Poética de la arquitectura

Desarrollada por el filósofo francés Gastón Bachelard, no se propone explicar ni describir el espacio arquitectónico, sino la poética de la arquitectura.
Es la forma artística más material e inmueble.
Es la forma artística más material e inmueble. (Paul Czitrom)

México

La poesía es gratuita: son palabras que flotan en el aire, tan ligeras como éste. Hay poemas oscuros, melosos, graciosos, sublimes, pero todos son suaves e inmateriales. “Retórica. Cantan los pájaros, cantan sin saber lo que cantan: todo su entendimiento es su garganta”, escribió Octavio Paz en un texto que vuela, que hace al papel tan ligero como el aire, para que lo podamos respirar.

Pero la poética es algo mucho más denso, ya que no es poesía, sino otra cosa que participa de las cualidades de la idealidad, espiritualidad y belleza de la poesía. La poética del espacio, desarrollada por el filósofo francés Gastón Bachelard —con su personalísima forma dialéctica-fenomenológica— como el “estudio del fenómeno de la imagen poética”, no se propone explicar ni describir el espacio arquitectónico, sino la poética de la arquitectura.

Sin embargo, la arquitectura, como “arte de la externalidad”, es la forma artística más material e inmueble (del latín inmobilis, inmóvil) de todas, lo contario de la ligereza de la poesía y lo más concreto y objetivo que existe. Por ello, su manifestación poética no radica en el objeto, en el edificio, sino en su espacio interior y en la luz.

Quizá por esta razón la arquitectura que es capaz de provocar emociones resulta tan sublime, porque el espectador está inmerso en ella, la habita, no la imagina. Y muy probablemente por el mismo motivo, la mala arquitectura resulta tan insoportable: porque es ineludible y permanente.

La mayoría de los arquitectos no se preocupan de la poética de sus obras, ni de su capacidad expresiva. Es comprensible, ya que las operaciones arquitectónicas son tan complejas y sus procesos son tan lentos y costosos, que a los arquitectos no se les presentan muchas oportunidades de cuestionarse el fondo de su trabajo. En la mayor parte de los casos funciona mejor desde el punto de vista comercial, que el arquitecto aborde el proyecto superficialmente y se apegue a los cánones de la moda y de las imágenes fácilmente comprensibles y vendibles. Pero el resultado, el objeto construido, inevitablemente desencadena mecanismos psicológicos que tienen un impacto en el paisaje urbano y en la vida cotidiana de sus habitantes. Podríamos llamar “poética casual” a estos efectos involuntarios de la arquitectura comercial en la estética urbana. Si no hacemos distinción entre arquitectura culta y ordinaria, podríamos comenzar a observar los nuevos edificios que aparecen todos los días en nuestra ciudad, como piezas que forman parte de un gran texto, que se presentaría, ante quien sepa leerlo, como una gran obra poética colectiva.