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Jueves , 19.07.2018 / 03:14 Hoy

A solas con nadie

Sé que las personas terminan por alejarse, viviendo juntas o separadas, con hijos, sin ellos, peleando por propiedades, muebles, cuentas bancarias, deudas, negocios o gatos.

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Susana Iglesias

Los lunes son los mejores días para beber y después: irse a la cama con alguien, alguna vez le dije esto a E. Me recupero poco a poco, después de perderlo todo, viene algo peor: la creencia en tiempos mejores. Ningún tiempo fue mejor, no engañes tu escasa inteligencia. Agonía. Una especie de taquicardia recorre mi cuerpo, la cabeza se estremece entre palabras no olvidadas, algo no va bien dentro de mi cabeza desde hace tiempo, ponerle remedio besando algún revólver sería un acto de caridad y amor. Morir en alguna blanca mesa de plástico de las piqueras de la Glorieta de los Insurgentes fue una especie de premonición, una pesadilla recurrente los lunes por la mañana, así que me alejé de aquellas blancas mesas a tiempo. Coltrane me acompaña, como aquella noche.

—¿Qué te sucede?

—La aborrecible vida.

—Mátate.

—Matarme sería reconciliarme con la humanidad.

Le grité exigiendo que manejara lo más lejos posible de mi, ¿quién se cree? Arrojé su bolsa por la ventana, aulló reclamando por el costoso maquillaje, peine de plata y un frasco de Fireplace. Replica.

—Mugroso.

—¿Por qué no regresas por tus objetos, seguro te están esperando, ¿sabes? no están vivos, puedes hacer con ellos lo que quieras, tú los compraste, si les escupes no te dirán nada.

—No puedes comprarte ni una bolsa de aire, ¿escritor? Tú no eres escritor, no eres nadie, si te suicidaras no podrías pagarte el funeral.

—Lo harías tú. Contrátame un servicio de lujo.

—Te empujaría, siento lástima por ti.

—No me avientes discursos, siento como si estuviera frente al padre de tu iglesia favorita: la redención. Empujarme sería salvarme. Las personas que intentan salvar a otros son la escoria más torpe. No sientes lástima, es amor.

Un arrancón violento sobre la desierta avenida Constituyentes, Coltrane y su Blue Train estremece mis pensamientos. No es tiempo de discutir por algo que no tiene remedio, no puedo comprarme una bolsa de aire, no puedo pagar mi funeral. Ella acelera, toda cabello y piel luminosa, solo en esos tobillos delgados y estrechos lucen bien unos zapatos Valentino. No intentes meter un hermoso par de Valentino en tobillos gordos o toscos. Las agujas se verían deformes o quedarían hechas trizas en un cuerpo con sobrepeso. Su cuello es un paisaje violento. Me acaricia con una mirada furtiva. Acelera otra vez, no se detiene. Tal vez un recuerdo la atormenta, ahora sus piernas aprietan mi mano furiosamente. Ese momento me rompió por dentro, sus ojos estaban a punto de entregarme una mirada de repulsión. Recuerdo que acaricié hábilmente aquella mano crispada, los ojos se ablandaron, el cuello se volvió hermoso al dejar atrás la tensión. Me hubiera gustado tener un cuchillo para cortarle el cuello, ¿a ella? Dispararme, estoy seguro, lo dijo la primera vez que me permitió adentrarme debajo de su falda. Soy un personaje, estoy seguro que no me censurará el ámbito académico o el gobierno francés como a Céline: un escritor más grande que yo, nadie censura a pobres diablos. La sensibilidad de la época exige escribir personajes agradables. Algunos críticos o escritores fracasados se empeñan en actuar como policía de la Literatura. Solo me interesa obtener una botella, levantarme después del mediodía, escribir. Dirán que soy un personaje adolescente, ¡como si en la adolescencia existiera el libre acceso a una botella o levantarse al mediodía!, qué va. En la adolescencia miraban televisión. Su vida adulta transcurre en el despacho de abogados, la sala de contabilidad, la eterna universidad, están sangrando en la oficina desde temprano. Soy agradable, aunque sientas asco al leerme. El asco, al igual que el odio, es un sentimiento noble. Acaricié aquellas piernas mientras ella aceleraba, dio vuelta en Ignacio Esteva. Funcionó el viejo truco para calmar a una perra enfurecida. No, yo no llamo perras a las mujeres para insultarlas, ni en un tono despectivo o misógino, no temo a las mujeres, los misóginos les temen, son cobardes pusilánimes que tachan a grandes mujeres de locas o de histéricas. Las perras son animales nobilísimos. Constituyentes quedó atrás.

