Agatha Christie, la pluma detrás del crimen

El 12 de enero, el mundo conmemora la muerte de la escritora británica más vendida en el mundo, responsable de saciar el hambre de misterio que mantienen millones de lectores.
Agatha Christie
Agatha Christie (Especial)

Ciudad de México

Podría decirse que el siglo XX comenzó diez años antes. En 1890 el mundo ya respiraba los aires del nuevo siglo: en Europa, la sensación esperanzadora que suscitaba el futuro era palpable en todas partes.

En Francia, el ingeniero Clément Ader hacía volar el primer avión de la historia, el Éole; una de las zonas más importantes de La Rioja, España, descubría por primera vez las maravillas del alumbrado eléctrico; Buffalo Bill, el cazador más popular del salvaje Oeste, deslumbraba a Barcelona con sus habilidades circenses y Oscar Wilde publicaba esa pequeña genialidad llamada El retrato de Dorian Gray.

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Pero 1890 también fue el año en que el mundo recibió a la que se convertiría en una de las plumas más colosales de la literatura universal, capaz de diseñar entramados rompecabezas policiacos que por años han mantenido atónitos a millones de lectores.

Como suele ocurrir con los grandes genios del arte, la pequeña Agatha fue una niña tímida. Prefería la compañía imaginaria de personajes gestados en su mente a la frivolidad de las muñecas de trapo.


Amante de la música de Bach, estudió piano durante buena parte de su adolescencia. Según cuenta en su autobiografía, pudo llegar a ser una pianista profesional, pero su tendencia al pánico escénico la alejó del instrumento de las 88 teclas.

Criada con el rigor de los dogmas victorianos, tuvo que arreglárselas para aprender a leer, pues su madre consideraba que las niñas no debían adquirir esa habilidad hasta después de los ocho años. No obstante, estimulada por las historias infantiles que se contaban en aquellos años, comenzó a explorar su propia imaginación literaria.

Así, a los 18 años ya había desarrollado un oficio sólido con la pluma y logró publicar algunos cuentos deslumbrantes en fanzines y revistas.

En 1912, conoció a Archie Christie, un piloto que recién se había unido al Real Cuerpo Aéreo británico, con quien se casaría un par de años más tarde, en uno de los momentos más críticos de  la Primera Guerra Mundial.

Su primera novela —escrita en su mayoría mientras trabajaba como voluntaria de enfermería en los años de la guerra— fue producto de una provocación fraternal: Madge, su hermana, la había retado a escribir una buena historia detectivesca. Fue así como surgió El misterioso caso de Styles, que sería publicado cinco años después, tras ser rechazada por seis editores.


El mito del asesino y una hazaña en la vida real

Las historias de Christie han inspirado decenas de lugares comunes en la ficción. Uno de ellos, quizá el más extendido, es el que atribuye al mayordomo la responsabilidad del asesinato en torno al cual se desarrolla la historia. No obstante, este cliché no se registra en ninguna de las 66 novelas policiacas que publicó.

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Otra anécdota cuenta que, varios años después de morir, le salvó la vida a una niña. Los médicos desconocían la afección que causaba el deterioro de su salud, hasta que una enfermera recordó que en El misterio de Pale Horse, la escritora sugirió que su víctima había muerto por envenenamiento con talio. Sin un mejor diagnóstico, la paciente fue sometida a las pruebas necesarias y, como si se tratara de otro de sus relatos, el misterio se resolvió.

Tres personajes fundamentales

  • Hércules Poirot

El gran protagonista de la literatura de Christie. Un oficial de policía belga con un bigote digno de su ego colosal. Protagonizó más de 30 novelas y narraciones cortas, además de un buen número de películas basadas en los textos de Christie.

  • Capitán Hastings

El inseparable compañero de Poirot en 11 novelas. A menudo se le compara con el doctor Watson en Sherlock Holmes.

  • Miss Jane Marple

Una mujer inglesa con un profundo instinto detectivesco. Suele acertar cuando la policía se declara incapaz de resolver el misterio. Su primera aparición fue en Muerte en la vicaria, de 1930.


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