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Agua en movimiento

Lo que comenzó como un montaje escénico pasó de un espacio teatral a esta sala de Museo de la Luz, donde la instalación invita a la participación de la gente

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Conocida por sus aventuras vocales en grupos como Muna Zul, Los Aguakates y Proyecto Gecko, Leika Mochán comenzó en el canto en proyectos enfocados en el teatro y el performance. Por ello no es sorpresiva su participación, junto con Paula Rechtman, Ana Rechtman y Jésica Elizondo, en Erosional, instalación habitada, que se presenta en el Museo de la Luz (San Ildefonso 43, Centro Histórico).

Dice Leika que “se trata de una instalación inspirada en el agua, a partir de la preocupación de lo que está ocurriendo con ella en el mundo, particularmente en la Ciudad de México. Por ejemplo, en la entrada hay unas grandes cadenas en las que escurre un agua jabonosa todo el tiempo. Hay contenedores de este líquido sobre bocinas de diferentes tamaños y, dependiendo del sonido, de por cuáles notas pases, algunas hacen que el agua reviente o que formen unas ondas en círculo. El agua responde diferente a distintos estímulos”.

Con un sistema de luces, los contenedores también se reflejan en las paredes blancas. “Lo que se ve a simple vista es una cosa —indica Paula Rechtman—, pero lo que se refleja en la pared son formas y dibujos que no se perciben en los contenedores. También hay unas bocinas con unos pequeños alambres que se meten al agua, por lo que el sonido afecta directamente al líquido”.

Lo que comenzó como un montaje escénico pasó de un espacio teatral a esta sala de Museo de la Luz, donde la instalación invita a la participación de la gente. Por ejemplo, se grabó una música producida por unas botellas de vino, que se reproduce como un loop que afecta al agua. Los visitantes son inducidos a producir música con estas mismas botellas o bien recurrir a un micrófono para ver las reacciones que el líquido tiene ante el entorno sonoro.

En Erosional, dicen sus creadoras, “se conjugan distintas áreas del conocimiento, las cuales coadyuvan a crear un lenguaje abstracto, sensible y sutil que ofrece reflexiones a través de imágenes, luces, sensaciones, sonidos y movimientos”.

La instalación ha llamado la atención de varios integrantes de la comunidad artística que han participado en varias ocasiones y lo seguirán haciendo durante su estancia en el Museo de la Luz hasta el 30 de junio. Sábados y domingos, a la una de la tarde, músicos, bailarines, poetas y artistas plásticos estarán “habitando la pieza”. El propósito es hacer arte a partir de estímulos, ver cómo reacciona el líquido vital frente al sonido y el movimiento que la creatividad de los participantes le brinde.

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