Apología del fracaso

Lejos de la solemnidad y el anquilosamiento, la presencia de Ortuño ha venido a darle un aire fresco a la literatura mexicana contemporánea.
"La vaga ambición". Antonio Ortuño. Páginas de Espuma. México, 2017.
"La vaga ambición". Antonio Ortuño. Páginas de Espuma. México, 2017. (Especial)

México

Antonio Ortuño (Zapopan, Jalisco. 1976) es un narrador que cuando publica uno de sus libros convoca a más lectores dentro y fuera de México. Frecuenta la novela y el cuento, éste último género literario cada vez con mayor soltura y destreza.

¿Por qué hay que asomarse a las páginas de Ortuño? Encuentra el punto exacto para deslizar frases transgresoras. En ningún momento intenta dar golpes por doquier o caer en remedos de otros autores que emplean a la escatología como una forma de respiración en sus relatos. Sabe el instante en que debe soltar la frase contundente, el punch para que la historia adquiera otros vuelos o, bien, decante el exceso de realidad.

El humor negro se ostenta como un recurso eficaz en cada una de estas historias que forman un tejido unitario y, al mismo tiempo, se pueden leer de manera autónoma. El punto en común es la escritura, lo que gira alrededor de un hombre que escribe: siendo niño, joven y adulto. Arturo Murray es una especie de sobreviviente de un naufragio o crisis familiar que padeció durante su infancia. A partir de ahí se desencadenan una serie de recuerdos esenciales en la vida del personaje. Mientras que el padre de Murray no sabe cómo relacionarse con su hijo, a quien ve un tanto ajeno; en cambio, de su madre hereda la habilidad y pasión por contar historias. Es precisamente un correo electrónico de su madre, antes de morir, lo que da nombre al libro: “Me decía que escribir era la vaga ambición de guerrear contra mil enemigos y salir vivo. Que me leyó y supo que no debió permitir que la sacaran del combate. Que escribiera contra todos, me decía, y a pesar de todos”.

Lejos de la solemnidad y el anquilosamiento, la presencia de Ortuño ha venido a darle un aire fresco a la literatura mexicana contemporánea. Si se intenta esbozar un mapa geográfico con las presencias tutelares del cuentista, habría que mencionar a Henry James, Ernest Hemingway, Jorge Ibargüengoitia, Salvador Novo, Paul Auster, Philip Roth y Ricardo Piglia.

Este libro, ganador del Premio Ribera del Duero en su quinta edición, está plagado de referencias al acto de escribir e, incluso, aparecen un par de autores: Walter Benjamin y Mijaíl Bulgakov.

El hilo conductor es la apología al fracaso, la idea del antihéroe deja a la vista una obsesión del autor. El jalisciense, acaso pensando en Voltaire, tiene muy claro que para escribir se requiere de uñas afiladas y ser el primero en reírse de sí mismo. En eso también radica el acierto al elegir esta temática, pues Antonio Ortuño posee las herramientas necesarias para hacer que el lector vaya de la risa a la mirada estupefacta en un dos por tres.