“Vivir cuesta trabajo”: Elena Poniatowska

"Soy una persona con buena estrella, con muchas oportunidades, que ha recibido mucho cariño; críticas también, pero más cariño", dice la escritora.
Rafael Tovar y de Teresa, la galardonada, María Cristina García Cepeda y Juan Villoro durante la ceremonia.
Rafael Tovar y de Teresa, la galardonada, María Cristina García Cepeda y Juan Villoro durante la ceremonia. (Mónica González)

México

Elena Poniatowska conoció desde hace muchos años lo que fue la vida y la obra de Octavio Paz, al grado de que resulta muy complicado tratar de entender lo que buscó a lo largo de su existencia. Durante décadas se convirtió en un espacio de comprensión, aunque de una manera un tanto desordenada.

"Olvido muchas cosas, soy desordenada, pierdo números de teléfono y todo me cuesta mucho trabajo porque no tengo una formación académica, y eso lo he tenido que suplir con más trabajo. Hasta ahora, si vienen y me dan la mano tengo las manos frías, hasta me cuesta trabajo estar con ustedes; vivir cuesta trabajo, no es fácil", destacó la cronista, quien anoche fue galardonada con la medalla Bellas Artes, otorgada por el Instituto Nacional de Bellas Artes (INBA).

"No entiendo cómo alguien pueda vivir sin cultura; yo veo cultura por todas partes: la veo en las caricaturas, en los mariachis, en las vedettes, la veo todos los días. Sin cultura, sin referencias de libros, sin referencia de palabras, sin intercambios, difícilmente aceptaríamos que la vida es vivible", expresó la escritora en una entrevista con el Consejo Nacional parta la Cultura y las Artes (Conaculta).

De acuerdo con la autora de Todo empezó el domingo, Sansimonsi y El universo o nada. Biografía del estrellero Guillermo Haro, lo único que hace en su vida es escribir, pero no tiene una fórmula de creación: "Lo que escribo va llegando y lo rehago; al igual que Carlos Monsiváis y José Emilio Pacheco, reescribo y reescribo. Ellos reescribían incluso en las galeras, en las últimas páginas; uno quisiera estar reescribiendo toda la vida para que quede muy bien".

Desde su perspectiva, no es un doble trabajo porque no tuvo una formación académica, ni siente miedo por suplir todo con más trabajo, sino suplir todo con la perspectiva de que todo se sustenta con más trabajo, porque al final todo proviene de una formación académica.

Sobre su proceso creativo reveló, sin embargo, que siempre le ha fascinado oír a gente que no se parece a ella, pero que sabe que le va a decir lo que podría decirse a sí misma.

"Esa gente que no se me parece la encuentro en la calle, en las fondas, en las manifestaciones, y como soy chaparrita eso me ha facilitado la amistad de las personas, porque no me ven agresiva; basta con que les diga 'oiga, ¿cómo le fue hoy?, ¿está usted casada?, ¿tiene novio?, ¿cuándo se enamoró?', porque entonces se viene una avalancha de recuerdos, propuestas, confesión, un grito de desolación, tristeza, y todo eso lo recojo".

Desde la perspectiva de la escritora, resulta un enorme gusto recibir la distinción, porque el Palacio de Bellas Artes "es el lugar al que fui desde niña a ver muchos conciertos, obras teatrales, exposiciones y murales. Es un honor. Me da gusto pasar a formar parte de otros premiados como Luis Nishizawa, a quien admiro y quiero (...) Representa una ilusión enorme que un sitio al que yo iba con tanto gusto e ilusión, al que fui con mi mamá de niña, me dé un premio".

"Ya en otras ocasiones he expresado que no necesito hacer una autobiografía, porque en cada uno de mis libros está algo mío: he escrito sobre mujeres, sobre Tina Modotti, sobre Leonora Carrington —con quien me identifiqué muchísimo porque es una pintora inglesa, y aunque era un poquito mayor que yo, sentí mucha afinidad con ella y mucho amor—. No sentía nada de cariño por Tina Modotti; mi mamá la odiaba cordialmente, pero a medida que fui investigando con los viejos comunistas de México y España, y cuando fui viendo su entrega en la creatividad y la fotografía, ya la quise".

Al final se considera una mujer afortunada no solo por lo que ha sucedido en su vida, sino porque "vive en un país que ama profundamente. Guillermo Haro decía que era un astrónomo con muy buena estrella; también yo soy una persona con buena estrella, con muchas oportunidades, que ha recibido mucho cariño; críticas también, pero más cariño".

Una vida de lectura

Antes de recibir la medalla Bellas Artes, la escritora Elena Poniatowska se propuso hacer una reflexión sobre lo que había sido su vida más allá de los reconocimientos; de ahí que, más allá de convertirse en algo cotidiano, prefirió ser un misterio que no se sepa: "Mi abuela le decía a mi mamá: sé misteriosa. Así que no, prefiero que no me conozcan; no puedo recomendar ningún libro mío, salvo en el que estoy trabajando".

"Es muy difícil que me ponga a hablar de mí misma, pues uno se echa muchas flores o mucha crema a sus tacos, y yo ni siquiera he sido materia de psicoanálisis. Me gusta el trabajo de José Joaquín Blanco, Jaime Avilés y Fabrizio Mejía Madrid; hay tantísimos que nos reflejan y que nos cuentan a nosotros mismos, hay gente que sí es muy capaz en nuestro país", resaltó la cronista, quien el próximo 23 de abril recibirá el premio Cervantes, considerado el Nobel en letras españolas.