Marsalis: no venimos en nombre de una ideología

“Venimos a tocar jazz, una música que viene de la opresión; es muy abierta, muy real”, dice en entrevista el trompetista estadunidense.
El músico declara su empatía por México porque, dice, tiene muchas conexiones con Nueva Orleans.
El músico declara su empatía por México porque, dice, tiene muchas conexiones con Nueva Orleans. (Omar Franco)

México

En conferencia de prensa celebrada ayer en el Palacio de Bellas Artes, Wynton Marsalis no dudó en responder que, a pesar de la tensión política entre Venezuela y Estados Unidos, su visita al país sudamericano no es un gesto de buena voluntad. Se declaró admirador del Sistema Nacional de Orquestas Juveniles e Infantiles de Venezuela y dijo que la gira fue planeada antes de que surgieran las desavenencias.

Pareciera que el trompetista, que se presentará hoy y mañana en el Palacio de Bellas Artes, es una suerte de representante del gobierno estadunidense, tan grande es su poder como director del programa Jazz at Lincoln Center (JLC). Pero no suele hablar de política y, en entrevista, dice sobre la gira que lo trae a América Latina con la JLC Orchestra: "No venimos en nombre de una ideología: venimos a tocar jazz, una música que viene de la opresión. la música que viene de ese tipo de opresión es muy abierta, muy real".

Marsalis destaca los conciertos del JLC: "Es muy importante que los padres lleven a sus hijos a conciertos de música que sea más desafiante. Es importante que modelen el gusto de sus hijos, que hagan crecer su corazón a través de la inspiración".

Esta proviene de su padre, el pianista Ellis Marsalis. "Siempre andaba cerca de mi padre, así que siempre escuchaba música de jazz. Sin embargo, el primer concierto en el que recuerde haber estado fue uno de James Brown, cuando yo tenía seis años. No me hizo pensar en ser músico, sino en lo maravilloso que era bailar. Es el primer concierto que recuerdo. Y creo que me decidí a ser músico al ver a todos esos músicos que iban a mi casa a ver a mi padre".

¿Viste en concierto a Duke Ellington?

Tuve la oportunidad de verlo, pero no fui porque quería ver un juego de futbol americano o hacer algo... Pero luego pensaba: mi padre me hubiera obligado a ir. Entonces no conocía bien a Duke Ellington, salvo su nombre. Tendría yo unos 11 o 12 años. Es un chiste que a veces les digo a los padres: hagan que los hijos vayan a ver ciertas cosas, no importa si no quieren.

Hablaste sobre la sinfonía que tocarás en Venezuela, una historia del jazz desde el ragtime al avant garde, palabra con la que no has estado a gusto...

No me sentía incómodo con la palabra, solo decía que estas formas que llaman avant garde no son las más innovadoras del jazz y tienen más cosas en común con el avant garde europeo. Y todavía creo eso. Pero también considero que es una forma de nuestra música —nunca dije que no lo fuera—. No puedes contar la historia de la música y dejar eso fuera.

¿Has pensado en qué sucederá cuando tengas que dejar la orquesta JLC?

Si soy exitoso, si somos exitosos, es porque nuestra banda está formada por grandes músicos que saben enseñar y entonces habrá muchos músicos más. Si no somos exitosos, no los habrá. Mi meta es asegurarnos de que haya músicos serios, con integridad, que crean en esta forma de arte, que estén dispuestos a sacrificarse para lo que se necesite. Creo que hay este tipo de músicos en todo el mundo, gente que está interesada en el arte. Soy un vocero de esta música, pero hay otros que están haciendo un gran trabajo, que necesitan y merecen ser escuchados. Los veo todos los días.

Rubén Blades se presentó en el programa JLC, ¿cómo fue esa experiencia?

Me encanta Blades, es muy conmovedor: llega y saluda a todos los integrantes de la banda y cuenta historias sobre la música, trae el espíritu y la conciencia al encuentro. Tengo una gran deuda de amor y respeto por él, por el profesionalismo con el que se presenta y en el nivel más alto de excelencia.

¿Cómo se siente en México?

Soy de Nueva Orleans y me siento en casa. Hay muchas conexiones, no importa si no han sido siempre agradables. En Nueva Orleans no todos se gustaban. Había españoles, franceses, africanos, criollos, pero era una sola cosa: después de todas las peleas, integraban una población. Eso lo experimentamos en nuestros hogares. A veces te involucras en las peleas más candentes con tu familia, pero es tu familia. Y así me siento cuando vengo acá. Para nosotros es muy importante estar en esta gira: realmente venimos a tocar al máximo para justificar la fraternidad que nuestra música representa, para tocar a la gente, conmoverla y hacerla sentir mucho mejor.