La poesía no cambia el mundo, intensifica conciencias: Antonio Gamoneda

El poeta estuvo anoche en la Sala Manuel M. Ponce del Palacio de Bellas Artes y recibirá un doctorado honoris causa de la Universidad Autónoma del Estado de México.

México

A sus 83 años de edad, el poeta Antonio Gamoneda (Oviedo, España, 1931) ya no suele salir de España; pero quizá el recuerdo de Juan Gelman y José Emilio Pacheco lo hicieron aceptar la invitación para cruzar el Atlántico de nueva cuenta para hablar de poesía y recibir el doctorado honoris causa de la Universidad Autónoma del Estado de México (UAEM), este jueves, a las 18:00 horas.

“Tengo otros doctorados, pero yo quiero mucho a México y tiene para mí una significación muy especial, porque si no, no hubiera venido, pues de un par de años a la fecha he decidido viajar lo indispensable”, cuenta el Premio Cervantes 2006, mismo año en que recibió el Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana.

Habla de poesía mientras cierra los ojos, como buscando las palabras que den respuesta a un mundo en el que el dolor sigue: considerado “niño de la guerra”, porque su infancia estuvo dominada por el sufrimiento y la represión, está convencido de que su poesía siempre ha estado escrita en la perspectiva de la muerte, “pero la contemplación de la muerte se ha hecho una costumbre; la asumo cada vez con un poco más de tranquilidad”.

“No puedo ser ajeno al sufrimiento planetario de tantos millones de seres humanos: en España, por ejemplo, hay 40 por ciento de parados, sobre todo jóvenes de menos de 30 años. Eso me parece un acto de capitalismo salvaje, y mi poesía no puede ser ajena a esa realidad, porque no deja de ser un acto de conciencia por la naturaleza de su lenguaje, que se opone a los lenguajes y a la semántica de las lenguas establecidas por el poder”.

Autor de Sublevación inmóvil y Blues castellanoDescripción de la mentira y Lápidas, Gamoneda encuentra en la poesía una forma de liberación: de sí mismo y de su propio sufrimiento al comunicarlo. De ahí que su vocación poética haya empezado desde muy niño: “Sabía que iba a ser poeta”.

“Para mí, la poesía ha sido reconfortante y liberadora, aunque sea una expresión del sufrimiento, o quizá por eso mismo: no va a cambiar el mundo, pero sí puede intensificar las conciencias. No de mucha gente, porque la poesía es minoritaria, no tiene muchos lectores, si bien en los jóvenes puede hacer más sensible su conciencia.

“Porque la poesía, aunque no cambie el mundo, ayuda a soportarlo, y no solo al poeta. Realmente la lectura de poesía es muy semejante a la escritura: la liberación que pueda sentir el poeta también la siente el lector, porque hace suyo el libro: la respiración, la comunicación que el libro lleva consigo”, explica.

Previo a la charla literaria que ofreció en la Sala Manuel M. Ponce del Palacio de Bellas Artes, Gamoneda reconoció que su poesía actual está un poco menos ornamentada, aunque sin dejar de ser un acto de creación y de revelación, incluso de asuntos desconocidos para el poeta, “con una realidad que se basa en el pensamiento del autor. El pensamiento también es un espacio para la realidad, no se puede pensar solo en aquello que se toca”.

“La poesía es un poco como la música: necesita de silencios para establecer su melodía, y pueden ser de segundos o de años. Los de unos segundos se dan porque se espera a que se produzca en uno el próximo impulso, mientras los que son de años suelen ser porque hay circunstancias exteriores que impiden tener la cabeza en la poesía, como los años de resistencia a la dictadura. Estuve 15 años sin escribir, pero es que mi cabeza estaba en otros terrenos, en el de la resistencia”.

Gamoneda cree en la poesía, pero más en su papel individual, en el desarrollo de personas más sensibles, solidarias, insurgentes incluso; en parte es el discurso que lo guió durante su presencia en Bellas Artes y en lo que será el discurso de recepción, este jueves, del doctorado honoris causa de la UAEM.