El mejor amigo del diablo: Víctor Damián Rozo

Este seguidor deSatanás se ha vuelto millonario en Colombia iniciando a miles en la adoraciónde Lucifer, incluso a integrantes del cártel de Sinaloa y Los Zetas; “ni el paraíso ni el infierno ...

Ciudad de México

Damián Rozo nunca fue un niño promedio. Cada noche, con 12 años, tomaba prestado el telégrafo de los muertos de su padre (la Ouija) para jugar un rato con seres del más allá y experimentar eventos paranormales. Algo que le fue siempre divertido. Más tarde, su afán por la “ciencia oculta” lo llevó a interesarse en la magia negra y a aceptar en comunión el “bautizo satánico”.

“Quería disfrutar de la vida, viajar por el mundo. Por eso accedí a entregar mi vida a Lucifer, hace 10 años. Al pactar con el diablo, las personas cambian de religión. Empiezan a adorar al dios verdadero, a Lucifer. Ya no debes aguantar necesidades, o pedirle milagros a un Dios que nunca nos escucha ni da nada”, confiesa este guía espiritual de 42 años, que hoy busca nuevas almas que quieran caminar con él por las sendas del infierno, a cambio de sacrificios.

Para algunos, un macabro arte que heredó no solo de su padre —un reconocido santero de la región cafetera de Colombia—, sino también de su madre, una pitonisa que por medio del tarot predecía el destino de las personas, y de su abuelo, un yerbero que gracias a los poderes que le concedió la naturaleza sanaba o maldecía de acuerdo a su conveniencia. Es así como Damián le rinde tributo a Satanás a cambio de protección y placeres.

“Hago todo tipo de trabajos: desde traer de vuelta amores imposibles hasta pactos con el diablo. A Satanás le gustan los sacrificios. Con sangre, de un ser vivo. De un animal como lo puede ser una oveja, un búfalo, una cabra o una gallina. Es una ofrenda que significa una unión de sangre, entre los dos. Eso nos pide Lucifer a sus seguidores: adoración, que lo sigan y que gane más almas para él. Que le hagan un altar en la casa, que lo invoquen, nos pide una adoración eterna”, continúa Damián sobre la fiel inclinación que ejerce en lugares tan dispersos como su propia Iglesia satánica en Colombia: La Iglesia Ministerial de los hijos de Lucifer, con 400 miembros adoctrinados, y que el próximo mes abre sus puertas.


UN LLAMADO A SATANÁS

El pacto con el diablo tarda 25 días. Durante ese tiempo “no puedes tener relaciones sexuales, consumir alcohol o sustancias alucinógenas. Son reglas que debes seguir al pie de la letra para agradarle a Lucifer, para que él esté seguro que tú realmente lo quieres seguir”, explica el enviado del Ángel caído.

Luego de haber cumplido con una serie de pruebas y sacrificios, quien haga el pacto con Lucifer lo invoca cara a cara. “Por siempre seré tu siervo y ganaré almas para ti a cambio de riqueza, de prosperidad, de lujuria, de placer, de sexo, de dinero en abundancia. Gloria a ti Lucifer”, culmina el pacto, en voz alta. “Muchos lo ven y salen corriendo, se asustan. La mayoría fracasa, hay que admitirlo”, confiesa Damián Rozo y niega alguna represalia por parte de Lucifer ante semejante abandono de fe.

“Hay una creencia popular, inventada por la Iglesia católica, que dice que Lucifer se apodera de tu alma y se la lleva al infierno, que te hace sufrir. Lucifer no castiga. El pide adoración, que lo sigan, que cada vez que tengan un problema acudan a él. Que no haya espacio para otro dios que no sea él. Si haces el pacto hoy, mañana puedes ir a una Iglesia católica, asistir a un matrimonio. Es más, te puedes casar ante la Iglesia católica para guardar las apariencias, porque tú sabes que Lucifer está dentro de ti, que le perteneces”, asegura.

La daga que Damián utiliza en cada sacrificio es de la India. Este afilado cuchillo acabó con la vida de más de dos mil animales y fue un regalo de su padre que heredó tras su repentina muerte. “Tiene un valor sentimental. Me ha acompañado exactamente en dos mil 345 rituales, sacrificios, las mismas dos mil 345 personas que han cambiado su vida”.

Desde decepcionados sacerdotes de la fe católica hasta ocho miembros del cártel de Sinaloa acuden a él para transformar su vida a cambio de entregar sus almas a Lucifer. “No me corresponde a mi hacerlo público, pero te puedo decir que hay gente del cártel de Sinaloa que pactó con el diablo a cambio de protección. Fueron ocho miembros del cártel, entre ellos, dos cabecillas. También lo hizo el grupo llamado: Los Zetas, tres de ellos pactaron por dinero”. Ahijados y clientes acuden a él en busca de beneficios económicos o, los que tienen dinero, en busca de protección. De una vida sin ataduras.

