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Lunes , 20.08.2018 / 20:21 Hoy

Álvaro Uribe: “Los escritores estamos falsamente empoderados”

'Caracteres' reúne 52 retratos trazados con ánimo satírico siguiendo la tradición de Teofrasto y La Bruyère, grandes moralistas, que no moralinos


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Álvaro Uribe se reconoce como un ser moral mas no moralino. Ha regresado al relato breve con Caracteres (Alfaguara, México, 2018), donde traza algunas de las contradicciones más arraigadas en la república de las letras. Para exhibir las pifias y miserias humanas, el narrador mexicano recupera el “viejo y olvidado género literario” de los caracteres, que encuentra en la sátira su arma más afilada.

¿Quiénes están detrás del libro?

Está Teofrasto, inventor del género de los caracteres, a quien descubrí por Jean de La Bruyère, un francés del siglo XVII. Desde que tenía veintitantos años me pareció un género fabuloso por su gran flexibilidad. Además, exige cierta depuración y limpieza de la prosa. Si vas a decir algo sarcástico del prójimo lo que menos necesitas es ser barroco. Por otro lado, después de seis novelas entré en crisis y quise regresar a mis orígenes, cuando escribía cuentos o textos breves. Inspirado en Monterroso, me propuse regresar a los caracteres a partir de una columna que apareció aquí, en Laberinto.

Hay un cuestionamiento a la corrección política.

Claro. Es un género satírico que señala la reprobable conducta moral del prójimo. Cuando te das cuenta del comportamiento de los seres humanos se te quita lo políticamente correcto.

¿Por qué predomina la corrección política?

Tiene su razón de ser. La moral, decía Nietzsche, tiene la función de ayudar a los débiles. Los fuertes no respetan la moral y la corrección política se desprende de esto. Lo cuestionable, en todo caso, es la actitud moralina, aquella que busca que todos pensemos de manera unívoca.

¿Qué clase de moralista es usted?

La moral es la conducta que afecta al prójimo y es relativa. En cambio, el moralino es quien quiere imponer sus criterios morales a los demás y yo intento no serlo. Recalco el “intento” porque es muy humano hacer lo contrario. A diferencia de Jean de La Bruyère, quien no se metía consigo mismo, yo sí lo hago; por eso manejo un personaje a quien el narrador le habla de “tú” y que bien podría ser el lector o yo mismo.

A juzgar por sus textos, predomina la moralina en lo que usted llama la república de las letras.

Los escritores estamos falsamente empoderados. Hay una razón propia a la literatura que nos empodera y consiste en que nos profesionalizamos con el instrumento mismo de la moral, las leyes y la gobernanza: las palabras. Por eso es natural que al escritor se le pregunte su opinión sobre cualquier tema, como si su opinión tuviera una atribución especial, cuando la realidad es que no sabemos más que nadie acerca de los problemas reales. En México, esto se acentúa por la forma en que el poder político nos ayuda. Hoy tenemos las becas o la diplomacia, pero desde los virreyes predomina una tradición de apoyo a los escritores para que no nos metamos con los gobernantes.

Usted se ha beneficiado de la diplomacia y las becas.

Sí, pasé de una a otras. Eso naturalmente crea una relación culposa con el poder que no existe ni en los partidos comunistas.

¿Tiene sentimiento de culpa?

Por supuesto. Vivo de ser escritor y editor, pero parte de mis ingresos viene de las becas del Estado y antes de representarlo como diplomático. Eso me coloca en una posición compleja porque puedo ser híper crítico, pero a la vez recibir dinero de una beca. No veo una contradicción entre aceptar dinero del Estado y criticarlo, siempre y cuando haya pleno reconocimiento de que eres parte del establishment. Quienes se niegan a formar parte de esto deberían de salirse. Necesitamos ser congruentes y actuar como pensamos. Si dices que eres de extrema izquierda y estás contra el Estado, pero al mismo tiempo vives en Coyoacán y recibes becas para pagar a varias sirvientas, te diría que eres un cínico porque predicas lo que no vives.

Aquí podríamos incluir a varios de sus colegas.

Hablo de escritores porque son a quienes más conozco. Cuando un intelectual se acerca a un político pensando que gracias a su inteligencia lo hará cambiar de opinión, termina grillado. Ahí tienes el ejemplo de Vargas Llosa: quiso ser gobernante y perdió para bien de las letras. Gracias a su derrota tenemos La fiesta del chivo, una de sus mayores obras. Para gobernar, debes ser más flexible de lo que él parece.

¿Cree en la figura del intelectual orgánico?

Puede haberla. El problema es que asociamos todos los males con la derecha pero también pueden existir en la izquierda. De hecho, el término intelectual orgánico gramsciano era aplicable a la izquierda.

¿Quién sería un ejemplo de escritor moral y no moralino?

Vargas Llosa, entendida la moral como conducta individual. En México no sabría ponerte un ejemplo. De tenerlo, no habría hecho los Caracteres.

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