María Eugenia asegura que esta práctica artesanal cuando se aprende no se olvida, relata que su hermana aprendió a hacerlo y se fue una década a Estados Unidos, al regresar se reincorporó pero sí acepta que en su mayoría las mujeres artesanas son de edad mayor.

Historia de una tradición

“La tradición de la hoja de maíz surgió en los años 30 de la familia Castillo, cuyo jefe aprendió el oficio de tejer la palma en la cárcel y después lo enseñó a su hija, quien a su vez lo enseñó a otras personas del pueblo quienes aprendieron a hacer un trenzados de palma y a formar una cintilla que se vendía por metros, y con la que se elaboraban los sombreros de palma o se incorporó a la elaboración de las asas de las canastas” cuenta Genoveva Villaseñor Parra, directora operativa Asociación Femenina Pro México.

La asociación civil ha acompañado y promocionado por años a los artesanos del municipio y gestionado por años la conformación del Centro de Creación Artesanal en San Cristóbal Zapotitlán que después de muchos años en breve verá la luz con una inversión de 8 millones 750 mil pesos.

Ha trascendido que la inauguración por parte del IAJ se prepara a detalle porque se pretende invitar a autoridades federales del rubro. Desde 1986 se modificó el modelo de organización de elaboración y venta de artesanía promovido por voluntarias de la Asociación Femenina Pro- México en alianza con el Instituto Jalisciense de Asistencia Social.

Con alrededor de 80 artesanas, desde 1995 rentan un local que dirige la encargada de ventas a Florentina Osorio. Se van preparando para constituirse como cooperativa y realizar las actividades de control de calidad, comercialización, asistencia a exposiciones y diseño de nuevos modelos. De este modo se ha ido consolidando la labor artesanal, un ejemplo fue Margarita Serrano, que participó en una exposición en Estados Unidos.

Genoveva Villaseñor, presidenta de la asociación, comenta que la tradición de la cestería en palma se está perdiendo, solo las mujeres mayores elaboran canastas, el precio de las figuras de la hoja de maíz es más alto, la cestería, en cambio necesita de mucho tiempo para la elaboración y no es valorada ni pagada adecuadamente.

La organización capacita en comercialización, diseño de productos, derechos humanos y liderazgo para que gestionen sus recursos y generen cartera de clientes.

Con información de Gustavo Rodríguez

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