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Domingo , 21.10.2018 / 16:46 Hoy

A pesar de la crisis, los mariachis cantan y no lloran

En Puebla, el mercado de El Alto, mejor conocido como Garibaldi, reúne a agrupaciones de músicos que ofrecen personalmente sus servicios, ajustándose a las necesidades y peticiones del cliente.

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Sin cobertura médica, prestación social o salario fijo, además de horas de espera a que llegue un cliente, parroquianos que en estado de ebriedad se niegan a pagar o que incluso los “corran” a punta de pistola tras tenerlos por horas tocando, son algunas de las vicisitudes que viven los mariachis que se localizan en los alrededores del mercado de El Alto, también conocido como Garibaldi.

Pero también han disfrutado de la alegría de un pedimento de casamiento, un bautizo, celebración de cumpleaños o “el simple gusto de disfrutar de la música vernácula”, señala Don Rafael Hernández, quien asegura que suma más de 30 años en el oficio de ser mariachi.

Él, bromeando cuenta que viene de la Ermita la Fragua, Puebla, “prófugo de la tierra”, aunque después corrige y menciona que fue por gusto, “porque el ser mariachi ya lo traía, solo necesitaba un empujoncito”.

El solista de la agrupación Sentimiento Ranchero menciona que en ocasiones interpreta de 40 hasta 50 canciones, “y cuando no hay trabajo no canto ni una al día”.

Aunque vanidoso cuenta que en su casa siempre canta. “Siempre a mis hijos”, acota.

Se dice orgulloso de su oficio, aunque éste no sea atractivo para ninguno de sus hijos, quienes rechazan emularlo. “Nadie. Ninguno. No les gusta esta profesión de borrachos”.

Menciona que ninguno en su familia es músico o perteneció a alguna agrupación de mariachis, por lo que presume que él es el único en esta brega, que combina con la siembra del campo.

Reconoce que su único instrumento es la voz, pues desconoce la ejecución de alguno de los utensilios que se emplean en este género. Aunque todos le gustan, se dice atraído por la vihuela y el guitarrón, que acepta son difíciles de tocar.

Informa que para poder cumplir con esmero con su oficio, él vocaliza cuatro días a la semana, mientras que con el resto de la agrupación ensaya tres días. “Ya nos juntamos aquí, cada uno pone su parte y ya sale la canción”.

Señala que las canciones que más le solicitan son “Por tu maldito amor” y “Mujeres divinas”. Aclara que a él todas le gustan y si alguna le desagrada igual la tiene que cantar porque el cliente se la pidió. “Le gusta al cliente y la tengo que cantar”.

Añade que todo tema tiene su grado de dificultad para ser interpretado, es por ello que ellos tienen que practicar constantemente.

Cuenta que cuando canta se inspira en el artista que ejecutó inicialmente esa canción y que admira al cantante tapatío Federico Villa, quien entre otras melodías interpreta “Caminos de Michoacán”, “Puñales de fuego”, “El Cara Parchada”, “La Manda”, “Mi terruño” y “Sólo me haces falta tu”, entre otras; así como a Javier Solís.

“Javier Solís es el chingón y seguirá siendo el número uno”, acota, mientras enumera algunos de los temas que cantó. “Todas llegan, depende del sentimiento de cada quien, pero ahí está ‘Esclavo y amo’ y ‘Loco’”, abunda.

Sobre sus malas experiencias recuerda varias, “pero en casi todas tienen que ver cuando el cliente ya está tomado y saca la pistola y nos corretea”.

Las mejores vivencias con su agrupación son los pedimentos de casamiento. “A ninguno lo han rechazado y menos si va el mariachi, menos”.

Abunda que la mejor canción para pedirle la mano a una mujer es “Novia mía” y continuando con sus bromas asegura que si pudiera volver a pedirle a una dama que se casará con él le cantaría “Te quiero más que a mis ojos”, que popularizó Pedro Infante.

Apunta que si alguna persona está interesada en contratarlos sólo tiene que acudir al citado mercado y localizarlos. “Aquí vienen, aquí nos contratan y nos llevan a las chambas”.

