A cien años del derribo del convento de San Andrés

Era una joya de la arquitectura colonial de Monterrey, cuya construcción se da a partir de la inundación de 1612, y que por muchos años funcionó como el único templo religioso para la ciudad.

Monterrey

Hoy en día al convento franciscano de San Andrés aún se le puede ver en el escudo de Nuevo León, pero justo se cumplen cien años de su demolición.

Era una joya de la arquitectura colonial de Monterrey, cuya construcción se da a partir de la inundación de 1612, y que por muchos años funcionó como el único templo religioso para la ciudad.

La Revolución Mexicana puso fin a este inmueble en 1914, cuando fue desmantelado por completo a finales de abril y comienzos de mayo.

De aquel edificio, que se extendía en lo que hoy es el Círculo Mercantil Mutualista del centro de Monterrey, sólo sobreviven algunas vigas, una figura de San Andrés y el portón principal, todas ellas resguardadas en el Museo Regional El Obispado.

El historiador Eduardo Cázares menciona que el templo fue el cementerio de los primeros pobladores de la ciudad; después fue sede alterna del Colegio Civil para terminar incluso con una pista para practicar tenis a comienzos del siglo XX.

“Mucha gente lo ve en el escudo de Nuevo León pero no saben qué es, pocos en verdad lo conocen”, expresa el historiador.

Por ser una de las construcciones más sólidas de la ciudad no se escapó de ser punto de resguardo en las distintas guerrillas que vivió la ciudad, ya sea con el paso de los insurgentes en 1810 o con la intervención norteamericana de 1846.

Durante el gobierno de José Eleuterio González, ya se hablaba de demoler el templo y durante la inundación de 1909 quedó seriamente dañado. No fue hasta la llegada de los constitucionalistas en 1914, cuando generales a las órdenes de Antonio Villarreal decidieron demolerlo, no sin antes “fusilar” a los santos del templo.

“Los revolucionarios también expresaban que buscan modernizar la ciudad, pensando en ampliar la calle Zaragoza e incluso decían que el templo era un nido de insalubridad. Su demolición, creo, justificó el radicalismo de la Revolución ante la influencia religiosa en la ciudad”, comentó.

Aunque hubiera sobrevivido a la Revolución, tampoco había muchas esperanzas para el convento franciscano.

“Se han demolido tantas joyas en Monterrey que en cualquier otro momento lo hubieran tirado”, dijo Cázares.