Con arte urbano alargan la existencia de los árboles

Rubén Palomino y Alejandro Sulvarán recuperaron con el apoyo vecinal un par de troncos del camellón de Álvaro Obregón para desplegar su arte.
“La gente reacciona y nos apoya con materiales cuando sí necesitamos ayuda”.
“La gente reacciona y nos apoya con materiales cuando sí necesitamos ayuda”. (Javier Ríos)

México

Desde noviembre de 2014, Rubén Palomino y Alejandro Sulvarán han dado vida a un par de troncos del camellón de la avenida Álvaro Obregón, entre Córdoba y Orizaba, en la colonia Roma. Sin más apoyo que el de los vecinos y la autorización delegacional que recibieron, ambos artistas dedican buen parte de su tiempo a tallar sendos árboles.

Cuando comenzó el proceso de recuperación del camellón citado, fueron derribados 64 árboles sin utilidad y que representaban un peligro para los transeúntes. De allí vino la materia con la que trabajan ambos creadores.

En enero pasado Palomino fue asaltado y se llevaron todas sus herramientas, por lo cual solicitó apoyo a los vecinos de la zona para recuperar su instrumental y continuar con su trabajo.

"Esto se dio por causalidad: al pasar por aquí nos dimos cuenta de que estaban podando y les planteamos a los biólogos la posibilidad de que nos dejaran algunos, pero nos dijeron que ya sobraban muy pocos, porque había que darles un mantenimiento debido, el cual no sería tan caro, si acaso cemento en la raíz para que no sigan absorbiendo la humedad".

Así, terminada la vida biológica de un árbol se apuesta a extenderla como obra de arte, y al mismo tiempo dejar el espacio habitual del artista para trabajar en la calle y mostrar todo su proceso creativo.

"Primero revisamos los troncos y los pelamos para ver cómo estaba la humedad, la polilla y los hormigueros. Después empezamos a trabajar. La sociedad es la que más nos ha apoyado y tenemos el permiso de la delegación. Un arquitecto nos proporcionó los andamios, porque habíamos empezado a trabajar con polines", recuerda Palomino, un michoacano de casi 60 años de edad que desde la infancia comenzó su relación con la talla en madera.

"Mi abuela compraba cucharas de madera y yo les daba el terminado, pero uno no sabe que se va a dedicar a esto: yo era un mal estudiante, pero dibujaba bien. Mi papá me llevó a La Esmeralda, una escuela muy interesante y ahí aprendí más del trabajo de la talla en madera".

La sociedad

Palomino y Sulvarán integran el grupo Ajolote Escultores, ambos con casi cuatro décadas de trabajo de manera independiente. La participación de la sociedad civil les resulta fundamental, dice el primero. Por ejemplo, en esta ocasión empezaron a trabajar en improvisados andamios de madera, hasta que los escuchó José Luis Calderón González de EXIMCO Protección Perimetral, y les proporcionó los andamios.

"Es con el apoyo de la gente y de restaurantes, que de repente nos mandan algo. Me siento orgulloso de que la gente reacciona, independientemente de los intereses, cuando sí necesitamos ayuda, como recursos para poner el cemento y el sellador. Las brochas las ponemos nosotros".

Palomino dice que no es obligación de las autoridades apoyarlos, pero sí llega a molestarles, especialmente en tiempos electorales, cuando hay recursos para esos procesos y no para actividades emergentes y urbanas.

"No se puede hablar de un programa, porque no sabemos qué árboles se van a morir. Les caímos por sorpresa y nos dieron la autorización, aunque sí me gustaría que cooperaran para aislar la raíz y comprar barniz o selladores para ponerle al tronco y darle más tiempo de vida", cuenta el artista urbano antes de volver a sus herramientas.

De Fuensanta a un ajolote

La forma del tronco de un árbol define en mucho lo que se va a esculpir, pero también los intereses y las lecturas de cada uno de los artistas. Rubén Palomino decidió que su escultura tuviera la forma de un ajolote, por sus mismas representaciones metafóricas: reflejo de la transmutación, que "es lo que de alguna manera estamos logrando al intervenir cada uno de los árboles", explica.

En el caso de Sulvarán, su idea es una representación de Fuensanta, pero siempre con una perspectiva un tanto erótica del tema, si bien lo más importante para ambos tiene menos romanticismo: ganarle a las lluvias, ante lo cual se hicieron a la idea de darle más tiempo a los troncos, amén de que tienen que entregar los andamios que les prestaron.

"¿De qué vivimos? No percibimos un sueldo. ¿Cómo le hacen? Es una pregunta terrible para nosotros, porque del amor al arte no se vive, pero seguramente el día de la presentación traeré pintura y esculturas para vender aquí", dice Palomino, quien ofrece clases y talleres de pintura y escultura, además de vender sus creaciones.