“Mi papá, amoroso y dominante”: Helena Paz Garro

Aquí comparto una parte de una conversación llena de silencios —después de un infarto cerebral hace cinco años le costaba trabajo hablar— y café. Y también algunas risas.
Imagen de la última entrevista que dio a MILENIO
(Leticia Sánchez/Oscar Ávila)

Ciudad de México

Contacté a Helena Paz para pregun­tarle si podía entrevistarla después del homenaje por los 50 años de Los recuerdos del porvenir en la sala Manuel M. Ponce de Bellas Artes. Así supe que no la habían invitado. Pero llegó. En silla de ruedas, mascando un chicle. Bien vestida. En silencio y sin sonrisas. Los organizadores la colocaron en la primera fila y supieron improvisar: "Por favor, démosle un aplauso a la hija de Elena Garro, que nos acompaña el día de hoy". Iba con su primo, Jesús Garro. Terminando el suceso acordamos una entrevista formal en Cuernava­ca, la cual sucedió poco después, en julio. Aquí comparto una parte de una conversación llena de silencios —después de un infarto cerebral hace cinco años le costaba trabajo hablar— y café. Y también algunas risas.


¿Qué es lo que más le preguntan cuando la entrevistan?

Que si sigo escribiendo la segunda parte de mis memorias. Y sí, llevo una cuarta parte.

¿Toca usted el tema del 68?

Sí.

¿Cómo es un día en su vida?

En la casa de reposo... Los viejos que están ahí casi todos tienen Alzheimer, la mayoría no puede ni hablar, entonces no hay con quién platicar. Me pongo a leer.

¿Qué está leyendo?

El cielo sobre Darjeeling de Nicole C. Vosseler. Darjeeling es una ciudad en la India. Antes leí un libro en francés sobre la Rusia de los protes­tatarios. También leo en inglés y español, pero prefiero el francés.

¿Y para escribir?

También el francés. Tengo 600 poemas que no están publicados porque no he encontrado editor. Yo misma los traduzco al español. Jünger decía que mis poemas se parecían a los de Rimbaud. Sigo escribiéndolos, pero no tanto como antes. Se me va la cabeza.

¿Usted sueña en francés o en español?

En español.

¿Y qué sueña?

Sueño... con mi mamá.

¿De viejita o de joven?

Joven.

¡Qué guapa era!

Mi papá también.

¿Cómo lo recuerda?

Fue un papá amoroso. Y muy dominante también. No me dejó continuar con el ballet cuando era joven. No sé por qué lo hizo. Decía que era por mi bien. Yo hubiera querido ser actriz.

¿Usted heredó lo dominante?

No. Me parezco más a mi mamá.

¿En qué sí se parece a su papá?

En que no puedo escribir novelas.

Además de leer, ¿a qué dedica su tiempo en la casa de reposo?

No hay mucho qué hacer. Me pongo a ver televi­sión: películas, las noticias, pero telenovelas no.

Usted ha manifestado que últimamente el cine y la televisión se han vuelto....

Pornográficos.

¿A qué cree que se deba?

No lo sé. Seguro tiene que ver con alguna cuestión económica.

¿El país está peor que antes?

Yo creo que sí.

¿Cuándo empezó el derrumbe?

En los años sesenta, cuando se americanizó todo. Pero es un derrumbe que ha pasado en el mundo entero. También en Francia. El mundo es más feo ahora que antes.

¿Le gusta la Ciudad de México?

No. Hay demasiados edificios feos, modernos.

La noto un poco triste, Helena, ¿lo está?

Es solo su impresión. Estoy contenta.

¿Qué la pone contenta?

Leer. Y platicar con gente que ha leído y está interesada en mi mamá.

¿Podría mencionar a alguien?

Emmanuel Carballo. Y Elena Poniatowska. A veces hablamos por teléfono. Es muy amable. Platicamos de mi mamá, de ella. La conocí cuando yo era niña y ella tenía 19 o 20 años. Iba al salón literario de mi mamá. Era muy bonita.

¿Qué le hace falta?, ¿qué le pediría a los Reyes Magos?

Dinero.

¿Para viajar?

Sí.

¿A dónde?

A París. Hace 10 años que no voy. O a Yucatán.