"El abstracto tiene un trabajo de miles de sentimientos profundos"

La plenitud espiritual que alcanza pintando es resultado de su entrega a la energía que la habita.

HABLAR CON LOS MATERIALES

Estudié con Ignacio Salazar, nos enseñó a cuidar la calidad de sus materiales, pintar con lo mejor, lograr una buena factura, una buena piel en tu cuadro. Desde ahí empecé a trabajar y a dialogar con los materiales, un tiempo estuve pintando solamente acrílico, que es un lenguaje distinto y después me adentre en el óleo que es mucho más complejo, es otro lenguaje totalmente. Es muy interesante trabajar varios materiales, cada uno va a hablar de una cosa distinta, cada tono, cada matiz habla de sentimientos de nostalgia, de tristeza, alegría, trato de expresar todo ese tipo de cualidades mínimas y sutiles en este contraste, que finalmente la pintura es trabajar con contrastes.

CUERPO Y ALMA

Empiezo a experimentar con el material como una buena bailarina que aprende técnicas con su cuerpo y luego baila, entra el espíritu, esa energía divina. Pinto desde ese espacio, mi camino ha sido espiritual desde hace varios años, tuve un psicoanálisis holístico durante ocho años: cuerpo, mente, alma y espíritu y eso me llevó a ser una persona íntegra. Lo que busco es la integridad como ser humano y conocerme a mí misma. Ese trabajo interno es el que pretendo plasmar en mi pintura, que tenga alma, cuerpo. Cada pieza que termino tiene alma pero necesito el buen oficio, la factura para poder expresar eso.

CONOCER EL SER

Pintar es esa búsqueda espiritual. Es un trabajo muy profundo, es conocerme a mí misma, que duele muchísimo, que nadie te dice lo difícil que es. Cuando llegué con mi psicoanalista me enfrentó con mi personalidad, con ese ego y lo más curioso es que primero hay que fortalecer ese ego para deshacerte de él y entonces empezar a navegar de otra manera. El abstracto no son rayones, tiene un trabajo de miles de sentimientos profundos porque a mí no me gusta hablar de emociones, tengo que ir a más. Cuando pinto es una meditación profunda, pido al Universo trabajar a través de esta energía, plasmarla y que sea un espejo para mí, para el espectador, porque esa energía que yo tengo, tú la tienes y todos. Pretendo que el cuadro sea un espejo que tú veas y digas: Hay algo más allá de la técnica que es un reflejo de mi propia energía divina, por eso trabajo con mantras.

LA LUNA DE VIRGINIA CHÉVEZ

Empiezo a rayar, a ensuciar y a escribir, me gusta muchísimo el Om mani padme hum, el mantra del muro de la compasión, es muy poderoso, carga a la pieza. En esta ocasión, antes de pintarlo hice un bordado sobre el lino de un poema de Ana María Zaldivar, ella fue mi psicoanalista durante ocho años, es un verso sobre la Luna, está dentro del elemento pictórico, es la parte femenina, porque la Luna me remite a esa energía. Pretendo ser un vehículo de esa energía para que sea un espejo de lo que tú eres y entonces me divierto muchísimo pintando, hay quienes sufren, yo no. A mí me interesa muchísimo la luz, pero la luz que viene de la oscuridad; la luz de esa personalidad tan trabajada. Hay una luz porque estás iluminando la oscuridad y también me gustan mucho los colores metálicos porque son destellos de luz que sorprenden y dan el flashazo en una sombra, busco la luz en el contraste con la oscuridad. m

SEMBLANZA

El psicoanálisis holístico la arrojó a pintar desde el conocimiento de sí misma, con veinte años en el oficio esta profundización continúa, y del dolor va al placer de pintar. La técnica y los materiales funden un cuerpo al que ella le entrega el alma.