El arte erótico japonés en el Museo Británico

Se exhiben 170 piezas de artistas como Hishikawa Moronobu y Kitagawa Utamaro.
Se prohibió y se convirtió en tabú a finales del siglo XIX.
Se prohibió y se convirtió en tabú a finales del siglo XIX. (EFE)

Londres

El arte shunga, una explosión de contenido sexual que floreció en Japón entre 1600 y 1900, es el tema central de una exposición en el Museo Británico de Londres que fue presentada a la prensa.

La muestra, que estará abierta al público desde hoy y hasta el 4 de enero, reúne 170 cuadros, grabados e ilustraciones realizadas por artistas como Hishikawa Moronobu (siglo XVII), Kitagawa Utamaro (siglo XVIII) y Katsushika Hokusai (1760-1849), obras que arrojan luz sobre cómo se percibía el sexo en Japón en esa época.

Mientras en Europa el sexo era tabú, en el temprano Japón moderno triunfaban las llamadas shunga o “estampas de primavera”, que describen explícitamente variados actos sexuales entre hombres y mujeres o personas del mismo sexo, con una ejecución tierna, bella y en ocasiones cómica.

Esta es la primera vez que el Reino Unido dedica una exhaustiva muestra a este tipo de arte, que posteriormente inspiró a creadores occidentales, como Pablo Picasso o Toulouse-Lautrec.

“Shunga es, en algunos aspectos, un fenómeno único en la cultura mundial premoderna, por su cantidad, calidad y la naturaleza del arte que se produjo”, señala el Museo Británico.

La exposición explora por qué surgió esta forma artística, y cómo y dónde se distribuyó, pues aunque el sexo era un tema abierto en la esfera privada japonesa, la vida pública estaba gobernada por estrictas normas confucianas.

Según el museo, aunque en el Japón de la época existía la represión y la explotación sexual, así como la desigualdad de género, el shunga recoge principalmente “valores positivos” e integradores, al reconocer las necesidades sexuales de la mujer y los homosexuales.

El shunga fue prohibido en 1722, aunque siguió distribuyéndose y nunca fue censurado, y creció gracias a una red nacional de bibliotecas comerciales que no estaban reguladas.

No obstante, finalmente se suprimió y se convirtió en tabú a finales del siglo XIX.