EL ÚNICO DÍA DEL MARICHI ES CUANDO CELEBRAMOS A SANTA CECILIA

Para Ángel, quien rechaza proporcionar sus apellidos y el nombre de la agrupación que integra, el único día del mariachi es el 22 de noviembre, cuando se conmemora a Santa Cecilia, una virgen que fue mártir de la iglesia cristiana primitiva que tocaba el órgano y cantaba, y que actualmente es conocida por ser la patrona de los músicos.

“Todo lo distorsionan e inventan. Ella (Santa Cecilia) es la patrona de los músicos y por eso ese día lo celebramos los mariachis”, reprocha.

Aunque se le explica que el 21 de enero se celebra en México el Día del Mariachi, reconocido como Patrimonio Inmaterial de la Humanidad por la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencias y la Cultura (UNESCO), establece que en el mercado de El Alto ninguno celebra ese día.

“No. Definitivamente ni sabíamos que ese día se conmemora a los mariachis”, expresa.

Destaca que ve difícil que se realice algún evento, como una misa o comida, tal y como sí ocurre en noviembre.

Se le cuestiona por cuántos elementos está conformada su agrupación y responde que varía, porque narra que cuando no se completan se les unen integrantes de otros grupos. “El chiste es sacar la chamba”.

Pero señala que la mayoría de los mariachis tienen más de diez integrantes, pero aclara que esto tampoco es un requisito.

“Hay ciertas canciones que requieren por lo menos una guitarra, cuatro violines, un guitarrón, una vihuela y una trompeta, y mientras los tengas ya sacaste la canción. Pero como te digo, el número de instrumentos e integrantes varía. Incluso con dos violines hemos sacado la chamba. Aquí lo que la gente busca es la economía y mientras te ajustes, ya la hiciste”, explica.

Se le pregunta si es costeable dedicarse a ser mariachi y confiesa que no, porque la gente cada vez contrata menos y cuando lo hacen siempre piden pagar menos.

Quieren bueno, bonito y barato, y, pues no siempre se puede. No toman en cuenta que nuestros instrumentos son caros, que hay que darles mantenimiento, que tenemos que pagar el transporte, la renta del inmueble donde ensayamos y que sirve de nuestra oficina. Algunos no tienen otro empleo y aquí no hay un salario fijo ni prestaciones y si te enfermas cómo le haces”, lamenta.

Completa que otro gasto que tienen que hacer es la adquisición de sus trajes de charros, “que, aunque hay de precios, no son nada baratos. Casi todos tenemos en color negro y blanco, eso nos permite ‘acompletar’ a otros grupos. Sólo nos cambiamos al color que tenga la mayoría y vámonos”.

Se le indica que en otros países han surgido también grupos de mariachis y que incluso en algunas latitudes, como en Nueva York, la Academia de Mariachi concentra a los hijos de migrantes mexicanos para enseñarles música con maestros, esto con el propósito de preservar esta tradición, pero de forma profesional.

Se le destaca que incluso esta iniciativa comunitaria del Centro de Música y Danza Tradicional (CTMD) estableció que sus integrantes y egresados deben de portar con honor el traje de charro, por lo que prohíben los colores estridentes, como el rosa, y los bailes durante la ejecución de los temas, lo que no se cuida aquí.

“Mire, mientras el cliente lo pida lo tenemos que hacer. Creo que eso ya es una decisión personal, que se debe de respetar. Ahora sí que cada quien su gusto. Hay mucha gente que nos pide el ‘Osito polar’ o ‘Soy el aventurero’ y en esas canciones por fuerza quieren que bailemos, pues lo tenemos que hacer. No creo que nos denigre o les faltemos al respeto a nadie o al traje de charro”, alega, tras lo cual pide terminar la entrevista y se aleja ofreciendo sus servicios a los automovilistas que circulan por la 14 Norte y la 12 Oriente.

Mientras eso ocurre detrás de una cortina de color azul con blanco se escucha un pasaje del “Son de la Negra”, que de forma intempestiva se corta. Tras unos segundos, se reanuda el tema, que se contempla está dedicado a una locomotora, ya que una de sus estrofas, la que dice hojas de papel volando, es una metáfora que hace referencia a las banderas que solían llevar casi todas las locomotoras de la época en el frente, y que a medida que avanzaban, ondeaban con el viento.

AMV

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