Reconstruyen a los antiguos pobladores de La Villa

Entre los años 1200 y 1700, habitaron la zona indígenas, mestizos, europeos y mulatos con sus diversas mezclas, según se puede leer en un libro reciente acerca del origen y desarrollo de esa ...
Josefina Bautista Martínez (en la foto), Arturo Romano Pacheco y María Teresa Jaén Esquivel son los coautores del volumen.
Josefina Bautista Martínez (en la foto), Arturo Romano Pacheco y María Teresa Jaén Esquivel son los coautores del volumen. (Javier Ríos)

México

Los restos óseos constituyen elementos vitales para la reconstrucción de nuestra historia, como queda de manifiesto en el libro La población antigua de la Villa de Guadalupe. Ciudad de México (1200-1700 d. C.). Sus autores detallan el rescate y análisis del osario ubicado en una cripta en el subsuelo de la Capilla de Indios, en la Villa de Guadalupe, lo que permite saber qué tipo de gente vivió en los alrededores.

Arturo Romano Pacheco, María Teresa Jaén Esquivel (fallecida a principios de año) y Josefina Bautista Martínez, autores del libro que ayer se presentó en el Auditorio Tláloc del Museo Nacional de Antropología, se encontraron con restos óseos de hombres y mujeres de diferentes edades, así como niños y jóvenes. Su estudio demuestra que hubo continuidad en los asentamientos humanos que habitaron en la zona.

Miguel Alemán Velasco, presidente de la Fundación Miguel Alemán, coeditora del libro con el INAH y el Conaculta, e impulsora de la investigación, escribe en la presentación de La población antigua de la Villa de Guadalupe Ciudad de México, que el trabajo "contiene datos inéditos sobre la población que habitó los alrededores de la Villa de Guadalupe durante más de siete siglos".

Josefina Bautista Martínez destacó la labor de Arturo Romano Pacheco y María Teresa Jaén Esquivel en este trabajo iniciado en 2006. "Como en la cripta había muy poco aire, entramos con trajes especiales y oxígeno para desarrollar largas jornadas de trabajo. Necesitábamos saber qué había, quiénes estaban, quiénes eran, y durante dos años sacamos todos los restos con técnicas minuciosas".

El trabajo de dirección de sus maestros fue muy dedicado, pues nunca dejaron de asistir, afirmó la investigadora: "Siempre estaban indicándonos lo que se tenía que hacer y cómo se tenía que hacer. Fue importante seguir las indicaciones, sobre todo respeto a la manera de sacar los restos, cómo ponerlos en cajas de cartón y ordenarlos antes de llevarlos a algún lugar para poder empezar a limpiarlos y clasificarlos".

No solo se describió la osamenta, agregó la coautora del volumen: "Nos dedicamos a hacer métrica y, algo que no se hace con mucha frecuencia, realizamos aproximaciones faciales, gracias a la colaboración del Laboratorio de Antropología Forense del Instituto de Investigaciones Antropológicas de la UNAM. Así pudieron colocarse tejidos blandos y, para llegar a la fase final, tuvimos que recurrir a dos escultores, Daniel Olea y Marcos de la Fuente".

Las aproximaciones permitieron saber qué tipo de población estaba representada en la cripta, explicó la antropóloga: "Es importante porque nos da una cronología bastante amplia, que va de 1200 a 1700, aproximadamente. Tenemos población indígena, población indígena-mestiza, mestizos con rasgos más europeos, mestizos más indígenas, pero también encontramos el cráneo de una mulata".

Las autoridades religiosas permitieron y alentaron el trabajo en la cripta, y autorizaron el montaje del laboratorio en la iglesia de las Capuchinas, que todavía funciona, indicó Bautista Martínez. Destacó la colaboración de Antuñano Maurer, director de la Biblioteca Mexicana de la Fundación Miguel Alemán, como su eficiente enlace con esta institución, así como con las autoridades religiosas y civiles.

María Eugenia Pérez Reyes mencionó que la tarea desarrollada en la investigación "se hace más complicada debido a que no se trata de entrenamientos unitarios, o al menos parcialmente completos. A pesar de la ausencia de la integración anatómica, los autores realizaron una labor muy importante para rescatar la información del osario".

Representación plástica, gráfica y concreta

Alejandro de Antuñano Maurer, director de la Biblioteca Mexicana, afirmó que el proyecto partió de Miguel Alemán Valdés, quien, al escribir una novela sobre Juan Diego, se preguntaba dónde había quedado la gente que había sido enterrada en los atrios o en los accesos a la Basílica de Guadalupe. Se hicieron las investigaciones, "y resultó que los huesos estaban en la Capilla de Indios, en una cripta mal acondicionada. Pero con el equipo, la paciencia y la dedicación se logró rescatar estos restos que hoy estamos viendo".

El también investigador recordó grandes trabajos sobre el guadalupanismo mexicano, "en los que se advierte todo, menos los protagonistas, que son los que decidieron ser sepultados en esta zona". En este libro, dijo, "hay una representación plástica, gráfica y concreta de quienes fueron estos personajes que nos precedieron en la historia".