Dos ausentes de Tónica en la ruta del jazz

Abren una ventana a la escena tapatía que por décadas se ha alimentado de la pasión y el talento que destilan músicos amantes de la síncopa en bares, a falta de un foro oficial.
En más de alguna ocasión, Zavala y Braux han recreado alguna pieza juntos
En más de alguna ocasión, Zavala y Braux han recreado alguna pieza juntos (Alejandro Acosta)

Guadalajara

“El jazz sólo lo comprende quien lo vive ”

 

El nombre de Willy Zavala en la escena musical tapatía es sinónimo de jazz, ese género que por generaciones ha inspirado sinnúmero de creativos: libros, películas o pinturas, pero sobre todo a jóvenes músicos todo un estilo de vida. Desde hace poco más de diez años, Zavala quien recibió una formación clásica en el Departamento de Música de la Universidad de Guadalajara, extrae de su piano lo mismo la calma atmósfera de My foolish heart, de Billy Evans, que el frenético beat que utilizará para su próxima composición, una trayectoria que ha enriquecido con la producción y la gestión musical.

 

“En este momento estoy tocando en el Café André Bretón, pero mis planes han cambiado ya. Creo que más de diez años de tocar en bares es suficiente. Además cada vez son más pocos los que tienen una programación

digna y continua, allí incluiría también al Primer Piso y de El Coltrane. Con Vanessa Pérez, mi mujer y cantante, fundé Just Colective Organization, un colectivo de cerca de 15 integrantes, queremos apoyar a músicos locales y realizar intercambios con músicos extranjeros”, explica Zavala, quien especifica que esta asociación contempla también una parte formativa del jazz “ya que en Guadalajara es nula, a menos de que la obtengas a través de clases particulares con jazzistas de más experiencia”.

 

The Freaks Jazz Club, es el proyecto musical comandado por la pareja Zavala Pérez que apuesta por lo que se conoce jazz contemporáneo, “una propuesta que integra diversas fusiones e incluso algunos guiños con el ruido y pasajes que se podrían considerar más de música experimental contemporánea” comenta el músico quien ve este suceso como una síntesis de su trayectoria luego de transitar por varias corrientes del género.

 

“Porque al final de cuentas eres lo que tocas y es importante con quién tocas”, señala Willy mientras ríe y menciona a cada uno de los colegas con los que ha compartido este viaje musical sin evitar un gesto de satisfacción como cuando se recuerda a los grandes amigos: “Carlos de la Torre, pianista ya fallecido, así como Guillermo Olivera y Edmundo Pérez, baterista y bajista, los tres integrantes de Vía Libre (1990), Felipe Espinoza Tanaka, toda una institución de las percusiones por décadas; el pianista Nery Gómez y bajista

José Luis Muñoz, El pichón”.

 

Para Zavala el jazz en Guadalajara ha sido, es y seguirá siendo “un refugio musical que sólo puede ser comprendido por quien lo vive”, de manera que la continuidad del género está en quienes lo crean y quienes lo escuchan. Considera que el panorama puede cambiar en la medida en que “podamos integrarnos sin exclusiones. Pienso en los músicos más veteranos, no habría mejor reconocimiento a su trayectoria que el brindarles un espacio para que tocaran, que su obra se promoviera y se les brindara la oportunidad de

compartir lo que saben. Las instituciones y gestores interesados en el género deberían ser sensibles al talento local, que me parece no es poco”, dice el músico.

 

“He trabajado con casi todos”

 

“Hace falta mucho, hay que fomentar más la composición, aquí la gente debe encontrar la manera de escribir

música para que suene a Guadalajara y no seguir tocando los temas de siempre. No sé por qué la gente no escribe algo propio teniendo tanto folclor como la jarana, y pues que en lugar de usar décimas que se improvise

con el instrumento, retomar el danzón o los sones”, afirma la jazzista Nathalie Braux, que llegó desde Francia a esta ciudad hace 20 años. En ese entonces, 1994, sólo se escuchaba en el mítico bar Copenhaguen, considerado la Meca del jazz en Guadalajara y que abrió sus puertas en 1977. Es ahí donde conoce a Carlos de la Torre, precursor del género y a quien entre sus pares se hablan con reverencia.

 

“En épocas recientes para escuchar jazz joven tenías que ir al Haus der Kunts”, de Helmut Köhl, quien en el año 2008 decidió cerrar el centro cultural “que permitió el crecimiento de gente como Tom Kesler (Guadalajara, 1983), y grupos como Radaid, La Tirlanga que aunque no son jazzistas se formaron ahí. En el 2007 el Primer Piso toma el relevo” de los espacios dedicados al jazz de forma exclusiva. Con el paso de los años la presencia de Natalie Braux en Guadalajara se fue multiplicando en cada recital, al punto de colaborar con algunos de los músicos más importantes: “He trabajado con casi todo el mundo, con Beto Rivera (pianista) he trabajado mucho, con José Luis Muñoz “El Pichón” (bajista activo en la escena desde los años setenta), con Cristhian de Troker, con Lalo Melgar (guitarrista), con Diego Escobar, finalmente hemos tocado todos con todos porque la escena y el circuito es reducido.”

 

“Hay mucha gente que quiere escuchar música en vivo, hay gente que se arriesga y que le gusta escuchar jazz. El año pasado estuve en el Festival Tónica frente dos mil personas que decidieron pagar un boleto para asistir a un espectáculo de música. También estuve en noviembre en un Teatro Degollado lleno, Beto Rivera estuvo con una Big Band y yo con un cuarteto, es decir, hay gente sabe de jazz y todo esto va fomentando, de a poco pero lo hace, un público mayor.”

 

El tiempo no ha hecho mella en las ganas de seguir en la música, tanto que los planes futuros bastarían para colmar los años venideros: “Sigo con Sherele, que es un grupo de música klezmer que tiene un toque de jazz; también estoy reactivando mi grupo Nathalie Braux Jazz Project donde son mis composiciones; y a veces toco música improvisada con Héctor Aguilar y con Diego Martínez. Además de que sigo componiendo para teatro, danza y cine.”