Aburridas subtramas

Cuando salimos de la función nos damos cuenta de que el autor intentó mostrar una anestesia que no logra su objetivo.
Solo se intenta trazar un entramado que va haciéndose insípido.
Solo se intenta trazar un entramado que va haciéndose insípido. (Especial)

México

Un matrimonio de mediana edad duerme; son las tres de la mañana cuando el timbre suena de forma insistente. La pareja despierta con los pelos de punta; el marido va al interfono y escuchamos gritos histéricos de un hombre que pide auxilio. Así empieza Anestesia, que atrapa a los 60 segundos de película. Excelente.

Es obvio para cualquier persona en este problema que es difícil tomar una decisión —no debemos olvidar la situación que plantea Anthony Burgess en Naranja Mecánica, que después Kubrick hizo literalmente una obra maestra—, y por eso el marido muestra buen juicio y decide lavarse las manos porque sabe que salir puede ser peligroso; en este momento sucede lo inverosímil, lo que muestra un mal manejo de la situación dramática y el suspenso: la esposa, como si estuviera bajo los efectos de una droga, pone al marido en jaque porque le dice que si no baja él, baja ella. Entonces el blandengue marido le hace caso a la sinrazón y decide bajar por decisión de autor, no de personaje. En este momento el filme se cae a pedazos, como si estuviéramos en el edificio Nuevo León en aquel fatídico terremoto de 1985.

A partir de aquí nos damos cuenta de que la película narra historias construidas a pedazos, muy lejos de lo que Robert Altman logró en Vidas cruzadas en 1993, es decir, historias que emocionan porque están tratadas en la línea de una estructura clásica donde se abordan el planteamiento, el desarrollo y el final. Pero las narraciones de Anestesia carecen de esa trama argumental. El conflicto del drogadicto se diluye, no conduce a ningún lado, se hace exagerado; el ama de casa alcohólica es insustancial, típica de telenovela barata; el hombre que miente a su mujer arguyendo que se fue a China, jamás avanza un centímetro porque no justifica nada; el cáncer en el ovario de la esposa, así como los escuincles que fuman mota, son subtramas aburridas porque no se mueven un milímetro, característica que se repite constantemente en el cine estadunidense actual, donde no pasa nada nuevo y solo intenta trazar un entramado que va haciéndose insípido porque carece de un argumento que pide a gritos un conflicto que le dé cohesión.

Cuando salimos de la función nos damos cuenta de que el autor intentó mostrar una anestesia que no logra su objetivo, pues quedamos tan despiertos que la repetición cinematográfica que sucede todo el tiempo en el cine gringo y que simplemente trata de llamar la atención, pretende que el aburrimiento sea entretenido como las películas de James Bond.

"Anestesia" (Estados Unidos, 2015), dirigida por Tim Blake Nelson, con Glenn Close y Kristen Stewart.