Yusef Lateef, adios a un místico del jazz

El saxofonista estadunidense incorporó el oboe y varios instrumentos orientales y africanos a su innovadora propuesta.
En abril celebró en Brooklyn sus 75 años como artista con un concierto donde estrenó un cuarteto de cuerdas y una obra para piano. 
En abril celebró en Brooklyn sus 75 años como artista con un concierto donde estrenó un cuarteto de cuerdas y una obra para piano.  (Especial)

México

Alguna vez Yusef Lateef, músico de tendencia mística, dijo: “Cuando el alma deja el cuerpo únicamente debiera ver belleza en su camino. Estas son las imágenes que debemos mantener en nuestra mente a fin de movernos a un plano más alto”.

Lateef ha cambiado su residencia a un lugar más alto luego de su fallecimiento, el lunes 23 de diciembre, a los 93 años, en Shutesbury, Massachusetts. Figura emblemática del jazz, su natural curiosidad lo llevó a explorar otros terrenos. Se formó como saxofonista, pero luego adoptó la flauta y, más tarde, el oboe, instrumento poco frecuente en el género. También incorporó diversos tipos de flautas y abrazó culturas orientales y africanas en su propuesta.

En el New York Times, Peter Keepnews cita una entrevista  donde Lateef asegura que sus intentos “por experimentar con nuevos instrumentos nacieron de la monotonía de escuchar los mismos viejos sonidos tocados con los mismos viejos instrumentos. Cuando vi esas otras culturas, me di cuenta que ahí había buenos instrumentos”.

El saxofón fue un sueño largamente acariciado por el músico nacido en Chattanooga, Tennessee, el 9 de octubre de 1920, como le comentaría a Gigi Brooks en una entrevista para la radio de Florida: Desde los 12 años vio un instrumento que le gustaba, pero no podía pagarlo. Su padre le dijo que si ahorraba la mitad, él aportaría el resto. Seis años le llevó reunir los 40 dólares que costaba la mitad del saxofón, pero su padre cumplió su promesa y contribuyó a crear un gran músico.

Si Yusef adoptó el oboe fue a instancias de un maestro de secundaria, John Cabera, quien se lo sugirió, aunque se negó durante mucho tiempo. Nueve años después se compró un instrumento y estudió con un oboísta de la Sinfónica de Detroit. Otro maestro en Nueva York le dijo que Cabera le sugirió a Milt Jackson tocar el vibráfono y luego se convirtió en el vibrafonista más grande del mundo. La anécdota tuvo su efecto: incluyó en uno de sus discos el Tema de amor de Espartaco, tocado son oboe, que resultó un éxito.

La canción, recordaba, “se volvió una de las favoritas de mucha gente. He tenido comentarios como las del hombre que me dijo: ‘La noche en que mi esposa y yo escuchamos el Tema de amor de Espartaco nos casamos’. Esa fue una experiencia memorable, por supuesto, pero la idea del álbum en particular, que se llamaba Eastern Sounds, era tocar música de otras culturas”.

En los años sesenta fue una figura importante en la escena neoyorquina, donde tocó con las bandas de Charles Mingus, Donald Byrd y Cannonball Adderley, así como el percusionista nigeriano Babatunde Olatunji. A mediados de la década, al frente de sus propios grupos grabó para los sellos Impulse! y Atlantic y logró un buen éxito.

Pero su afinidad no estaba en el mainstream, así que lo mismo se dedicó a la enseñanza que a la composición de obras orquestales y de cámara, la poesía y la pintura, amén de fundar su propio sello discográfico, YAL. Vivió en Nigeria, donde se dedicó a estudiar e intercambiar enseñanzas con músicos locales y de otras naciones. También radicó en Europa, porque las oportunidades de tocar en Estados Unidos eran limitadas.

Trabajó prácticamente hasta sus últimos días. Keepnews reporta que en abril de este año se presentó en Brooklyn con un programa titulado Yusef Lateef: celebrando 75 años de música. Quienes tuvieron la fortuna de asistir pudieron escuchar el estreno de una obra para cuarteto de cuerdas y otra para piano, signo de creatividad de un músico que tenía 93 años.

LA MÚSICA A ESCALA ESPIRITUAL

-La espiritualidad llevó a Yusef Lateef a alejarse de los escenarios naturales del jazz, así como a escribir música más cercana a otras culturas o bien obras de concierto. Su alejamiento jazz lo explicó en una entrevista para el Boston Globe en 1999: “Se ha derramado mucha sangre, sudor y lágrimas al crear esta música para tocarla donde la gente está fumando, tomando y platicando”.

Cuando Gigi Brooks le sugirió que su sonido se conectaba con el lado espiritual del escucha, respondió que se trata de “un asunto muy serio. Espero, firmemente, convertirme en un conducto para tocar los corazones de la gente. Algunas personas pueden escuchar con sus corazones, no sólo con sus oídos. Existe una relación profundamente humana entre escuchar con el corazón y escuchar con los oídos. Si la providencia lo permite, puede suceder ese tipo de unión”.

Asegura que cuando vivía en Copenhague una vez fue a escuchar a Ben Webster y el efecto fue muy espiritual. “Tocó la canción de los Beatles “Yesterday”. La tocó y pasó por ella con un sentimiento tan profundo que muchas de las damas, como 90 por ciento, estaban llorando (…) Este tipo de sentimientos sinceros vienen dentro de un reservorio especial de un ser humano. Si se es elegido como conducto, se vuelve un transporte de este mensaje profundo”.