Voladores de Papantla, presencia indígena en Cumbre Tajín

La esencia del ritual no ha muerto; se regenera con elementos que nos permitan seguir con esta tradición, dice Víctor García Castaño.
Además de los voladores, habrá muestra gastronómica, artesanías, talleres, danzas de diversas comunidades y otras actividades.
Además de los voladores, habrá muestra gastronómica, artesanías, talleres, danzas de diversas comunidades y otras actividades. (Xavier Quirarte)

México

A pesar de que llama la atención de los medios por los populares grupos musicales que ahí participan, Cumbre Tajín difunde programas de cultura indígena en el Parque Takilhsukut de Papantla, Veracruz. Se realizan varias actividades relacionadas con tradiciones ancestrales, pero lo que más llama la atención es la ceremonia de los Voladores de Papantla.

Nacido en ese pueblo veracruzano, Víctor García Castaño, maestro de la Escuela de Niños Voladores, comenta que en su comunidad destacan, además de los Voladores de Papantla, las danzas, la comida, las artesanías y muchas otras cosas. Desde niño se sintió atraído por la ceremonia de los voladores, antes de que el ritual fuera declarado Patrimonio Cultural de la Humanidad.

Víctor dice en entrevista con MILENIO que le llamaba la atención "el mundo de fantasía y magia" que rodea la ceremonia: "Hay una leyenda que dice que en algún lugar del Totonacapan se realizaba esta ceremonia, pero un día el equipo de voladores se desprendió cuando efectuaban el vuelo y se perdieron en los cielos. Regresaron a los cuatro días, pero al no encontrar el palo para descender —pues los abuelos habían decidido derribarlo—, se regresaron al cielo. Entonces quedó el misterio de qué hubiera pasado si estos voladores hubieran retornado a la tierra".

Las imágenes le llamaron mucho la atención, además de que su abuelo, Maurilio Castaño, le enseñó los primeros pasos en la ceremonia a la que ha dedicado 14 años. "Para mí es muy grato formar parte de esta tradición y seguir preservándola. Jamás se olvida el primer vuelo que, en mi caso, fue a los 12 años. Fue mucha emoción, mucha adrenalina, pero todo salió bien gracias a mis maestros. Tocando tierra, dije: 'Quiero volver a hacerlo'. Y hasta la fecha lo sigo realizando".

La ceremonia implica muchas etapas, explica el joven volador egresado de la carrera de Pedagogía. "Primero, hay que ofrendar algo del campo en un altar y pedir permiso en totonaco para hacer el ritual. Nos dirigimos al palo con el Son de la caminata y, una vez allí, realizamos el Son de la imploración para poder subir a los cielos purificados. Cuando el caporal toca la flauta y el tambor, nos estamos comunicando con las deidades a través de la música, en este caso la deidad suprema, que es el Sol. Al terminar bajamos con esas bendiciones para la comunidad, para que haya fertilidad, paz y equilibrio en el mundo".

Para transmitir estos conocimientos se cuenta con una Escuela de Niños Voladores, a la que asisten alrededor de 40 alumnos de
diferentes comunidades. Víctor comenta que muchos de estos niños participarán en las ceremonias de Cumbre Tajín y "verán realizar su sueño de volar como profesionales. Ya que han cumplido un proceso de formación, los más destacados realizarán el vuelo, lo mismo que voladores de otros estados con los que vamos a convivir y a compartir el arte del vuelo".

La ceremonia ritual ancestral ha tenido modificaciones, pero ha mantenido su esencia, asegura el joven volador. "Por ejemplo, hoy podemos ver un traje con flores de colores en papel o listones de plástico, lo que es una evolución, pero el ritual es el mismo. Su esencia es compartida a través de diferentes generaciones. A veces, cuando nos presentamos fuera de nuestro entorno se contempla como si fuera una comercialización de nuestros actos ceremoniales, pero incluso cuando no estamos en un país que no es el nuestro, nosotros lo hacemos como si estuviéramos en nuestro lugar, en nuestro pueblo, con la misma emoción, concentración y devoción".

La esencia del ritual de los Voladores de Papantla no ha muerto, indica el entrevistado: "Se sigue regenerando con elementos que nos permitan seguir con esta tradición. Por ejemplo, hay ocasiones en que nos presentamos en otros lugares donde no cuentan con un palo adecuado, y entonces tenemos que utilizar un tubo, cuyo diseño nosotros les proporcionamos. En otros lugares utilizan el pino. Nosotros tenemos un vivero especial donde contamos con mil 600 plantas de zacatquihui, con la que se hace el palo, además de que se cultivan otras plantas para la ceremonia".

Proyecto de museo

El Centro de Artes Indígenas de Cumbre Tajín, que funciona todo el año y no únicamente durante el festival, es, en palabras de Víctor García Castaño, "una escuela totonaca, una escuela de la vida. A lo largo del año está abierto y vienen maestros de diversas comunidades para enseñar. Cumbre Tajín es el momento para compartir, para celebrar y, sobre todo, para intercambiar experiencias. Estas incluirán, del 20 al 24 de marzo, danzas, visitas a sitios sagrados, rituales, representaciones culturales de civilizaciones indígenas de otros países, conciertos de música tradicional de varias naciones, talleres, obras de teatro, terapias, sanaciones y otras actividades".

La cultura totonaca se relaciona con otras comunidades del país, pero también con el extranjero, dice García Castaño. "Hemos tenido la oportunidad de compartir proyectos de trabajo en cuestión de museos con el Instituto Smithsoniano de Washington. Así nació el proyecto para crear un museo propio del Totonacapan. En eso estamos trabajando con el Smithsonian, que nos ha venido a dar cátedras en la materia, pero ellos mismos dicen que han aprendido de lo que nosotros hacemos. El proyecto incluye también el que viajemos a Washington para asistir a un taller de museografía".