Más allá de las fronteras

Pensemos que del total de viajes al extranjero, el 70 por ciento o más son viajes de los funcionarios culturales, que se supone están gestionando la visibilidad de la cultura mexicana TODA en el ...
Internacionalización, proceso muy costoso.
Internacionalización, proceso muy costoso. (Especial)

México

La semana pasada hacía un balance positivo de la internacionalización del teatro nacional. Sin duda, no tiene nada que ver el panorama actual con el de hace 20 años. Hoy, la circulación de nuestros espectáculos en los escenarios del mundo es brutal, con apoyos o sin ellos. Porque, además, los grandes festivales comisionan a nuestros artistas escénicos con nuevas creaciones sin esperar —necesariamente— participación de las instituciones de cultura mexicanas.

Como reacción a mi artículo anterior, desde la sabana brasileña se acercó Jorge Vargas, de Teatro Línea de Sombra (18 países y 52 ciudades visitadas), para comentarme lo siguiente, reconociendo por anticipado que la participación de Conaculta es crucial: “Te diría que no somos la imagen que el gobierno de México, éste y los anteriores, quieren dar en el exterior. Nos lo han dicho varias veces. Eso, esta especie de censura disfrazada, solo querría decir en tu realidad que deberás hacer más gestión y más estrategia para alcanzar tu objetivo. Sin embargo, pienso que insistir en solicitar los apoyos a quien corresponda, es defender tu derecho a ser visto o escuchado, porque la difusión es labor sustantiva de esos aparatos y no debieran ser ellos los que eligen qué se ve o qué no se debe ver afuera. Pensemos que del total de viajes al extranjero, el 70 por ciento o más son viajes de los funcionarios culturales, que se supone están gestionando la visibilidad de la cultura mexicana TODA en el exterior. Sabemos que siempre preferirán al Ballet Folclórico, a la Banda de Tlayacapan (con todo respeto) y otras manifestaciones domesticadas y, a veces, disneylandizadas. ¿Y  la apertura y la pluralidad de miradas? Básicamente, lo que pides a los aparatos institucionales es ponerte en el lugar donde te abriste el espacio, fuera o dentro de México. Es muy fácil decirte que no y se acabó. Y si no tienes financiamiento para moverte, que es lo más costoso, se acabó: no circulas aunque tengas la carta de invitación más chingona del festival más extraordinario.

“Nuestra experiencia nos ha llevado a exigir a ciertos festivales que la invitación incluya el caché del grupo y el transporte. Pero si queremos ir, por ejemplo, a Cuba o a Sudamérica, sabemos que vamos a invertir, va a ser gasto del grupo. De esa manera, equilibramos la balanza de nuestros intereses artísticos y de difusión. Un festival que nos invita y  paga todo, nos permite ir a otro lugar que nos interesa pero no puede o no tiene capacidad para el financiamiento que implica programar una obra”.

Llevar el nombre de México al mundo es costoso y tan complicado como un asalto al banco.