[Semáforo] Nuestros ángeles aturdidos

Semáforo.

Ciudad de México

“Créanlo o no, la violencia ha descendido notablemente a lo largo del tiempo y bien podríamos estar viviendo en la etapa más pacífica que ha conocido la historia”. Así comienza una conferencia de Steven Pinker (http://edge.org/conversation/mc2011-history-violence-pinker). Si tiene usted una hora y media, vaya a verla. Vale la pena y, sobre todo para nosotros, que vivimos con miedo de la ola de crueldad absurda de nuestra cotidianidad. No es una inyección de confianza ni un ejercicio de futilidad optimista. Son datos objetivos: la violencia ha disminuido históricamente.

Pinker es un gran conferencista y un estupendo provocador. Sus libros, aunque verbosos, se dejan disfrutar y espolean la inteligencia. Pero su mejor faceta está donde despliega su talento de orador y sus dotes histriónicas. Su mejor libro, The Better Angels of Our Nature (Los ángeles que llevamos dentro, Paidós) debió tener menos páginas; lo mejor es el acomodo claro de los datos; pudo ahorrarnos sus deliquios filosóficos y dejar al lector a que reflexionara por propia cuenta.

Las guerras internacionales, intestinas, formas tribales de la venganza, estados criminales, la esclavitud, el asesinato... todo ello ha disminuido con el tiempo. ¿Nos estamos volviendo mejores personas? Ni de chiste. Sería ridículo suponer que alguno de nuestros conocidos es mejor que Sócrates o peor que Calígula. La naturaleza humana es tan baja y tan alta como la que pudo hallar Homero. Nos trabajan por dentro pasiones que no se dejan domesticar por los siglos y arrebatos cuya salida podemos a veces controlar, pero no sabemos suprimir desde su origen. La supervivencia de la especie humana dependió, como la de todo animal, de su capacidad de ejercer y controlar la violencia y la agresión. Lo que nos está dado de naturaleza nos iguala con todos los hombres que hayan vivido. Pero el mundo —aunque existan excepciones— ya no puede tolerar la esclavitud, ni la violencia contra los niños, o el maltrato a los animales, y un largo etcétera. Hay un progreso moral, pero no hay mejores personas sino mayor cobertura, digamos, jurídica. Existe todavía la esclavitud, sin duda, pero ahora, aparezca donde aparezca, todo mundo sabe que se trata de un delito. Hace 150 años, todavía era, en algunas partes del mundo, un derecho establecido. Violencia y la crueldad siguen ahí, como siempre, pero tortura, suplicio y ejecuciones abandonaron las plazas para recluirse en los albañales de la criminalidad. Pinker describe el proceso con un aserto válido: “nuestros estándares superan nuestro cambio de comportamiento”. No es que la voluntad criminal haya disminuido sino que la cultura halla cada vez más recursos para impedirla. Marshall Sahlins afirma, con razón, que la cultura es anterior a la naturaleza: la especie del homo sapiens pudo sobrevivir porque desarrolló una cultura: sociedades organizadas por la comunicación lingüística. Es decir, que nuestra cultura sobrepasa a nuestra naturaleza. Ojalá lo entendiera el Estado mexicano.