El arte de Puccini, en el Auditorio Nacional

Luis Miguel Lombana, director de escena de la Ópera de Bellas Artes, dice que es un esfuerzo por difundir la música culta a un público más amplio.
Lombana durante el montaje de Turandot en el Palacio de Bellas Artes.
Lombana durante el montaje de Turandot en el Palacio de Bellas Artes. (Especial)

México

Si “el arte es una especie de enfermedad”, como aseguraba Giacomo Puccini, bueno sería que todos nos contagiáramos de tan benévolo mal, especialmente si se trata de las obras de uno de los compositores más laureados de la ópera mundial. Y, créanlo: no se requiere ser conocedor del género para disfrutarlas.

Así lo asegura en entrevista con MILENIO Luis Miguel Lombana, director de escena de los montajes de Turandot y La Bohème, que la Ópera de Bellas Artes presentará en el Auditorio Nacional a partir del próximo viernes, con el reto de atraer nuevos públicos. “Si conseguimos que 500 nuevos espectadores se hayan acercado a la ópera, si les cambiamos el punto de vista de lo que ellos pensaban que era muy ajeno, muy distante y logramos capturarlos, me doy por bien servido —indica el también actor y músico—. Nuestra labor, como la de cualquier arista o funcionario de la cultura, es hacer siempre el esfuerzo por difundir, acercar y abrir lo que se considera música culta a un público más amplio”.

Lombana cuenta que tuvo una experiencia enriquecedora cuando dirigió Madama Butterfly, también de Puccini, en el Auditorio Nacional. “La respuesta fue muy positiva, por eso recuerdo mucho esa representación. Y eso que aunque es una ópera muy intimista, hay más duetos y muchas escenas donde solo hay dos personajes en escena o inclusive la protagonista se queda sola en la vastedad del escenario de Auditorio y, sin embargo, funcionó. Tengo toda la certeza y la esperanza de que estas obras cumplan ese objetivo”.

Turandot y La Bohème son dos grandes títulos de la ópera, asegura Lombana: “Son óperas muy abiertas para el espectador. No son obras complejas, con personajes o una musicalidad muy crípticos, sino todo lo contrario. Además de ser óperas con muchos integrantes, con la participación sustancial del coro, sobre todo en Turandot, son obras de personajes muy claros, muy bien perfilados por Puccini, muy cercanos a la realidad de cualquier espectador”.

Formado como actor y músico, el director de escena considera que “para las características del Auditorio Nacional, un espacio teatral que se pretende abrir a un número considerable de espectadores son los títulos ideales. Yo siempre he dicho que si usted no ha visto ópera y, por alguna razón, tiene el interés de acercarse a un título operístico por primera vez, entonces Turandot y La Bohème son los títulos ideales”.

Lombana indica que los espectadores podrán ver “una producción atractiva, colorida y con todo lujo de detalles, con la ventaja de que en el Auditorio Nacional contamos con el circuito cerrado de televisión”.

Llevar estas óperas, que antes se presentaron en el Palacio de Bellas Artes, al Auditorio Nacional es como realizar una especie de gira, ejemplifica el director de escena, quien, además de la Ópera de Bellas Artes, ha trabajado con el Teatro Degollado de Guadalajara, el Teatro Colón de Bogotá y el Teatro del Estado en Jalapa. “Supone un buen trabajo adaptarnos a dimensiones distintas, pues el Auditorio Nacional tiene una de las boca escenas —la parte frontal del escenario— más amplias del país, con 17 metros. Hay que abrirnos y encajar perfectamente en esta dimensión. Pero esto es algo que sucede cuando salimos de gira con las óperas con grandes producciones. Ya he tenido oportunidad de mover Turandot en gira, concretamente para el Festival de Tamaulipas, donde tocamos en cinco plazas, y nos adaptamos a pesar del esfuerzo considerable de logística”.

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Turandot se presentará en el Auditorio Nacional 9 y 11 de mayo. La Bohème tendrá funciones del 11 al 13 de julio.

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Lectura crítica del libreto

Luis Miguel Lombana explica que lo primero que hace cuando va a tomar a su cargo una ópera es “tratar de entender el género, el estilo, cuál sería el concepto de la partitura como tal, qué buscaba el compositor al realizar esta ópera y, poco a poco, ir haciendo una disección. Antes que adentrarme en la música, mi primer interés tiene que ver con el libreto y el drama. La música ya está hecha, pero la puesta en escena puede ser muy distinta de un director a otro, y eso depende en gran medida de la lectura crítica del libreto”.

El director de escena agrega que es muy importante analizar “los personajes y cuáles son los momentos cuando tienen un cambio radical, cuáles son las relaciones que se establecen y su profundidad. También es fundamental saber si me interesa una puesta en escena realista o una que se base más en un concepto, si me interesa cambiarla de época o mantenerla en la que establece el autor. Hay óperas que para mí se revelan más rápido y otras que cuestan más, que se resisten a mostrarse en un montaje muy claro y definido”.