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Martes , 23.10.2018 / 09:52 Hoy

Antropóloga descifra la vida de neoyorquinos analizando su basura

Tienden a tratar muebles, aparatos electrónicos y ropa como si fueran vasos para café; suelen desechar muchas cosas para tener más espacio.

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El departamento de limpieza de Nueva York tiene su propia antropóloga residente: una gurú de la basura que estudia los desechos en la ciudad más grande de Estados Unidos como un espejo de las vidas de sus 8.5 millones de habitantes.

“¿Qué te dice la basura de nosotros?”, pregunta la profesora de la Universidad de Nueva York Robin Nagle, quien frecuentemente sale en los camiones de la basura en busca de una respuesta.

Así que, ¿qué es lo que ha concluido Nagle tras explorar entre los casi 3.5 millones de toneladas de basura anuales recolectadas por el Departamento Sanitario de Nueva York? “Somos una cultura desechable que va demasiado rápido”, dijo Nagle. Los neoyorquinos, agrega, tienden a tratar todo, desde muebles a aparatos electrónicos y ropa, como si fueran vasos de cartón para café.

“Asumimos que no necesitamos perder el tiempo cuidando objetos mundanos y prácticos cuando podemos deshacernos de ellos sin responsabilidad”, dijo la antropóloga.

Tirar lo que sirve

Además existe el factor de que se trata de una ciudad con apartamentos pequeños, donde los residentes suelen desechar muchas cosas para tener más espacio, lo que la convierte en una mina de oro para recolectores de basura, dice Nagle.

Muchos residentes amueblan sus casas con los desechos de otras personas. Otros buscan comida consumible sin preparar, como bagels, arroz y pasta. Se podría armar todo un guardarropa con las prendas, zapatos y joyas que terminan en la basura junto con sofás, camas, aparatos electrodomésticos e incluso obras de arte.

“La cantidad de basura que los neoyorquinos desechan es impresionante”, dice Nagle. “Y la cantidad de productos que ponen en la calle porque ya no los necesitan y son desechables también es muy sorprendente”.

En un nivel a pequeña escala, destacó Nagle, los trabajadores de limpieza pueden llegar a conocer detalles personales sobre la gente a partir de los desechos, el “registro físico de nuestras vidas diarias”.

Si hay un divorcio, se pueden encontrar fotografías de la ex pareja en la basura; si alguien tiene un problema con el alcohol se refleja en el alto número de botellas vacías; cuando llegan bebés aparecen pañales desechables.

Nagle, de 54 años, buscó convencer a las autoridades sanitarias durante dos años antes de recibir el puesto de antropóloga residente en 2006, por el cual no recibe una paga. Su investigación ha llevado a varios libros, una conferencia de la organización TED y un curso que imparte en la Universidad de Nueva York titulado Basura en Gotham.

Ensuciarse las manos

Nagle no es una académica de escritorio: se ha ensuciado las manos, literalmente, e hizo el entrenamiento para aprender a conducir los camiones y trabajó casi un año como una empleada de limpieza regular y asalariada.

“Es parte de la familia”, dice el subjefe sanitario Keith Mellis.

Su mayor contribución, según los 6 mil 400 empleados del departamento sanitario, es hacer que se aprecie más un trabajo que suele ser pasado por alto.

Al charlar con trabajadores de nuevo ingreso, Nagle transmite un mensaje de orgullo porque el departamento, de 134 años de antigüedad, es la fuerza uniformada más importante de la ciudad.

“Me encanta la limpieza urbana”, dice Nagle en el garaje del Departamento Sanitario al abrazar a hombres que llegan a trabajar en el horario matutino. “Trabajo con gente que hace una diferencia todos los días”.

Elliot Belnavis, un nuevo empleado de 27 años, dijo que aunque la policía y los bomberos son tratados como héroes “nosotros somos invisibles”. La presentación de Nagle para darles la bienvenida le hizo apreciar mejor su trabajo.

“Ahora siento que los trabajadores sanitarios son los más importantes que hay en la ciudad”, dijo Belnavis.

“Si no recogemos la basura o limpiamos la nieve nadie se puede mover. Todo empieza con nosotros y cuando hacemos nuestra labor todos los demás pueden hacer su trabajo”, concluyó.

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