Visitar un museo sin morir en el intento

Para que no sufra al visitar grandes exposiciones de arte, le proponemos esta breve guía que le permitirá sortear los inconvenientes del recorrido.
Museo Arocena.
Museo Arocena. (Especial)

México

¿Siente usted que cada vez que va a un museo a intentar contemplar aquella exposición de la que tanto se habla, en vez de tener una experiencia enriquecedora y educativa termina hastiado?

¿Considera que, por más que intenta entender alguna pieza, solo termina con dolor de cabeza? ¿Le enfurece que los demás espectadores únicamente vayan a tomarse selfies? ¿Está harto de escuchar a “conocedores” que intentan hacer interpretaciones metafísico-deconstructivas de hasta un bodegón con frutas?

De contestar si a cualquiera de estas preguntas, debemos informarle que la forma en que realiza su visita es incorrecta.

Pero ¡no sufra más! MILENIO le trae a continuación una guía alternativa basada en el libro Cómo visitar un museo de arte (Gustavo Gili, 2016), del promotor cultural holandés Johan Idema, con la que podrá evitar que la excursión de fin semana en la que pensaba visitar las esculturas reflejantes de Anish Kapoor pase de ser una odisea abrumadora a una verdadera experiencia estética.

Open mind

Para poder apreciar una obra no es necesario contar con un intricado bagaje cultural, ni mucho menos aparentarlo: deje de preocuparse por la erudición que aquellos junto a usted pretendan mostrar al comentar aquella instalación compuesta por montículos de tierra, luces de neón y una torta a medio comer que tanto le intriga. Le aseguramos que, al igual que usted, quizá no tienen ni la menor idea sobre lo que está frente a ellos. Simplemente mantenga la mente abierta ante lo que una pieza pueda provocarle cuando la contemple: placer visual, disgusto e incomodidad, o reflexiones y recuerdos.

No se canse

Para evitar la fatiga mental resultante de las emociones, o falta de ellas, que pueden generar la obras en su psique, así como la física reflejada en el dolor de piernas por caminar tan despacio y estar inmóvil mucho tiempo, la solución es sencilla: muévase constantemente, y tras contemplar un determinado número de obras descanse, siéntese por un momento, reflexione y digiera lo que acaba de ver. Y en caso de que donde esté no haya bancas, lleve con usted una silla plegable y persuada al guardia de que se está recuperando de una hernia.

Selfies

Es normal que la gente, tras ver alguna pieza, se retrate frente a ella; que se tome una selfie, pues. Si a usted le molesta esta actitud, quizá no sea fan de los retratos, y qué mal porque éste es un género rico y significativo dentro de las artes visuales: muchos artistas lo han abordado y no son solamente la reproducción literal de alguien sino que en ellos se muestra el carácter y la personalidad del retratado; además, son más un retrato del artista —de su estilo, de sus inquietudes y su discurso— que del modelo. Y también le permiten ver a alguien fijamente en el rostro sin que ello se vuelva incómodo. Así que la próxima vez que vea algún cuadro de su agrado retrátese con él, solo le suplicamos que evite las duckface.

La jerga del arte

Es probable que para saber qué le deparará una exposición se detenga a leer el texto curatorial al inicio de la sala. Pero ¡oh sorpresa! En vez de que éste le explique por qué alguien se dedicó a tomarle fotos a perritos disfrazados de superhéroe, se encuentra con esto: “En su obra, el maestro hace un retrato de las multivocalidades de los inermes esclavos del hombre hipercapitalista, al mismo tiempo que deconstruye la puerilidad e inquiere en los hipertextos de las idolatrías que rigen la sociedad alienada del posconsumo”. Usted, querido lector, acaba de ser víctima de la “jerga del arte”. Realmente no existe una cura para ella, simplemente cuando la detecte ignore las frases vacías y redundantes. Eso le salvará de irritarse y arruinar su visita. 

Guías

Es posible que alguna vez se tope con los guías del museo. Pensará que no tiene caso unirse a su recorrido pues eso le impedirá disfrutar de las obras, además de que instantáneamente se sentirá abrumado por la excesiva cantidad de datos de trivia memorizados que le recitarán en todo momento. ¡Qué equivocado está! La mayoría, aunque no lo crea, están sumamente preparados y son capaces de responder a cualquiera de sus dudas; simplemente no tenga miedo de participar, en particular de hacer las preguntas “tontas” que nadie se atreve a formular. Tenga seguro que los demás se lo agradecerán.

¡Háblele!

Los museos no son precisamente animados salones donde se pueda entablar con entusiasmo una conversación de arte, y mucho menos con los otros visitantes, pues es probable que si intenta hacerle la plática a alguien este lo mire con desdén y se aleje lentamente. ¡Que eso no lo detenga! Intente entrar en contacto con otros amantes del arte como usted, hágalo dos, cinco o las veces necesarias, en algún momento dará con alguien que guste de una buena charla y cuyo sentido del humor, ideas y conocimientos enriquezcan la forma en que puede comprender y disfrutar una obra.