Yizus, can you hear me?

A veces uno tiene suerte en la vida, pero cuando estás a unos metros, sí, a unos doce metros de Pete Townshend sabes que eres un elegido.
The Who.
The Who. (Mario Anzuoni/Reuters)

México

Especial para la Agencia Johnston. “En el periodismo no hay dinero. Pero hay acción”, presume Hunter S. Thompson en La maldición de Lono. Fue la maldita acción la que nos llevó a San Diego para asistir al concierto de The Who. No sin cierto resquemor, cómo es posible que la banda no vaya a pisar México en su gira de despedida. Así es amigos, van a retirarse y no van a pasar por nuestro país. Pero ese es otro tema para los doctorados en periodismo. Nosotros nos arrastramos hasta la frontera el mismo día que Donald Trump vino a esta ciudad, entonces, mientras los disturbios pro y anti se desataban en las calles, mientras “nuestra gente” se peleaba por sus derechos en este país, nosotros nos inyectábamos una cantidad atroz de carbohidratos para tener energía para el concierto.

Minutos antes de partir, a la mejor usanza de los anales de la cultura Johnston, Lalo Johnston pretende guardar la renta, así es amigos, el tipo se fugó con la renta para quemársela en San Puerquisio, California, en el concer de The Who. Decía: quiere guardar un fajo de billetes en la caja fuerte. Pero no, no había tal caja. Era el horno de microondas. Donde además estaba programando la incineración de su pasaporte. Apenas entramos al Casino Valley los whiskeys dobles confabularon con una borrachera a la que no tendríamos acceso nunca. La adrenalina por ver a esta banda se interpuso con cualquier estado posible. A veces uno tiene suerte en la vida, pero cuando estás a unos metros, sí, a unos doce metros de Pete Townshend sabes que eres un elegido. Un elegido para oír en vivo “My Generation”. Y esa es ahora un argumento para esgrimir en todas las fiestas, como una carta de presentación. Yo escuché en vivo “My Generation” ¿y tú?

La noche reventó de highlights, pero tres resolvieron años y años de conflictos que no solucionamos en terapia: el jam en medio de “My Generation”, la interpretación íntegra de “The Rock” (toma eso San Diego), y el desparpajo psicodélico de “Sparks”, con el hombro atómico, eléctrico, futurista suspendido en la pantalla con una lluvia de estrellas a su alrededor. En dos horas vimos la historia de nuestras vidas transitar por un escenario. The Who nos hizo transitar de Tommy a Quadrophenia sin tapujos. Para demostrar que no, no están en esto por el dinero, como los Rolling Stones. Están para dejar claro que la Historia con mayúscula la escribieron ellos. O como diría el mismo Roger Daltrey sobre el escenario last night: la escribió este genio, este loco de las emociones y los sentimientos llamado Pete Townshend.