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Miércoles , 18.07.2018 / 21:44 Hoy

“Aquí hemos estado 70 años... y seguiremos”

Las melodías de los clásicos fara-fara siguen presentes en las calles del primer cuadro de la ciudad.

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Gustavo Mendoza Lemus

En la calle de Reforma, pasando de Cuauhtémoc a Pino Suárez, todo es música.

Desde las afueras de la cantina Royal se escucha el grave tesitura del tololoche y la aguada melodía del acordeón, y a unos metros de su cruce con Pino Suárez, un grupo de diez músicos, que conforman los tradicionales fara-fara, espera por una tocada.

Siempre han estado ahí, desde hace 70 años, y si acaso se han movido algunos metros.

“Antes estaban abajo del Arco de Pino Suárez, ahí iba yo de nueve años a bolearles las botas”, describe Juan Castillo Silva, quien ahora tiene 67 años.

Don Castillo es parte de esa tradicional postal que forman los grupos fara-fara en el centro de Monterrey, quienes se dividen por grupos para estar todo el día y toda la noche en espera de ir a tocar.

Un grupo se ubica sobre Cuauhtémoc y otro en Pino Suárez, ambos pertenecen al Sindicato de Músicos Regionales del Arco 249, ligados a la CTM. Los primeros no gustan hablar – “necesitas pedir permiso al secretario”, dijeron– mientras que los segundos ofrecen un lugar en su banca.

“A ver, ¿qué quiere saber?”, pregunta abiertamente don Juan Castillo, de cabello y bigote café claro y complexión robusta, quien viste de camisa sencilla blanca, pantalón y botas oscuras.

Oriundo de Zacatecas, llegó de un año a Monterrey. A los nueve trabajó de bolero bajo el Arco de la Independencia –“cuando tenía rotonda”– y como su padre y unos compadres tenían un grupo, se decidió por la música.

“Primero inicié con el saxofón, ahí acompañaba a mi papá que tocaba el acordeón. También estaba un compañero al que le decíamos El Piporro porque se parecía mucho, tocaba el bajo y así formamos el grupo que se llamaba Los Tigres de la Frontera y que formamos en Aguascalientes”.

Mientras habla, el tráfico no cesa sobre la vía de Suárez en plena salida laboral. Pero por más fuerte que suenen los camiones y el claxon de los carros, las notas emanadas de dos acordeones se sobreponen.

El resto de los músicos está de pie sobre la banqueta exhibiendo sus bajosextos, el tololoche o el acordeón a los transeúntes. Unos más están sentados a la espera de un servicio.

La necesidad, aclara Juan Castillo, lo hizo ir aprendiendo el resto de los instrumentos. También toca la guitarra, el bajosexto y el acordeón. En sus andanzas por Aguascalientes, Lagos de Moreno y Monterrey, hasta con un mariachi ha tocado.

Tras unos minutos de plática y otros cuantos de fotografías, una vieja Suburban de color gris se detiene sobre la acera. Un hombre maduro baja y pregunta por un fara-fara y de inmediato se acerca “el abogado”.

De inmediato se hace el grupo y se alistan para ir a tocar a la mencionada fiesta.

-¿Entonces sí hay trabajo, maestro?

-Aquí tenemos 70 años, haya o no haya no nos vamos a ir.

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