“Lucifer fue expulsado del paraíso porque buscó lo mejor para la humanidad, quería libertad, libre albedrío. Está en las escrituras. Se reveló ante el régimen de un Dios que nos quiere tener sometidos. Y de ahí para acá, se le inventó que tiene cuernos, una cola, que Lucifer asesina, que es mentiroso, que es malo. ¡Falso! Yo le pregunto a la gente: ¿A cuántas personas asesinó Lucifer? ¡A ninguna! Y, ¿a cuántas mató Dios? ¡Millones! Sodoma y Gomorra. ¿Cuántos crímenes se cometen en nombre de Dios, en el Medio Oriente? Entonces, ¿cuál es el verdadero dios?, ¿cuál es el dios bueno?”, nos pide reflexionar, Damián, mientras goza de los placeres y beneficios de seguir en el camino de Satanás.


ESCOLTAS, ALMAS PURAS

Y UN MIEDO RECURRENTE

Hace dos meses, un puertorriqueño le pidió a Damián hacerse un pacto con el diablo. Le fue muy bien. Damián recibió por la venta de aquella alma, 53 mil dólares, que es el equivalente al 7 por ciento anual de lo que gane su cliente luego del pacto. De Rozo, ha llegado a hacer 80 pactos al mes, en todo el mundo, y dice que también se puede hacer vía correo, en 25 días. Solo debes seguir sus reglas y sacrificios al pie de la letra.

“Cuando tú haces el pacto con el diablo y Lucifer te empieza a dar riquezas durante el primer año, yo cobro, obviamente. ¿Cuánto? el 7 por ciento de lo que Lucifer te dé. En este momento tengo alrededor del mundo tres mil 5 ahijados. Gano dos millones de dólares o más en un año”, especula el mejor amigo de Satanás en la Tierra, sobre una fortuna que se materializa en apartamentos en Cartagena, Miami y Dubai. Además de 12 autos de lujo y un grupo de seguridad conformado por una escolta de 12 mujeres vírgenes.

“La gente se pregunta: si Lucifer lo protege, ¿para qué necesita escoltas? Bueno, pues, si voy a un centro comercial, la gente ya me reconoce, y no me dejan andar. Es por eso que requiero de un cuerpo armado, de seguridad; para moverme como una persona normal en la sociedad”, explica. Y es aquí donde cabe preguntarse: ¿Por qué mujeres vírgenes? ¿Cómo saberlo? Este enviado de Satanás, asegura que el riguroso casting es aprobado mediante un certificado médico que compruebe la pureza de cada dama o adoradora de Lucifer. “Deben llegar vírgenes para el ritual de iniciación, después se pueden casar o tener relaciones sexuales con sus novios, pero es a Lucifer a quien deben alabar, y entregarse primero”.

Actualmente, Damián vive en Armenia-Colombia, dedicado de lleno a la obra de Lucifer. Pasó de vivir en una familia promedio colombiana, en la que alternaba su profesión de policía con la de gurú esporádico a renunciar a las Fuerzas Armadas de Colombia, viajar a Cuba, retroalimentarse y dedicarse a la magia negra, luego del pacto. Los ceros de su cuenta bancaria fueron en aumento, por devoción y creencia a Lucifer. A pesar que la policía de su país pensó, en un primer momento, que se dedicaba a algún negocio turbio.

“Me han acusado de lavado de activos, de enriquecimiento ilícito. Pero ninguna acusación es cierta. La policía de Colombia revisó mis cuentas y vio que todo era algo legal. Todos mis pagos están al día. Nada que ver con paramilitares, con narcotráfico, con ese negocio asqueroso que genera millones de muertos alrededor del mundo. No soy un ser humano inmune al dolor ajeno, soy común y corriente. Mi vida se la debo al Ángel de luz, a Lucifer; nomás”, advierte.

Sin embargo, en un comienzo, el “bautizo satánico” que su padre le practicó fue mal visto por sus familiares, que veían sus sacrificios como una señal de alarma e inmoralidad. “Mis hermanas han sido muy católicas, cuando se dieron cuenta que yo había hecho un pacto con el diablo, se asustaron, me hicieron a un lado. Me dejaron de hablar. Pero la doble moral siempre gana, y cuando vieron los beneficios económicos que me traía Lucifer, que les pagaba la renta, me aceptaron como miembro de la familia de nueva cuenta”.

Una controversial profesión que lo llevó a separarse de su esposa, luego de cinco años de matrimonio, cuando ella se enteró que él profesaba una doctrina diferente a la suya, no católica. Fruto de esa relación nació una hija, de tres años, quien asegura tiene libre albedrío en elegir a su guía espiritual: o Dios o el diablo.

Dice estar convencido de que no existe ningún lugar superior, de goce eterno, así sea envueltos en llamas. “El muerto, muerto está. No existe el limbo ni el purgatorio. Los admiradores de Lucifer la tenemos clara. No vamos a ir a un infierno si deseamos a la mujer del prójimo o fornicamos, es falso. Mueres y listo”.

Pienso, entonces, que no existe para él un miedo recurrente, sin ataduras de ningún tipo, sin pecados por condenar. Me equivoco. El enviado del Ángel caído alberga un gran temor en su alma, a la que puso un precio. “Le tengo miedo a morirme. Me da miedo dejar este mundo, donde lo tengo todo. Un lugar donde estoy rodeado de lujos, de dinero, de placeres, una hija a la que no quiero dejar sola”, confiesa, aún sin agonía de fétido olor.