No puedo olvidar el sonido del claxon, un portero dormido abrió aquella puerta.

—¿Por qué me traes a tu casa? No soy más que un miserable que no puede pagar su funeral.

—Bésame.

—Aquí no.

—¿Por qué?

—No quiero. Abre la ventana, tengo un ataque de pánico.

—Bésame.

—Solo si abres la ventana.

Constituyentes queda cerca. No queda lejos la Glorieta de los Insurgentes, tal vez prefiero morir en aquellas blancas mesas, ¿existirán? Tal vez se las tragó una vez más la estúpida modernidad. El portero espera pacientemente. Está acostumbrado a obedecer los caprichos de estas personas que lo humillan con un sueldo miserable.

—Tendrás que romper el vidrio para bajarte. No abriré la ventana.

Sonrió, lo había hecho semanas atrás con un martillo que ella levaba siempre bajo el asiento para defenderse de una posible agresión, ¿deseaba que lo hiciera otra vez? Nadie puede descifrar lo que una mujer desea realmente.

—Sé que no estás loca, ¿qué te pasa?

—¿Qué vas a entender tú?, ¿qué puedes entender tú de nada? No sabes ni por qué estás conmigo.

Me sorprende la tibieza en las personas, si les contara a otras mujeres y hombres de ti, no se reirían, estoy seguro que tu personaje provocaría deseo de amarte.

—Todos son tan hipócritas, se besan en lugar de romperse la cara. Maricas, son maricas.

—No digas esa palabra, no se escucha bien en ti. Tus zapatos son hermosos.

—¿Más hermosos que yo?

—Sí.

Me abofeteas con fuerza, muerdes mi boca, después me besas apretándome los brazo con las uñas. El portero está ahí mirándonos. Puedo sentir las miradas de miedo. En un movimiento rápido, sacas mis llaves de las bolsas delanteras de mi pantalón.

—¿Tú crees que por unas llaves me quedaré?

—Tiraste mi maquillaje, te odio.

—¿Por qué te importa el pasado?

Entonces la besé, aquello me salvó de las agujas de sus Valentino en mi rostro. Las mujeres más hermosas arrojan zapatos o te marcan la cara con ellos. La ventana se abrió, me deslicé. Ella arrojó las llaves.

—¡Jálatela recordándome!

—Lo haré.

Sigue tu camino en la noche, con tus zapatos, con ese cuello crispado de rabia cuando te contradicen. Siempre tendré un mejor camino que el tuyo, no tengo nada que perder. Constituyentes, la avenida desolada que me recuerda el vestido que llevabas en nuestra primera cita. Bajo por la avenida en pasos grandes como la noche.

Sonó el teléfono.

—¿Estás solo?

—Siempre estoy solo. Me has dejado solo.

—Claro, te lo mereces, todos los idiotas ingenuos como tú, tienen lo que se merecen.

—Todos, es cierto.

—¿Dónde estás?

—A dos calles de tu casa.

—Pediré que te abran, pobre diablo.

Una vez más, el mismo sillón negro, nueve sillas Miller, una ventana que nos permite ver la ciudad. La impecable duela, paredes blancas, el tragaluz, tus gatos.

—Te sigo, sé lo que haces cuando no estás conmigo.

—¿Por qué pierdes el tiempo de esa manera?

—Jamás pierdo algo, siempre gano. Tonto.

—Eso es verdad.

—Quería decirte algo: no hay empatía. Cuando quieres dormir yo no. Quieres escribir cuando quiero salir, pierdes tu vida, estás perdiendo el tiempo. No quieres coger, quieres leer, me aburre. Quieres que hablemos, yo no quiero hablar.

—Hablar siempre hace daño, me gusta hablar.

Desde aquella noche, sé que las personas terminan por alejarse, viviendo juntas o separadas, con hijos, sin ellos, peleando por propiedades, muebles, cuentas bancarias, deudas, negocios o gatos. Sigo amándote, no del modo en que tú me amas. Lo tuyo es maldad, maldad deliciosa, instintiva. Coltrane me acompañará siempre sin preguntarme nada. Destapo otra botella. No me importa lo que otras personas puedan significar para ti, en cualquier momento o lugar nos podemos enamorar de otros. Necesitamos un tipo de personas para amar y existen otras que nos sugieren destruirlas. Constituyentes jamás estará lejos.

* Escritora. Autora de la novela "Señorita Vodka" (Tusquets).

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