Arte, música y gastronomía reviven el Andador Coronilla

El paseo peatonal ubicado en el Centro de la ciudad, entre Morelos e Hidalgo, toma mayor auge con la vida cultural que los locatarios le imprimen.
Los comensales pueden disfrutar del arte y la comida en uno de los locales y ordenar de la carta de otro
Los comensales pueden disfrutar del arte y la comida en uno de los locales y ordenar de la carta de otro (Patricia Ramírez)

Guadalajara

En solo dos años el Andador Coronilla dejó de ser un callejón descuidado para convertirse en un álbum que recolecta estampas de la cultura actual y tradicional de Guadalajara con opciones gastronómicas y actividades de música, artes plásticas y escénicas en un pequeño corredor pintoresco en el Centro de Guadalajara. Uno de los locatarios que se ha empeñado en recuperar este espacio es Óscar Riveroll, quien recuerda que “era un lugar muy escondido y sucio, además de que los coches se estacionaban allí, por lo que no pasaba la gente. Pedimos varias veces al ayuntamiento que cerraran el paso a los coches, pero como no lo hicieron nosotros (los locatarios) tuvimos que cerrar con cadenas. Ahora hay mesas y la gente puede venir a un lugar tranquilo a disfrutar de su café o a comer algo”.

Ingresando por avenida Hidalgo, el callejón inicia con comercios entre tiendas de productos de belleza y en la esquina cuelgan tres rótulos que respetan el paso del tiempo y de las administraciones. El más antiguo muestra Calle 28, sector Hidalgo, cuartel 5to., manzana 36; en uno más reciente se lee Calle Coronilla y el último data del 2002 cuando se adoquinó la calle y quedó cerrada al paso vial. Así nació el Andador Coronilla, en conmemoración de la casa Coronilla, según dice el letrero y justo debajo un stencil urbano tatuó en la pared “primero cultura vial, después el bisne” y al lado reposa una estación del programa municipal MiBici.

La bienvenida la dan dos esculturas de seres femeninos. Una en color dorado carga huajes, joyas y en la cabeza tiene una canasta con flores. La otra es plateada, está ataviada de amuletos de la naturaleza, hecha de una textura rugosa, tiene rastas en los cabellos enmarañados con ramas y un semblante místico.

Una bocina con música clásica suena afuera de la tienda de arte y diseño donde está el El salón del paisaje. Allí el maestro Armando Gálvez Frausto imparte clases de pintura para niños y adultos a nivel de calle. En el piso de arriba tiene algunos cuartos en los que a modo de galería expone sus obras y las de sus alumnos, que son en su mayoría paisajes, aunque también hay rostros y naturaleza muerta pintados en un estilo clásico. Los viernes por la tarde y los sábados por la mañana se puede ver a los artistas mientras pintan o esculpen tallas de madera en el andador, justo frente a la casa que perteneció algún día a la actriz mexicana María Félix.

Frente a la finca, en el Cielito Lindo se ofrecen cervezas, alitas, queso fundido y hamburguesas. Al lado, un restaurante de comida yucateca atrae con su especialidad de cochinita al pibil, panuchos y tamales. Durante el día, las puertas del bar Escarabajo Scratch están cerradas, pero a esta altura reina el aroma a café, pizza y guisados del Sazón de la Comadre o de Los padrinos.

El café Finca Riveroll atrae con el perfume del grano de Coatepec, que cuenta con denominación de origen pues produce uno de los mejores cafés de México. “Se trata de vender cultura del café, porque no la hay en México” expresa Riveroll, quien pertenece a la familia que desde hace tres generaciones da nombre a la finca veracruzana que produce este café.

“Coatepec es una zona donde lo único que se puede producir en la región que rodea al volcán Cofre del Perote es café, por eso se trabaja más en la calidad”, explica el locatario. La finca Riveroll está dividida por la puerta de ingreso a la Cantina Lupita que funciona por las noches. En la esquina el vapor oloroso de la birria de res agrega al menú lo tradicional del paseo. Contiguo está el establecimiento de David Estévez: Coltrane, dedicado al saxofonista que lleva este nombre, un restaurante de pizzas en el que se hacen presentaciones musicales de jazz y blues. El local también se presta para presentaciones de libros, catas de café, conciertos y performances.

En el Café Riveroll hay curiosidades artísticas y otras más como la lectura del café turco. Sentado mirando el paso de la gente, Riveroll recapitula cómo se fue activando el andador. “El Scratch tiene trece años, estaba desde que era una calle, igual la tienda de arte, llegamos nosotros y la taquería que ha ido creciendo y ahora vende birria. Juntos comenzamos a poner plantas en el pasillo, eso le dio otro aire. Ahora todos tenemos sillas y mesas afuera; si siguiera oliendo a orines o lleno de basura la gente no vendría. Cada día amanece sucio, así que a las ocho de la mañana nos ves a todos lavando con cloro para estar abiertos a las nueve de lunes a sábado”. Los locatarios se organizan para armar un pequeño escenario para conciertos, presentaciones de libros y subastas de pintura. Pero también para complacer al cliente ya que estos pueden sentarse a comer en uno de los restaurantes y ordenar una bebida de otro local o viceversa.

El recorrido termina del otro lado del corredor, desemboca en la calle Morelos con las rutas del transporte público transitando sin parar, a la vuelta la Chupitería La favorita abre por las noches, y una paletería de antaño ofrece en jornada diurna un aperitivo fresco en cualquier temporada del año.