Wenses y Lala + un recorrido

Acompañado por otra actriz potentísima que es Teté Espinoza, en Wenses y Lala Vázquez nos introduce en un mundo rural que contiene historias brutales al tiempo que entrañables.
Historia sencilla que toca el corazón.
Historia sencilla que toca el corazón. (Especial)

México

Wenses y Lala es la nueva obra de Adrián Vázquez que, como es su costumbre, actúa y dirige. Costumbre que no cualquiera puede afrontar y salir triunfante: suele suceder lo contrario, de hecho. Pero el caso de Adrián es la excepción a la regla pues la disciplina que imprime a sus proyectos y el entrenamiento lo son todo. Incluso no resulta extraño que, como producto del arduo trabajo, cuente con tres obras en cartelera: dos en la Sala Xavier Villaurrutia del INBA (El hijo de mi padre los lunes y Algo de un tal Shakespeare los martes), y Wenses y Lala en el Teatro La Capilla los miércoles. Yo invitaría al lector a hacer el recorrido de las tres obras, tan distintas entre sí en términos de historias contadas, pero tan cercanas en procedimientos escénicos y en economía de recursos. Quizá la segunda está en otra clave pero trata de acercar al bardo inglés a los jóvenes de una manera que arranca carcajadas inmisericordemente y que, sin duda, puede verse como una versión mexicanísima de la gringada Las obras completas de William Shakespeare, abreviadas, pero mejor. Compartiendo escena con la espléndida actriz Sara Pinet, Adrián nos da una rápida e inteligente visión de la producción del autor inglés sin pretender abarcarla.

Acompañado por otra actriz potentísima que es Teté Espinoza, en Wenses y Lala Vázquez nos introduce en un mundo rural que contiene historias brutales al tiempo que entrañables. Los personajes que dan nombre a la pieza han cultivado un amor desde la infancia con caracteres que parecen las dos caras de una misma moneda. Esta historia de amor se cuenta como el recorrido de una vida con su sal-pimienta. Sentados en una banca, vestidos con sus mejores galas —que imprimen una dignidad enternecedora—, Lala advierte a los espectadores que están muertos para que después no se sorprendan y no anden con lloriqueos cuando lleguen al punto del relato en que se consignan sus decesos. Ella dicharachera, él tímido y lacónico, narran ese pasado que los une. Pero esta historia que se cuenta en tiempo pasado y parecería difícil de sostener en el aquí y ahora escénico, se articula a través de los desencuentros que Wenses y Lala tienen respecto a su propia historia en el presente de su estar muertos, por un lado; y por otro, a través de flashbacks breves. Así, desde una proposición minimalista, conviven lo narrativo y lo dramático de una manera bastante armoniosa. Es una historia sencilla, breve, que toca el corazón del espectador, que lo estruja, lo arropa y lo arrulla. Perdérsela, al igual que las otras dos obras, es imperdonable.

 

Teatro La Capilla, Madrid 12, colonia Del Carmen, Coyoacán. Miércoles, 20:00.