“El arte contemporáneo se ha vuelto muy elitista”: Betsabeé Romero

Su obra se ha expuesto en el Museo Carrillo Gil, en el de Arte Contemporáneo de Monterrey y en el Antiguo Colegio de San Ildefonso.

Ciudad de México

Cuestionar la velocidad como un valor de nuestro tiempo es uno de los ejes sobre los que se sostiene el trabajo de Betsabeé Romero. Su propuesta consiste sobre todo en intervenir llantas o automóviles; por este trabajo la artista actualmente se encuentra en Australia, colaborando en el proyecto Sur, que reúne artistas de Oceanía, África y América Latina para intervenir un vehículo con lanzas indígenas de distintas culturas.

 

¿Por qué le interesa trabajar con autos?

Viví en barrios céntricos donde la gente tiene carros esperando el momento para tunearlos y muchas veces no sucede. Por donde yo viví había muchos talleres donde los autos eran como bodegas. En países como el nuestro los automóviles no son de usar y tirar, se vuelven parte del barrio o incluso de la familia.

 

¿Le gustan?

No me gustan, por eso los critico. A lo mejor mi trabajo me permite canalizar mi desesperación en el tráfico y mostrar algunas contradicciones sociales. Son objetos que me han acompañado toda mi vida; la historia del diseño del automóvil es muy rica y dice bastante de la historia del mundo. El diseño de los autos es bastante democrático, casi todos saben cual les gusta.

 

¿En qué barrio nació?

Mi taller sigue en la Álamos y vivo en Villa de Cortés, cerca del metro Xola, a cuatro estaciones del Zócalo y cerca de la colonia Buenos Aires.

 

¿Qué es el arte contemporáneo?

Es el arte que va con su propio tiempo, y esto es complicado porque hoy prevalece una sobrevaloración de la velocidad, y de eso se trata mi trabajo, de un cuestionamiento al vehículo sobre el que va la historia y que nos empuja a ir a ritmos forzados y sin entender bien lo que sucede. Hay una violencia fuerte hacia la reflexión y la memoria. El arte contemporáneo debe ser un termómetro de su tiempo.

 

¿No le parece que hay artistas contemporáneos que solo se entienden ellos?

Sí, desgraciadamente el arte contemporáneo se ha vuelto muy elitista. Hay una corriente muy iconoclasta de gente que no cree en las imágenes. Entiendo que vivimos en una era de saturación de imágenes, pero no por eso vamos a querer inventar el hilo negro. Las artes plásticas tienen que regresar a la imagen porque de ahí parte la reflexión.

 

Usted, Abraham Cruzvillegas, Teresa Margoles o Gabriel Orozco, ¿tienen más reconocimiento afuera que aquí?

Creo que son chiripazos, cosas que el mercado necesita y por eso nos dejan entrar. Realmente en México no se producen tantos artistas. En este momento de gran crisis moral y ética, ayudaría que hubiera escuelas de arte por todos los lados.

 

¿Ante la pobreza, la educación artística puede esperar?

El presupuesto para cultura es elevado. Hay muchos museos sin vocación; en lugar de éstos podría haber más escuelas como La Esmeralda o el Centro de Capacitación Cinematográfica. Creo que para las carreras de arte bien formuladas hay mercado, no me refiero a talleres

 

Me imagino su taller como una gran vulcanizadora.

Sí, es algo así. Me gusta la idea del reciclaje en todos sentidos. Las llantas tienen una vida útil muy corta pero a la vez muy larga como basura. Creo que una forma de resistencia es usarlas para grabar o imprimir, es decir para dejar memoria.

 

Nació en la Ciudad de México en 1963. Estudió historia del arte en la UNAM, el Museo de Louvre y la Escuela de las Bellas Artes, en Francia. Su obra se ha expuesto en el Museo Carrillo Gil, en el de Arte Contemporáneo de Monterrey y en el Antiguo Colegio de San Ildefonso. Obtuvo el premio de la Bienal de El Cairo en 2006. Sus piezas forman parte de colecciones en México y el extranjero.