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Lunes , 24.09.2018 / 07:37 Hoy

Arnoldo Kraus. Cómo vivir la tristeza

Kraus se ha dedicado a la comprensión de la muerte desde el punto de vista de la bioética. Egresado de Medicina por la UNAM, alterna el ejercicio de su profesión con la literatura.
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A lo largo de los años, Arnoldo Kraus se ha dedicado a la comprensión de la muerte desde el punto de vista de la bioética. Egresado de Medicina por la UNAM, alterna el ejercicio de su profesión con la literatura. Sus libros, Cuando la muerte se aproxima, Decir adiós, decirse adiós y el más reciente, Recordar a los difuntos, son aproximaciones a conceptos como el luto, la melancolía y el dolor.

Helen, su madre, en sus últimos días recordaba mucho su infancia. Se dice que este tipo de experiencias melancólicas son una constante entre quienes se encuentran en el ocaso de su vida. ¿A qué obedece esto?

Es una pregunta interesante. No creo que los neurólogos o neurobiólogos puedan responderla desde un punto de vista fisiológico, molecular o anatómico. Muchas personas, cuando intuyen que se aproxima la muerte, sea por enfermedad o vejez, ven en su soledad épocas pasadas o figuras de personas fallecidas que quisieron. Yo no podría decir, y creo que nadie, si esto obedece a una cuestión biológica o si es porque cuando se desordena el cerebro sobrevienen nuevas conexiones neurológicas o elementos neuroquímicos que le hacen a uno sacar cosas del pasado. Quizá sea una manera de despedirse de la vida.

¿El regreso tiene que ver con un estado de melancolía o nostalgia?

Ambas palabras representan una forma de vivir con más sensibilidad, humanidad o humildad, con más apego al ser humano a pesar de que tendemos a la deshumanización. Vivimos tiempos líquidos, diría Bauman. La nostalgia y la melancolía implican cierto dolor, cierto adentrarse en uno mismo, ciertas lecturas del alma. Estos sentimientos afloran cuando uno está triste y eso, en ocasiones, sirve porque nos ayuda a construir algo, incluso a construirnos a nosotros mismos.

¿Es una cuestión de edad? Existen jóvenes melancólicos.

Mi amigo Roger Bartra ha escrito mucho al respecto. Hay que distinguir la melancolía de la depresión. Ésta última es una enfermedad que se produce por alteraciones en los neurotransmisores del cerebro. Depende también de la constitución de cada persona. Hay quienes requieren ciertas dosis de melancolía y nostalgia para funcionar. Una pequeña dosis de ambas es buena, porque le permite a la persona luchar y mirar lo que le hace falta para corregir su estado. En otros casos la melancolía nos obliga a hacernos preguntas y dudar, lo que es deseable. En ocasiones, me encanta el mundo de la melancolía y la tristeza.

¿Promueven la creatividad?

Es un debate interesante. La tristeza y la melancolía, si no se padecen junto con un dolor físico, promueven el estado creativo, cosa que no sucede con las mermas físicas. Sumirse en cierta tristeza impulsa a quien es creativo. No pasa lo mismo en una persona profundamente deprimida, quien incluso puede suicidarse. Mi amigo Manuel Felguérez piensa lo contrario pero yo creo que hay un vínculo entre tristeza y creatividad.

¿Hay un estado idóneo para la creación?

Pienso que sí. En mi caso, la muerte de mi madre fue fácil porque siempre la acompañé. Fui buen hijo, por decirlo de alguna manera, y ella tenía la necesidad de morir pues ya no había esperanza desde el punto de vista clínico. Uno de los regalos de la creatividad es la compañía. Montaigne decía: “No he hecho mi libro más de lo que mi libro me ha hecho”. Cuando cojo la pluma para escribir por la pérdida de mi madre, que me produce duelo, nostalgia y orfandad, la escritura se vuelve una forma de atemperar el dolor. Escribir fue algo terapéutico no porque tenga un duelo mal llevado, sino porque era una forma de sentirme cerca de la difunta.

¿Qué es un duelo bien llevado?

No soy psiquiatra pero todos explican que un año de tristeza, dolor, un año de recordar con demasiada frecuencia y quizá no funcionar al cien en el quehacer cotidiano. La idea viene desde Freud. Y si persiste el duelo, es patológico y requiere otro tratamiento. Habría que decir también que a las industrias farmacéuticas y a los doctores les gusta medicalizar el duelo, suelen dar antidepresivos a quien lo padece para evitar la tristeza. No debe ser así, la tristeza hay que vivirla.

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