El arte circense en cada semáforo

Las calles del DF son el escenario en el que un grupo de jóvenes demuestra sus habilidades con hulas hulas, clavas y pelotas, entre otras, actividades que tiene un gran número de seguidores.

Ciudad de México

El semáforo de División del Norte con Miguel Ángel de Quevedo está en rojo, es la señal para que el espectáculo dé inicio. Vanesa Márquez toma su hula hula e inicia un acto circense que deja a más de dos con la boca abierta.

Por su estatura, de menos de 1.55, apenas es vista por los carros que paran en la parte de atrás de la avenida. Vannesa, de 30 años y originaria de Puebla, lleva cinco años trabajando en las calles de la ciudad de México, principalmente en el sur.

En Puebla estudió durante un tiempo en la Universidad Mesoamericana la licenciatura en Artes Escénicas y Circenses Contemporáneas, pero el costo de la colegiatura la obligó a abandonar la carrera y viajar al Distrito Federal, donde se gana la vida en los semáforos, además de dar clases de danza árabe.

En un buen día, Vannesa puede ganar hasta 350 pesos por cuatro horas de trabajo, suficiente para pagar renta, comida y otros gastos. Pero cuando la cosa no va bien, puede acabar con 150 pesos en la bolsa, principalmente el lunes o martes. "Parece que todos están de malas en el inicio de la semana".

Lo mejor que le ha sucedido a esta chica poblana en sus cinco años en las calles fue cuando acabando su rutina, un chico bajó la ventanilla de su coche y le entregó un billete de 500 pesos. Pero de esos casos, contados. En cambio, las insinuaciones sexuales y los comentarios vulgares de algunos automovilistas no faltan casi todos los días.

"Hacemos lo que nos gusta"

Las cosas son diferentes para Paola y Eduardo, quienes se instalan en Miguel Ángel de Quevedo y Pacífico. Tienen un espectáculo con clavas, que siguen ensayando cada que el semáforo se pone en verde.

Ella, de 19 años, intentó ingresar a la Universidad Nacional Autónoma de México pero no logro los puntos necesarios en el examen. En cambio, él, también de 19 años, estudia el último semestre de preparatoria. A diferencia de Vannesa, estos dos jóvenes hacen lo que les gusta y realizan el espectáculo para "sacar" dinero y poder comprar más objetos circenses.

Normalmente se instalan una hora, lo que significa 30 minutos de trabajo ya que el rojo del semáforo dura un minuto y por lo general ganan hasta 200 pesos. En realidad no tienen ninguna necesidad ni nadie a quién mantener, "hacemos lo que nos gusta", dice Eduardo con una gran sonrisa. Los jóvenes han aprendido los malabares con las clavas en reuniones con amigos y no han tomado clases o talleres.

Eduardo cuenta que una vez tuvieron un problema con un chico en el cruce de José María Rico y Gabriel Mancera, donde intentaron instalar su pequeño espectáculo pero fueron desalojados de manera agresiva por "otro chavo que parecía que sí tenía necesidad".

"Depende de la necesidad"

Christián, de 34 años, realiza un espectáculo con una pelota en el cruce de Miguel Ángel de Quevedo y avenida Universidad. Trabaja el tiempo que sea necesario "depende de la necesidad", explica. Estudia sociología en la Universidad Pedagógica Nacional.

Después de unas horas de trabajo se puede ir a su casa con 200 pesos en el bolsillo. Además se reúne con coletivos circenses con los que comparte su experiencia.

Arte circense para todos

Yezbek Chaul es uno de los ocho fundadores de Flow Fabric Art, compañía de artistas profesionales que se dedica a realizar talleres y presentaciones en todo el país. El especialista en espectáculos con fuego comenta que en los últimos años ha habido un boom con el malabarismo; por ejemplo, el hula hula, las clavas, malabarismo con bolas y aros, entre otras cosas.

Chaul, de 26 años y estudiante de diseño y arquitectura, asegura que las personas que realizan malabares en los semáforos desprestigian de alguna manera su trabajo, ya que ellos por una presentación de media hora pueden cobrar hasta 8 mil pesos.

El domingo pasado realizaron su último taller del año en el ágora de Tlatelolco, a donde acudieron decenas de jóvenes a practicar y divertirse, a falta de una escuela en la que se enseñe el arte circense de manera accesible.

Flow Fabric Art participó en el Festival de la Luz de la Ciudad de México 2013 con un espectáculo de fuego en la Plaza de Santo Domingo. Además organizan talleres para enseñar a usar el arte circense, en los que participan niños y adultos sin ningún costo.