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Miércoles , 14.11.2018 / 10:07 Hoy

Alberto Ruy Sánchez: todo lo que hacemos es poesía

Siente que su obra está viva: aún le comentan “en su libro encontré las palabras para decirle lo que siento a la persona que amo”.

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Lo comparte como una anécdota, pero no deja de ser significativo: la traducción al vietnamita de Los nombres del aire, la novela a la que celebra por los 30 años de su publicación, se hizo incluso antes de que fueran traducidos otros autores mexicanos como Octavio Paz y Carlos Fuentes.

“Ninguna de las muchas traducciones que han tenido mis libros han sido el producto de agentes literarios, sino el producto de la pasión de los traductores y los editores al descubrir la novela, lo que hace que todas esas versiones sean particularmente valiosas”, dice Alberto Ruy Sánchez antes del festejo, que se llevó a cabo anoche en la Sala Manuel M. Ponce del Palacio de Bellas Artes, con comentarios de Ricardo Cayuela Gally y una lectura de Sasha Sokol.

Una celebración que adquiere mayor importancia para el escritor cuando recuerda que el libro fue rechazado por distintos editores, hasta llegar a Joaquín Mortiz: “Uno piensa que ellos son los mejores lectores, pero no es así porque no saben lo que piensan los lectores.

“Desde el primer viaje a Marruecos sentí la necesidad de comprender la naturaleza del mundo femenino del deseo a partir de mi ignorancia y de mis limitaciones. Ese fue el arranque de este libro y de todo el Quinteto de Mogador; al principio pensé que serían cuatro volúmenes, pero no fue así porque Nueve veces la sombra es una introducción, y Los nombres del aire fue pensado como un fragmento que tuviera unidad en sí mismo”, añade el autor.

En el año de la publicación de Los nombres del aire, la novela recibió el Premio Xavier Villaurrutia de Escritores para Escritores, y después fue traducida a varios idiomas: inglés, árabe, francés, italiano, portugués, alemán y turco, debido a que “mujeres de lugares tan distintos sintieron que la historia del libro les hablaba, y eso no deja de alegrarme.

“Nunca he dejado de sentir que la obra está viva, porque aún hay jóvenes que me dicen: ‘En su libro encontré las palabras para decirle lo que siento a la persona que amo’. Eso es siempre nuevo, pero no lo entiendo como un mérito mío porque el esfuerzo que hice quedó hecho a partir de la publicación. Si hay un mérito es de los lectores y de la continuidad en la oferta del libro que han mantenido los editores”.

La naturaleza del deseo

Una década antes de la aparición de Los nombres del aire, en 1987, Ruy Sánchez viajó a Marruecos, donde descubrió una manera distinta de comprender la naturaleza humana, en particular la femenina. De ella se han publicado unas 33 ediciones distintas.

El Quinteto de Mogador se completa con En los labios del agua, Los jardines secretos de Mogador, Nueve veces el asombro y La mano de fuego —todas aparecidas en Alfaguara—, donde se refleja el interés del autor por abordar la naturaleza del deseo femenino y la necesidad de compartirlo, con una prosa en la que se pierden los límites entre la narrativa y la poesía.

“Siento que todo lo que hacemos es poesía; toda expresión escrita parte de ella... Pero pienso que la poesía es origen de la literatura, está en la raíz de todo lo que hagamos”, enfatiza Ruy Sánchez en entrevista con MILENIO.

Para escribir Los nombres del aire el literato inventó un término para tratar de explicar la estructura del libro: prosa de intensidades. Aun cuando en realidad no se había preocupado en el género, “escribí lo que necesitaba escribir. “Lo importante es que un libro, que es distinto, tenga el derecho de existir y esa batalla también está en la obra que publicaré pronto. Mis libros no son fácilmente clasificables dentro de los géneros, y no porque trate de romperlos: no parto de ellos, sino de lo que necesito decir”.

A 30 años de la publicación de la novela origen de Mogador, su universo literario, Ruy Sánchez reconoce que todo el ciclo surgió no tanto de lo que encontró en la cultura árabe, sino de lo que ésta le ofreció para saber “lo que está vivo de esa cultura en nosotros.

“El contraste en la manera en que las mujeres se relacionan entre ellas y con los hombres, me permitió mantener viva la pregunta sobre la naturaleza del deseo femenino. Los nombres del aire no pretende ser un libro sobre la mujer islámica, sino acerca de una dimensión humana, profunda, que nos afecta a todos, que es la dimensión del deseo”.

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