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Viernes , 19.10.2018 / 11:33 Hoy

Andrea Centazzo: internet mató a la música experimental

Figura imprescindible de la música experimental, el compositor italiano se presentará este 3 de marzo a las 17:00 en el Cenart como parte del Festival Eurojazz.

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Compositor, percusionista y artista multimedia, Andrea Centazzo asegura que "la flama de la música experimental como un estímulo para las nuevas generaciones está casi extinta. Internet mató esta música".

El músico, que se presentará este 3 de marzo en el Festival Eurojazz con el trombonista Giancarlo Schiaffini, contó en entrevista con MILENIO que "antes de internet la gente tenía dos oportunidades para escuchar algo nuevo: asistir a conciertos o comprar discos. Nada sobrevivió. El mejor público que puedes tener para esta música es, cuando mucho, de 100 personas, contra diez mil en los años 70. Puedes vender 100 copias de un disco compacto en comparación con los cinco mil de 1975".

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El músico italiano nacionalizado estadunidense afirma que "ya no hay protección para los artistas intendentes en términos de derechos de autor. Si eres una estrella de rock te protege la espalda una compañía con una masa de abogados; pero si sólo eres un músico independiente, como yo, estás jodido. Mi música está gratis en internet, y a nadie le importa que vivas de ella y de que inviertes dinero produciendo discos. ¡Una auténtica mierda!" —dice esta última frase en español.

Centazzo es una de las figuras seminales de la música experimental, que engloba lo mismo free jazz que improvisación libre, ópera y soundtracks, proyectos multimedia y encuentros con culturas primigenias. Además, junto con su esposa Carla Lugli, fundó el sello discográfico Ictus, fundamental para el desarrollo de esta música.


—Has dicho que la música es una misión, ¿en qué sentido?

Cuando decides vivir solo para tu música se convierte en una misión. Yo no toco la de otros, excepto en algunos casos (Steve Lacy es el más relevante). No enseño, no hago sesiones de grabación ni giras con músicos de rock o pop, ni toco en una orquesta. Mi misión es la libertad total de disfrutar lo que estoy haciendo, cambiando de dirección cuando así lo siento. Por supuesto que es algo costoso y ha habido algunos años en los que apenas podía sobrevivir. Pero nunca me rendí o trabajé como maestro, o escribí o toqué música que no me gustara. Tampoco me desilusionó el hecho de que nadie pudiera entender que un músico pudiera ser un cineasta o que un compositor pudiera improvisar.

Centazzo—Te han llamado verdadero hombre del renacimiento. ¿Te gusta?

Me siento bastante a gusto. En un mundo que tiende a la especialización siempre he sido un rebelde que brinca de una expresión artística a otra. Nací como un baterista de jazz, pero esa fue una pasión juvenil e inmediatamente me sentí constreñido en ese patrón. En esos tiempos (principios de los 70), la escena estaba en ebullición y encontré muchos y diversos estímulos en otros géneros de música y expresiones artísticas. Empujando siempre hacia adelante por la necesidad maniaca de experimentar variaciones de lenguaje interpretativo y compositivo, incrementé al mismo tiempo mi actividad solista y creé una red de nuevas y estimulantes situaciones a mi alrededor.

—Cuéntanos sobre Ictus, sello de música experimental que, pese a los vaivenes, se mantiene.

En 1976 yo y mi esposa empezamos lo iniciamos para liberar mi música de las grandes compañías que, en esos años, eran las única que hacían discos. ¡No planeamos convertirnos en uno de los sellos de música improvisada más respetados e importantes, pero así fue! Fue una experiencia loca pero emocionante en un tiempo también loco y emocionante: estábamos junto a Incus en Gran Bretaña, FMP en Alemania e ICP en Holanda, algunas de las primeras compañías avant-garde que eran propiedad de los músicos y manejadas por ellos. Allí tuve la oportunidad de grabar con los mejores músicos de ese género y experimentar con todo tipo de combinaciones locas, desde solo hasta con orquesta.

—¿La situación para la música creativa es crítica?

Es muy mala, tanto que raramente toco, y cuando lo hago me pagan 20 dólares, algo despreciable. Pero no me arrepiento de ningún día de mi vida. Mi pasado es mi tesoro: en 2012 tuve el gran honor de ver que mi alma mater, la Universidad de Bolonia, estableció el Fondo y Archivo Andrea Centazzo, donde todos mis trabajos están disponibles. ¡Y todavía estoy vivo (carcajadas)! La vida es una sinfonía y yo solo dirijo el principio de mi último movimiento que, espero, tendrá un gran final.




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