Un acto de hipnosis

Desde Conrad hasta Vargas Llosa, entre otros, desfilan por estas páginas, de las cuales se construyen madejas entre la ficción y reflexión.
"La piel de un escritor". Alfonso Cueto. Fondo de Cultura Económica. México, 2014.
"La piel de un escritor". Alfonso Cueto. Fondo de Cultura Económica. México, 2014. (Especial)

México

Escribir, desnuda; leer, cobija. Leer y escribir le han permitido a Alfonso Cueto (Lima, 1954) dialogar consigo mismo en medio de un interminable laberinto. Revisar sus reflexiones relacionadas con el proceso creativo remite a pasear por distintos momentos clave de la literatura.

Desde Arguedas, Borges, Kafka, Shakespeare, Cervantes, Cortázar, García Márquez, Proust, Melville, Onetti, Conrad hasta Vargas Llosa, entre otros, desfilan por estas páginas, de las cuales se construyen madejas entre la ficción y reflexión. Son los hilos de un tapiz, nunca desdibujado, que se nutre de aquí y de allá. Por ejemplo, el ideal de Virginia Woolf se sustenta en que el lector no debe darse cuenta de cómo se han ido elaborando los bocetos para la formación de una novela. Su finalidad es que la obra acabada, muy elaborada, conserve todas las cualidades del esbozo. Ella se ocupa de la vida cotidiana, ha dejado claro que no le interesan los personajes complejos ni los héroes de la novela clásica; por esa razón los seres de sus historias resultan ser, la mayoría de las veces, puntos de referencia, lo esencial para Woolf queda sustentado en el asombro ante la vida.

Alfonso Cuento recuerda cuando un joven le preguntó a Faulkner cuáles eran los temas que debía seleccionar para escribir. Y el narrador le respondió: “Escriba sobre la condición humana, eso nunca pasa de moda”. Precisamente sobre la condición humana y la escritura es lo que se aborda en este libro. Hoy no leemos novelas sólo para divertirnos. Les exigimos a los autores cualidades literarias y humanas. La honestidad del escritor es, sin duda, uno de los valores que podemos percibir en la novela. (El no traicionar sus convicciones: por ejemplo, en evitar que una novela histórica se convierta en un panfleto, como ocurre en algunos de los libros que se ocupan del Movimiento Estudiantil del 68).

En otro apartado, refiere que Faulkner observa al silencio de la lectura como el “silencio lleno de truenos”. Porque “leemos en silencio, escribimos en silencio; sin embargo, “en ese silencio truenan las más grandes experiencias de la vida”. En ese sentido, concluye que el propósito al escribir y leer es alcanzar un silencio lleno de resonancias. “Encontrar el flujo de las palabras adecuadas, aquellas que puedan estallar en la página en blanco, liberando sus sonidos y ruidos y susurros ocultos y privados, mismos que vienen de las zonas más profundas de la psique de un escritor”.

Acaso la más certera definición que proporciona Alfonso Cueto es cuando apunta que leer (como soñar) es un acto de hipnosis.