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Viernes , 21.09.2018 / 05:07 Hoy

A Cuentagotas

Cuando un cineasta sabe lo que quiere contar, es capaz de reducir su historia a una simple anécdota.

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Cuando un cineasta sabe lo que quiere contar, es capaz de reducir su historia a una simple anécdota que se caracteriza, sobre todo, por no seguir moldes dramáticos; para el autor, su película no está concebida como una narración que intenta satisfacer los criterios establecidos.

La asesina, de Hou Hsiao Hsien, tiene una encomienda: dominar al espectador con imágenes subyugantes, construir montajes que lo mantengan pensante durante toda la película y dejar caer, de vez en cuando, gotas de un conflicto mágico que se vislumbra entre velos que envuelven a los personajes en un mundo obnubilado en las montañas taiwanesas, que remiten a lo onírico.

No es un espectáculo a lo Spielberg, donde todo se da “peladito y en la boca”; sin embargo, hay un espectáculo que sorprende por su belleza, circunspección y templanza. La historia avanza a ritmo semilento, aunque la manera en que están resueltos los combates son de una agilidad que sorprende, como diciendo “toma tantito de esto” para que sigas pendiente del relato, que a veces se diluye en las impresionantes tomas de los interiores que muestran la sofisticada realeza del imperio en el siglo IX.

El conflicto apenas se desarrolla a cuentagotas, pero se sostiene con una narración rebuscada con los preceptos de la fábula: una monja odia las castas que detentan el poder, con malos designios logra —el autor no se preocupa en establecer cómo, porque no importa— convertirse en la tutora de Yinniang, una niña aristócrata a la que enseña a matar. Cuando crece, la joven se ha convertido en una amazona eximia en las artes marciales, en una máquina para asesinar; la monja la pone a prueba pidiéndole que extermine a su familia sin el menor remordimiento; después de varios intentos, la joven decide rebelarse y enfrentarse a la tutora.

Las secuencias de interiores muestran una puesta en imagen que semeja la estética más pura de la época, donde la cámara fija y en movimiento se convierte en un mosaico de intrigas y malas intenciones que van desde lo personal a lo social, imágenes en las que prevalece lo etéreo.

La asesina no es fácil de digerir: el autor hace avanzar el conflicto a través del diálogo o por medio de elipsis, y cabe señalar que lo hace muy bien, pues maneja los acontecimientos desde una perspectiva no usual para nosotros, que estamos acostumbrados a lo que dictan los cánones de los manualitos hollywoodenses.

Si va a ver la película, relájese, tómese un café y mantenga toda su atención.

La asesina (Taiwán, China, Hong Kong y Francia), dirigida por Hou Hsiao Hsien, con Shu Qi y Chang Chen.

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